CARLOS LUQUE COLOMBRES

Para la

Historia de Córdoba

MONOGRAFÍAS, ARTICULOS Y OTROS ESCRITOS

1971 CoLección “ALMA DE CORDOBA” - N? 7 BIFFIGNANDI EDICIONES

25 os Mayo 424 - CÓRDOBA - REPÚBLICA ARGENTINA

Impreso en la Argentina

Queda hecho el depósito que fija la Ley 11.723

Presentación

En vísperas del cuarto centenario de la fundación de nuestra Ciudad, hemos considerado oportuno adherir a los actos conme- morativos que se proyectan, reeditando algunos de los libros, fo- lletos, artículos y notas del doctor Carlos Luque Colombres, relacionados con la historia de Córdoba, los cuales vieron la luz a través de tres décadas de ininterrumpida labor.

Con tal objeto se eligieron aquellos estudios de mayor inte- rés, ya por la índole de los temas, ya porque esclarecen puntos oscuros o confusos, ora porque resuelven complejos problemas, ora porque ilustran acerca de pormenores que eran desconocidos.

La mayor parte de estas publicaciones se encuentran agota- das, si no ocultas en revistas especializadas de limitada circula- ción. De ahí que su reedición en un solo corpus facilitará su consulta y, para muchos, algunos de los capítulos constituirán, en cierto modo, una novedad bibliográfica.

El material seleccionado ha sido distribuido en tres partes: la primera se refiere a investigaciones sobre Córdoba como enti- dad urbana; la segunda reune temas especificamente vinculados a la vida cultural; y la tercera, compila biografías o genealogías que constituyen capítulos de la historia cordobesa, en particular, y argentina, en general.

En este volumen se incluyen las dos primeras partes. El volumen segundo comprenderá la tercera.

Los EDITORES

PRIMERA PARTE

TEMAS DE HISTORIA URBANA

El Fuerte de Córdoba *

* Publicado on Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Año 1, n? 2, Córdoba, 1949, pág. 191.

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Desde la fundación de la ciudad —6 de julio de 1573—, hasta el repar- timiento definitivo de solares efectuado por el teniente general de la Go- bernación, don Lorenzo Suárez de Figueroa —11 de julio de 1577—, la vida urbana de Córdoba de la Nueva Andalucía tuvo por escenario el amurallado recinto de un fuerte.

Afortunadamente ha llegado hasta nosotros un diseño, aunque tosco, de ese monumento, dibujado por la torpe mano del pendolista que repro- dujo su plano al margen del título de escribano extendido por el Funda- dor a favor de Alonso Gómez de la Cámara, el 17 de octubre de 1573, expresando: “Os doy por señal e ordeno que pongáis en las escrituras e autos que ante vos pasaren, en lugar de signo, el modelo del fuerte que hice para defensa del real ejército de Su Majestad, que a ella truje y gente de guerra” (1),

Allí figuran demarcadas, en efecto, las divisiones correspondientes a las viviendas de los pobladores, la ubicación de los baluartes o cubos con la respectiva orientación de los cañones, y el lugar destinado para plaza, donde se advierte un círculo pequeño que, verosímilmente, repre- sentaría un pozo de agua o aljibe.

De la lectura del texto antes transcripto podría, tal vez, inferirse que el fuerte sólo alojaba a los soldados y no a la población civil; pero hay que tener en cuenta que en esos primeros años el elemento humano de- signado con ambos términos no admitía esa clasificación ni diferenciación. Muy elocuentes en este sentido son los datos contenidos en el juicio suce- sorio de Blas de Rosales, iniciado el 26 de marzo de 1574, como que en el inventario de sus bienes se enumeran entre otros, “las casas en que vivía en el fuerte de esta ciudad”, donde residía también su hija Ana con su familia y otras mujeres que posaban en calidad de huéspedes. Consta,

(1) Archivo Municipal de Córdoba, Actas del Cabildo (MS) libro 1, f. 25.

4 CArLOS Luque COLOMBRES

asimismo, que el remate de los inmuebles dejados por el susodicho, se pregonó “en la plaza pública del fuerte” (2).

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E del documento que reproduce el plano del Fuerte de Córdoba, e como signo notarial al escribano Alonso Gómez de la Cámara.

Referencias circunstanciales de documentos posteriores, aluden con- cretamente al punto. En carta del 17 de octubre de 1576, dirigida a la Real Audiencia de la Plata, hacían presente los cabildantes el desamparo

en que queda este pueblo a causa de sacar el gobierno, y tener consigo, parte de los vecinos de él para ir a poblar y conquistar a otras partes, y otros vecinos estarse en Santiago del Estero sin mandarles vengan a sus- tentar sus vecindades, y nos deja metidos en un fuerte, con tanta necesi- dad y riesgo que no somos parte para salir a hacer nuestras sementeras ni a conquistar los indios, donde a tres años y medio que estamos sin podernos poblar en el asiento que tenemos señalado para ciudad...” (3).

(2DA A de Córdoba, Sección Tribunales, Exp., Escr. 1?, leg. 1, exp- 9

(3) Archivo Municipal de Córdoba, Córdoba, 1881, tomo 1, pág. 249.

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EL Fuerte DE CÓRDOBA 5

Ya en el Cabildo del 19 de febrero de ese año, Tristán de Tejeda había señalado el peligro de un posible ataque de los naturales, “si acaso vinie- ren sobre este fuerte”, donde quedaban “muchas mujeres y niños” (4).

En 1591, Gonzalo de Peralta, al declarar como testigo en un litigio, manifestará incidentalmente: “...después que se mudaron del fuerte a esta ciudad los vecinos y la dicha Ana de Rosales...” (5); y Alvaro de Mercado, al vender una chacra en 1607, señalará su ubicación en “el río abajo junto al fuerte que se pobló antes de la fundación desta ciu- dad...” (6).

Otros muchos pasajes documentales corroboran nuestra tesis de que el fuerte constituyó la única entidad urbana, la residencia permanente de todos los pobladores, es decir, la ciudad misma; pero podríamos clausu- rar la prueba cediendo la palabra a don Alonso de la Cámara, que depuso en la información de servicios del citado Tejeda, promovida por su hijo Hernando en 1614: “... por el año setenta y tres... este testigo y el dicho capitán Tristán de Tejeda, como descubridores, vinieron con el dicho Gobernador Cabrera y llegados que fueron a este sitio, como media legua desta ciudad, hicieron un fuerte, en el cual pasaron muchos traba- jos de hambre, desnudez y riesgo de las vidas, e iban conquistando la provincia, donde al cabo de cuatro años poco más o menos, poblaron la dicha ciudad de Córdoba donde al presente reside este testigo...” (7).

Si nos hemos detenido en esta demostración, ello obedece al hecho de que los historiadores que se han ocupado de la fundación de Córdoba, aluden a una ciudad primera, edificada en torno del fuerte o anexa a éste, como si el “rollo e picota” plantado por Cabrera en el lugar de- marcado para plaza, hubiese significado el comienzo de la misma, efectiva y materialmente. Pero los párrafos que hemos transcripto y otros docu- mentos concordantes, evidencian que sólo el fuerte existió, hasta 1577.

Así se explica que el teniente de gobernador Suárez de Figueroa se adjudicara para sí, el 9 de febrero de 1575, “un ancón de tierras donde

(4) 1bid., pág. 265

(5) Archivo Histórico de Córdoba, Sección Tribunales, Exp., Escr. 1%, leg. 3, exp. 2.

(6) Ibid., Prot. Escr. 1%, leg 19, f 126.

(7) RoverTo LeviLLisr, Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán, tomo Il, Var- sovia, 1930, pág. 362.

6 CarLos Luque COLOMBRES

está el fuerte desta dicha ciudad, el cual dicho ancón estaba señalado para la dicha ciudad y el gobernador don Jerónimo, que en gloria sea, pasó el sitio para la dicha ciudad a do agora está señalado...” (8),

Como vemos, sólo se hace referencia al fuerte, y al destino que, se- gún los proyectos y actos formales del Fundador, pensó darse a los terre- nos próximos, sin alusión a establecimiento urbano alguno; y esto ocurría más de dos años antes de que los vecinos se trasladaran al lugar definitivo designado por Cabrera.

Para la fecha mencionada, sólo el rollo, semioculto por la maleza, se levantaba “en la plaza do se le señaló primero el asiento desta dicha ciudad, que es cabe este fuerte” (9). Allí había sido plantado el día de la fundación, y en sus inmediaciones se conservaría aún la tosca cruz de madera indicadora del solar destinado para Iglesia Mayor, porque la lógica de los hechos nos conduce a ubicar el rancho destinado al culto, en el interior del perímetro amurallado, junto a las viviendas de los pobladores.

Ante su humilde altar ofició el licenciado Francisco Pérez de He- rrera, primer cura y vicario de la ciudad, quien permaneció con esta grey muy pocos meses, pues “dejó a los españoles en la fuerza de la conquista y trabajos de ella y estuvieron cuasi un año y más tiempo sin sacerdote”, según declaraba el capitán Juan de Molina Navarrete en una información judicial promovida en 1600 por fray Baltasar Navarro, custodio del con- vento franciscano. Este lapso de desamparo espiritual es reducido a ocho meses por el testigo Juan de Ludueña, “hasta que vino el padre Juan de Rivadeneira, guardián del Señor San Francisco” y otros frailes de la Orden; y agrega el deponente que “estando los conquistadores recogidos en un fuerte, los dichos religiosos hicieron un rancho (1575) en el sitio en donde agora está poblada esta Ciudad y con sus santas amonestaciones y asistencia, persuadieron a los vecinos perseverasen en la funda- ción...” (10),

(8) Pasto Cabrera, Córdoba de la Nueva Andalucía, Córdoba, 1933, pág. 144.

(9) Archivo Municipal de Córdoba, tomo 1, pág. 50.

(10) Párrafos de la Información, transcriptos por Fray ABRAHAM AÁRCAÑARAZ en Crónica del Convento de N. P. San Francisco de Córdoba, (Rep. Arg.) Buenos Aires, 1888, pág. 7.

EL Fuerte De CÓRDOBA 7

Llegamos, pues, también por este camino, a la comprobación de que entre 1573 y 1577, no hubo más ciudad que el fuerte, y que éste no sólo sirvió de eje del proceso administrativo, de protección de los pobladores y de punto de partida de las primeras expediciones, como se creía, sino de recinto exclusivo de la vida civil y urbana, por lo que ambos vocablos —iudad y fuerte— fueron usados indistintamente, tanto en documentos oficiales como privados, para designar una sola entidad (11).

(11) Vor nota 3 de la monografía número IV, “El traslado de Córdoba”, en pág. 106 de este mismo volumen.

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Ubicación del Fuerte Y sitio de la fundación de Córdoba *

* Monografía publicada en Instituto de Estudios Americanistas, Serie Histórica, N9 XXI, Córdoba, 1951. Tesis profesoral.

INTRODUCCIÓN

Sumario: Nuestro propósito. Interés de la cuestión. Dificultades. La ubicación del Fuerte ya se desconocía en el siglo XVIII: contradictorias referencias de esa épo- ca. Diversas opiniones de los historiadores. El método a seguir. Fuentes y citas.

Nos proponemos desarrollar un tema que los investigadores de nues: tro pasado han estudiado sólo de manera incidental: la determinación del lugar donde aproximadamente estuvo el Fuerte que levantó don Jerónimo Luis de Cabrera al fundar la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, esto es, la localización del sitio donde el 6 de julio de 1573 clavó el simbólico rollo e picota.

El interés de la cuestión radica en el hecho de que, según lo hemos probado en el trabajo anterior, durante los cuatro primeros años no hubo más ciudad que el Fuerte, dentro de cuyas murallas se desenvolvió toda la vida urbana, hasta que los pobladores, después del 11 de julio de 1577, se trasladaron al lugar que ocupan las setenta manzanas cen- trales de la Córdoba actual (1).

Además, la solución del problema ha de explicarnos por qué Cabrera señaló el primitivo asiento sólo provisionalmente, anticipando la conve- niencia de su traslado por medio del auto que dictara la víspera de la fundación (2).

(1) El Fuerte de Córdoba, en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Año 1, N% 2, Córdoba, 1949, pág. 191. (En las precedentes páginas se repro- duce ese pequeño trabajo).

(2) Cantos A. Luqus CoLomBRrES, Un nuevo documento para la historia de la fundación de Córdoba, en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Año I, N* 1, Córdoba, 1949, pág. 83.

12 CarLos Luque COLOMBRES

Las respuestas formuladas o insinuadas por los historiadores al in- terrogante que plantea la ubicación del Fuerte, son diversas y encontra- das; y ello advierte de antemano sobre las dificultades que se han opuesto a dicho intento.

Tales dificultades derivan, principalmente, de la ausencia de cate- góricas referencias documentales, como que la mayor parte de las tesis fueron basadas en textos vagos, en menciones aisladas o en tradiciones, sin una previa confrontación y examen crítico, lo que explica las distintas interpretaciones.

Según resulta de los antecedentes consultados por nosotros, ya en el siglo XVIII era ignorado el emplazamiento que había tenido el Fuerte; así lo dan a entender las contradicciones que a continuación anotaremos.

El padre Pedro Lozano, que escribió su obra histórica en la primera mitad de esa centuria, expresa que Cabrera construyó “un buen fuerte en el paraje que hoy llaman el Pucará para defensa de los nuevos pobla- dores, que allí principalmente habían hecho su asiento” (3), y que más tarde “determinaba trasladar esta ciudad desde el Pucará al sitio llamado propiamente Quisquisacate” (4).

¿Qué paraje era llamado el Pucará en tiempos del historiador jesuí- ta? Monseñor Pablo Cabrera, que se hace cargo de la cuestión, interpreta la expresión en el sentido de que no se habría referido al lugar que actualmente se conoce con ese nombre; no obstante, prueba que con tal denominación ya se lo designaba en aquella época (5). Ahí está, también, el testimonio del padre José de Guevara, sucesor de Lozano en el cargo de cronista de la Compañía de Jesús, quien al tratar el mismo tema, pocos años más tarde, nos aclara que el Fundador “llegó a un sitio que se llamaba Quisquizacat al Sur del río Suguiá (sic), conocido al presente

con el nombre de Pucará al Oriente de la sierra, y en el planteó la nueva Población” (6).

(3) Historia de la Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, Buenos Aires, 1874, Tomo IV, pág. 280.

(4) Ibid., pág. 288. a

(5) Córdoba de la Nueva Andalucía, Córdoba, 1933, págs. 69 y siguientes.

(6) Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, en Anales de la Biblioteca, Tomo V, Buenos Aires, 1908, pág. 290.

UbICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 13

La afirmación de ambos historiadores del siglo XVIII, que vivieron y escribieron en Córdoba, no sería compartida por sus coetáneos, si nos atenemos al dicho del síndico del monasterio de Santa Catalina de Sena, don Miguel de Learte, que en 1788 ubicaba el fuerte desaparecido “en la rinconada que forma el río frente de la capilla del Pilar Sud-Norte”, al solicitar la mensura de las tierras que pertenecieran al capitán Fer- nando Amado. En consecuencia de ello, el agrimensor don Agustín Llanes pasó “al sitio que corresponde Norte-Sur a la calle de la frente de la iglesia de Ntra. Sra. del Pilar” y dio comienzo a la tarea “puesto en su derecera de la otra banda de este río” (7).

Entonces, como ahora, la iglesia del Pilar tenía su frente al Este, es decir, a la calle Maipú. Así lo prueba el auto fechado el 10 de octubre de 1772, por el que se la declara vice-parroquia: “Por cuanto Dios Nues- tro Señor ha sido servido concedernos una Hermandad y pulida capilla en esta ciudad de Córdoba, con la advocación de Nuestra Señora del Pilar, sita en los arrabales de esta ciudad, con la puerta principal al Oriente...” (8). De manera que, para el síndico de las Catalinas, el Fuerte había estado a la altura de la calle Maipú, en la margen Norte del río.

Por último, citaremos el informe que el 27 de noviembre de 1801 suscribió el Cabildo en respuesta a una solicitud de don Francisco An- tonio Cabello, editor del Telégrafo Mercantil, el cual se publicó con el titulo Relación Histórica de la Ciudad de Córdoba del Tucumán en el número 4 de dicho periódico, el 24 de enero de 1802.

El párrafo relativo a los orígenes de la población, expresaba que “fue fundada... a la margen Boreal del Río, que los naturales llamaban Zuquía... de donde fue trasladada... un cuarto de legua más abajo a la margen Austral del mismo Río...” (9). De lo que se desprendería que el Fuerte —asiento originario de la Ciudad— habría estado rio arri- ba, esto es, al Noroeste.

(7) Documento publicado por Monseñor PanLo CABRERA en el apéndice de su obra citada, pág. 152,

(8) Pano Cabrera, La Iglesia y la Hermandad del Pilar, Córdoba, 1897, pág. 25.

(9) Tomo II, pág. 42.

CARLOS LUQUE CoLoMBRES

r el Deán Funes, quien) «us ey Carta Crítico aparecida en

Civil del Paraguay, Buenos Álres Y E ; del libro 11, cuyos últimos párrafos tratan de la fundación de Córdoba,

o” en manifiesta el doctor Funes que Cabrera construyó UN buen baluarte

el Pucará para defensa de la población”, palabras que repiten casi tex tualmente las transcriptas de Lozano, 4 quien el Deán sigue en los dos primeros volúmenes de su obra (11).

Con esas opiniones tan dispares, emanadas todas de sujetos dignos de crédito, ilustramos nuestra desconfianza respecto a las noticias prove" nientes de testimonios MUY distantes de la fundación, desde el punto de vista cronológico; Y llegamos a la conclusión de que para situar el lugar donde estuviera emplazado el Fuerte y el primitivo rollo, habrá que acu- dir a fuentes más cercanas a ese momento histórico.

Pero antes pasaremos revista al juicio de los cronistas del siglo XIX y del presente.

Fray Abraham Argañaraz, en Crónica del Convento de N. P. San Francisco, dice que el Fuerte se fundó “el 6 de julio en el Pucará de hoy” y que el 28 de agosto se trazó oficialmente la Córdoba permanente “en la ribera opuesta del río Suguía o Suquía (hoy río Primero) 2 distancia como de un cuarto de legua del pueblo Pucará” (12). Fundamenta su primera afirmación en Lozano y Guevara (13); en cuanto a la segunda, la deduce de la anterior, vinculándola con la expresión del Fundador al disponer el 11 de marzo de 1574 se mu

dara el rollo a la pl : au plaza de la 113 4 Ciudad definitiva “que será un cuarto de legua deste primer asiento

fuerte, de la otra parte del río que llamamos de Quisquisacate” (14),

(10) Ibid., pág. 122

(11) Tomo L Buenos Air á

(12) Buenos Aires, 1888, poa sia (13) 1bid., nota N9 1, pág. 28.

(18) Ibid., pág. 29. :

UbicACiÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 15

agregando Argañaraz, más adelante, que “como nuestro actual Pucará de la ciudad, no hay otro alguno que diste un cuarto de legua de ella” (15).

Santiago J. Albarracín, en Bosquejo histórico, político y económico de la Provincia de Córdoba, se limita a expresar: “El paraje donde tuvo su primer asiento la ciudad de Córdoba, fue sobre la margen izquierda del río Primero, que es el mismo que Cabrera llamó de San Juan; más tarde, habiéndose tocado con inconvenientes para que aquélla pudiera desarrollarse, su fundador ordenó la traslación de Córdoba, a un cuarto de legua de su primer asiento y sobre la margen derecha del mismo río”. Se basa objetivamente, pues, en el citado auto del 11 de marzo de 1574.16).

Juan M. Olmos, en Compendio de la Historia de Córdoba; 1573-1700, dice que “Córdoba fue fundada primeramente cabe el fuerte del Pucará conocido hasta hoy por la tradición y el nombre” y “que se ordenó su cambio el 11 de marzo de 1574 a un cuarto de legua distante del sitio primitivo, que es precisamente la distancia que hay del Pucará a este sitio” (17). A pesar de que cita como fuente la información jurídica que en 1600 tramitara el padre Baltasar Navarro, custodio del convento de San Francisco, parecería que Olmos siguió en realidad la argumentación de Fray Argañaraz, si bien no lo menciona. Éste, en efecto, utiliza dicha información con otros fines y transcribe las declaraciones de los testigos; pero ellas no aluden a la ubicación del Fuerte y la Ciudad, ni se habla del fuerte del Pucará que Olmos subraya.

El doctor Pablo Julio Rodríguez, en Sinopsis histórica de la Provin- cia de Córdoba, asevera: “No parece que haya razón para dudar, que la primera fundación de Córdoba, en la fecha expresada, se hizo a la mar- gen izquierda, esto es, en la banda norte de nuestro río, puesto que consta del auto de su traslación al sitio que hoy ocupa que éste era “de la otra parte del rio”: encontrándose pues la nueva traza de la ciudad ordenada por el mismo Cabrera en marzo 11 de 1574, hacia la banda Sud de dicho río, nos parece evidente que la primera traza de la ciudad, donde se fijó el rollo el día 6 de julio del enunciado año 1573, se hizo más o menos

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(15) Ibid., pág. 31. (16) Buenos Aires, 1889, pág. 19. (17) Córdoba, 1899, págs. 28 y 29.

16 Canos Luque COLOMBRES

en el paraje conocido hoy por el bajo de Cabrera, y probablemente en el mismo sitio que pueblan actualmente las “Concepcionistas”, con exten- sión hacia el Oeste” (18). Según Monseñor Cabrera, la interpretación del doctor Rodríguez habría sido orientada por la Relación Histórica publi- cada en el Telégrafo Mercantil (19).

Por su parte, el autor de Córdoba de la Nueva Andalucía afirma que “el Fuerte estuvo “sito en la rinconada que forma el río frente de la Ca- pilla del Pilar, sud-norte”, es decir, a la altura de la actual calle Mai.- pú” (20). Toma este dato de la mensura citada de los terrenos que per- tenecieron al capitán Fernando Amado, documento que transcribe en el apéndice, el cual le ha servido —agrega más adelante— “para identificar el emplazamiento de la ciudad primitiva... y de su Fuerte” (21).

Sobre esa base, el padre Pedro Grenón, al reconstruir en El libro de mercedes la Ciudad y sus alrededores, ubica el Fuerte en la calle Mai- esquina Catamarca (22); pero en una publicación posterior, no obs- tante reproducir el mismo gráfico, explica: “Estuvo este Fuerte en los altos del Noreste de la ciudad o a la entrada actual a San Vicente, donde hoy la bajada del “Pucará” que significa Fuerte” (23), alternativa con la que otorga a ambas proposiciones el carácter de hipótesis.

Finalmente, Amílcar Razori, en Historia de la Ciudad Argentina, después de relacionar los documentos del Archivo Municipal y de com- pulsar las diversas opiniones, concluye: “Que el fuerte estaba situado a un cuarto de legua de la otra parte del río, hacia el Este, aceptando a este respecto la tesis del historiador Cabrera y no la de Julio Rodríguez que lo ubica en el paraje hoy conocido por el bajo de Cabrera” (24).

Ahora bien; si reducimos a un esquema la revista que acabamos de hacer, el Fuerte habría estado:

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(18) Buenos Aires, 1907, pág. 11.

(19) Córdoba de la Nueva Andalucía, pág. 71.

(20) Ibid., pág. 66.

(21) Ibid., pág. 21, nota 8.

(22) Córdoba, 1930, pág. 213.

(23) MunicipaLmapD DE CórnoBA, Trabajo realizado con motivo del IV Congreso Histórico Municipal Interamericano, Cuaderno N9 2, Córdoba, 1949, pág. 11.

(24) Tomo I, Buenos Aires, 1M5, pág. 222.

Ubicación DeL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 17

a) En la margen Norte del río Primero, un cuarto de legua más

arriba;

b) En la calle Maipú, hacia el Norte; o

c) En el Pucará.

A nuestro juicio, la dilucidación del oscuro punto no puede alcan- zarse sin una previa reconstrucción histórico-topográfica de los alrededo- res de la Ciudad, hasta llegar a determinar la ubicación de aquellos sitios relacionados directa o indirectamente en documentos de la época de la fundación que mencionan el Fuerte.

Será el Libro de mercedes, vetusto manuscrito comenzado en 1573, que se custodia en el Archivo Histórico Municipal, la fuente primordial e insustituible que nos proporcionará los elementos básicos para dicha reconstrucción. Monseñor Cabrera lo utilizó en sus estudios y fue publi- cado por el padre Grenón en el tomo diecinueve de la colección docu- mental editada por el Archivo de Gobierno de la Provincia, como también, posteriormente, por el Instituto de Estudios Americanistas de la Universi- dad Nacional de Córdoba.

Figuran allí asentados los títulos originarios de las mercedes de tie- rras concedidas en jurisdicción de esta Ciudad, desde el 7 de diciembre de 1573, fecha del primer repartimiento efectuado por el Fundador, hasta el año 1600.

A pesar de su importancia jurídica y económica, no fue conservado con el celo correspondiente para preservarlo de la acción del tiempo y de factores humanos. Es así cómo algunas de sus fojas se hallan roídas, al par que otras desaparecieron ya en siglos anteriores. según surge de una certificación del escribano del Cabildo, don Luis Izquierdo de Gua- dalupe, fechada el 11 de enero de 1697 (25). Con todo, ha llegado hasta nosotros la mayor parte de su contenido, que ilustra acerca del criterio con que se distribuyó la tierra y, para nuestro caso, el que presidió el repartimiento de chacras en las inmediaciones sobre ambas márgenes del río.

(25) Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, Sección Expedientes Judiciales, legajo 199, expediente 1, folios 82 y 83,

18 CarLos Luque COLOMBRES

Paralelamente al Libro de mercedes, se nos ofrecen como fuentes de gran valor las actas del Cabildo y los autos y decretos de los gobernantes, en ellas incluídos. Hemos consultado los manuscritos originales del Archi- vo Municipal; pero en las citas respectivas remitiremos al lector a la publicación editada en 1880-1884, cuando el texto no haya sido alterado en ésta.

Para la interpretación y correlación de los documentos mencionados, se apeló al Archivo Histórico de la Provincia, principalmente a los pro- tocolos notariales y expedientes judiciales, que contienen las escrituras de compraventa, donaciones, testamentos, cartas dotales, censos, etc. y jui- cios sucesorios, reivindicaciones, mensuras, probanzas de servicios y tí- tulos de encomiendas de indios, desde el año 1573 en adelante.

Completamos la investigación con papeles del Instituto de Estudios Americanistas de la Universidad y otros archivos privados, como también con documentos, mapas y planos publicados en colecciones o insertos en obras históricas (26).

(26) Razones de orden práctico aconsejaron abreviar las citas fontanales más fre- cuentes en la forma que se indica seguidamente: A. C. = Actas Capitulares (manuscrito). A. H. M. = Archivo Histórico Municipal de Córdoba. A. H. P.= Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba.

Escr. = Escribanía (Registro).

Exp. = Sección Expedientes Judiciales.

L E. A. = Instituto de Estudios Americanistas de la Universidad de Córdoba. leg. = legajo.

L. de M. = Libro de Mercedes (manuscrito). Prot. = Sección Protocolos Notariales,

CaPítULO I

EL FUERTE Y SU DISTANCIA DEL ASIENTO DEFINITIVO DE LA CIUDAD

Sumario: Áuto del 11 de marzo de 1574. Información de servicios de Antonio Suárez Mejía (1598). Informa- ción de servicios de Tristán de Tejeda (1614). Con- clusión.

Daremos comienzo a nuesta tarea, eliminando un elemento pertur- bador: nos referimos a las noticias documentales acerca de la distancia que separaba el Fuerte del asiento definitivo de la Ciudad, las cuales no concuerdan entre sí.

Tal discordancia es fácilmente explicable porque responde a cálcu- los aproximados más o menos arbitrarios, o efectuados con diferentes criterios, según la personal apreciación de cada sujeto. Lo cierto es que en ninguno de los casos aparece manifiesto el propósito de establecer una medida matemática.

a) El dato más antiguo emana del propio Fundador y figura en el auto que dictara el 11 de marzo de 1574, por el que dispuso “que la Justicia, Cabildo e Regidores de esta dicha Ciudad mude el rollo e pi- cota que está puesto en la plaza do se le señaló primero el asiento de esta dicha Ciudad de Córdoba que es cabe este fuerte, al sitio e lugar do está señalada la plaza de la dicha Ciudad... por la orden que está se- ñalada e echa la traza por el dicho Señor Gobernador que será un cuarto de legua de este primer asiento e fuerte de la otra parte del río...” (1).

(1) A. H. M, A. C, Libro 19% f. 24.

20 CarLos Luque COLOMBRES

Sabido es que la traza urbana diseñada por Cabrera el 28 de agosto de 1573, fue modificada por orden de su sucesor Gonzalo de Abreu, el 11 de julio de 1577, sólo en lo que respecta al reparto de solares, situa- ción de la plaza —que se trasladó a una cuadra de la anterior— y latitud de las calles, pero en el mismo sitio fijado por el Fundador. De manera que la Ciudad definitiva tuvo su nacimiento en el lugar aludido por éste al dictar el auto cuya parte pertinente hemos transcripto; es decir que el cuarto de legua debe medirse desde una de las ocho manzanas circun- dantes a la plaza San Martín (2).

Varias de las opiniones recordadas en la Introducción, se basaron en este documento que, por cierto, tiene una importancia fundamental.

b) Síguele en orden cronológico la información de servicios de An- tonio Suárez Mejía, incoada en 1598 a raíz de un pleito con doña Lu- crecia de Villalba por una encomienda de indios. El interrogatorio al tenor del cual declararon los testigos, incluía esta pregunta: “Iten si sa- ben que [Suárez Mejía] se halló asimismo en el fuerte que hizo el dicho Gobernador don Jerónimo de Cabrera que está una legua de la dicha Ciudad de Córdoba, donde puso mucho trabajo hasta que se pobló la dicha Ciudad y en ella se ha avecindado sustentando casa e familia muy honrosamente. ..”. Varios se limitaron a contestar afirmativamente repro- duciendo, en general, los mismos conceptos de la pregunta, sin detenerse a precisar la distancia. Luis de Abreu de Albornoz expresó “que lo que sabe es que... vino el dicho Antonio Suárez Mejía a esta Ciudad en tiempo en que estaban todos los vecinos de ella en el fuerte que la pre- gunta dice, donde estuvo algunos años hasta que se mudaron al sitio donde esta Ciudad al presente está poblada”. Sólo Miguel de Ardiles, de los primeros pobladores como el anterior, manifestó concretamente que Suárez Mejía llegó “estando ya los españoles conquistadores y descubri- dores fortalecidos en un fuerte que tenían hecho a una legua de esta Ciudad...” (3).

(2) Cantos A. Luque CoLombres, Sobre la primera traza de la ciudad de Córdoba (28 de agosto de 1573), en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Año Il, Nos. 1, 2 y 3, Córdoba, 1950, pág. 51.

(3) A. H. P., Exp., Escr. 1?, leg. 9, exp. 11.

UñicAcióN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 21

De lo expuesto se infiere que el “será un cuarto de legua” de Cabrera fue un cómputo aproximado que habría pecado por defecto y no por exceso.

c) Por último, citaremos la probanza de los servicios del capitán Tristán de Tejeda, iniciada en 1614 por su hijo Hernando. A la pregun- ta “si saben... que... el dicho capitán Tristán de Tejeda... volvió otra vez el año de setenta y tres a los dichos Comechingones con el dicho gobernador don Jerónimo de Cabrera... y llegados que fueron se hizo un fuerte y pueblo que se llamó la ciudad de Córdoba de la Nueva An- dalucía”, el testigo Pedro Hernández contestó afirmativamente, especificando que “poblaron como media legua poco más donde agora está esta ciudad de Córdoba, un fuerte...”; Juan de Ludueña respondió: “... el dicho Gobernador pobló y fundó un fuerte media legua poco más o menos de donde agora está poblada esta ciudad de Córdoba”; y don Alonso de la Cámara ratifica: “...como media legua de esta ciudad hicieron un fuerte...” (4).

Al valorar la deposición de estos tres testigos presenciales, debe te- nerse en cuenta que el interrogatorio no estipulaba distancia alguna, cir- cunstancia que, por lo demás, no era necesario destacar.

Tan variada apreciación de un hecho inmutable, podría dar lugar a interpretaciones que, en el mejor de los casos, nos llevarían a aceptar el tercer cómputo, como término medio; pero siempre estaríamos en te- rreno conjetural. .

En consecuencia, únicamente anotaremos a modo de conclusión, que en materia de cálculos de distancias no debemos guiarnos por aquellas expresiones documentales y que sobre esa base no podemos asentar el punto de partida para determinar el sitio donde el Fuerte estuvo em- plazado.

(4) Roverto LeviLier, Nueva Crónica de la conquista del Tucumán, Tomo ll, Varsovia, 1930, pág. 347 y sigts.

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CaprpítuLO II

EL FUERTE Y SU POSICIÓN CON RESPECTO AL ASIENTO DEFINITIVO DE LA CIUDAD

Sumario: El ancón del Fuerte. La chacra de Tristán de Tejeda. El ancón y acequia de Santa Eulalia. Conclusión.

En este capítulo y en el siguiente, pasaremos revista a las diversas noticias proporcionadas por documentos de la época de la fundación e inmediatas a ella, que permitan determinar la posición del Fuerte con relación a la Ciudad actual, tópico que juzgamos indispensable conside- rar para llegar luego a establecer la zona de su emplazamiento.

El Libro de Mercedes ha de mostrarnos en qué orden se distribuyó la tierra a uno y otro lado del baluarte y cuáles chacras lo separaban del asiento urbano definitivo.

Será necesario partir, naturalmente, del Fuerte mismo. Las carac- terísticas topográficas del lugar donde se levantaba, con indicación de sus límites, constan en el título que el teniente de gobernador don Lo- renzo Suárez de Figueroa extendiera a favor de mismo el 9 de febrero de 1575, al adjudicarse “un ancón de tierra donde está el fuerte desta dicha ciudad de Córdoba, el cual dicho ancón estaba señalado para la dicha ciudad, y el gobernador Don Jerónimo, que en gloria sea, pasó el sitio para dicha ciudad a do agora está señalada...” (1).

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(DA. H. M,, L. de M., f, 27 y.

Gurasa Lruyva CUM A

Un arco y taa a pare, el altlo elegido por Cabrera para asiento del Puerta

Pero el tatulo tina: My el dicho ancón lo haco merced de camo dicho tiero de punta x punta, que comiensa desde la barranca del rio a do samba Bera pura das apa del fuerte y por ol dicho río abajo hasta hade cor oben de Prisiin de Tejeda, quo os donde se acaba el ancón, y de larso hacia da sabana alta cuatro mil pies...”.

Los datos contenidos en el púrrefo transcripto son sumamente expre- sivos: el ancón —que limitaha con el río y se extendía hacia la sabana— comenzaba, por un lado. en una barranca de donde se había extraído la tierra para las tapias del Fuerte; y terminaba, por el otro lado, en la chacra de Tristán de Tejeda, rio abajo.

Desde estos dos puntos de referencia proseguiremos la anunciada reconstrucción de las chacras repartidas a ambos costados; mas por ra- zones metodológicas, invertiremos el orden, ocupándonos en primer tér- mino de establecer la ubicación de la propiedad de Tristán de Tejeda, límite del ancón del Fuerte, aguas abajo.

Le fue dada en merced el 3 de diciembre de 1574; y comprendía “un pedazo de tierras que está por bajo del Fuerte y linda por parte de abajo con chácara de la Iglesia Mayor de la dicha Ciudad”. Medía de frente mil cuatrocientos pies “por el río abajo”, y de largo, hacia la sa- bana alta, cuatro mil pies (2).

Al vender Tejeda este inmueble a Gonzalo Osorio el 31 de mayo de 1575, se lo sitúa “en el ancón grande que está por bajo del Fuerte, desde un mojón que señalamos corriendo el río abajo hasta linde con chácara de la Iglesia Mayor” (3).

El 14 de octubre de ese año, Osorio vende esta chacra a Juan de Mitre: “...en este río de San Juan en el primer ancón por bajo del Fuerte de esta Ciudad, en el acequia de Santa Olalla, la cual dicha chá- cara linda por la parte de abajo con chácara de la Iglesia Mayor de esta Ciudad, y por la de arriba el dicho río de San Juan...” (4).

(2) Ibid., £. 19 y. (3) A. H. P., Prot, Escr. 19, leg. 1, f. 15 v- (4) Ibid., £. 27.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 25

Álvaro de Mercado y su mujer doña Inés de Rentería —hija legíti- ma y heredera de Juan de Mitre— venden a doña Bárbola de Medina, el 28 de abril de 1607, “una chácara en la jurisdicción de esta Ciudad, el río abajo, junto al Fuerte que se pobló antes de la fundación de esta Ciudad, por bajo de él, la cual solía ser del capitán Tristán de Tejeda” (5).

De ello se infiere:

a) Que el Fuerte —junto al cual estaba la chacra de Tejeda— se hallaba río abajo de la Ciudad actual o a la altura de ésta; y

b) Que la chacra de la Iglesia Mayor, límite de la anterior, había sido repartida con anterioridad al 3 de diciembre de 1574, fecha de la merced de Tejeda, donde ya se la menciona.

Para fijar la posición de esa propiedad de la Iglesia Mayor, recu- rriremos nuevamente al Libro de Mercedes, en cuya foja inicial y siguien- tes figura el repartimiento de tierras efectuado por Cabrera el 7 de diciembre de 1573. Faltan algunos fragmentos de este auto, pero pueden rehacerse con los datos consignados en otro título correlativo, del 26 de octubre de 1576, y en escrituras públicas coetáneas.

La conjunción de tales documentos nos lleva certeramente a com- probar y afirmar, que la chacra de la Iglesia Mayor encabezaba una serie de treinta y cinco, distribuídas en grupos de cinco separados entre por calles de cien pies de ancho. Cada una de las cinco primeras chacras medía setecientos pies de cabezada frente al río, y seiscientos pies las treinta restantes; de manera que las treinta y cinco sumaban veintidós mil cien pies, contando las seis calles divisorias (6).

Todas ellas se escalonaban aguas abajo, con dos mil pies de fondo hacia la sabana alta, y en el siguiente orden:

1%) Iglesia Mayor (7); 22) Hospital de Santa Eulalia; 3%) Propios

(5) Ibid., leg. 19, f. 126.

(6) Coincide con este cálculo, el que se establece en el titulo de merced extendido a favor de Juan Gómez de Ocaña el 29 de julio de 1575. “de un pedazo de tierras que están junto a un estanque y Cerca de un monte que estarán deste fuerte una legua poco más o menos por cima de las chacaras del ancón grande que está este río abajo desta misma banda” (A. H. M.. L. de M.. f. 30).

(7) A. H. M., L. de M., f. 38. El 20 de mayo de 1587, Melchor Ramírez, mayordo- mo de la Iglesia Mayor, pretende arrendar a Diego Rodríguez de Ruesgas “una chácara que tiene por merced la Iglesia Mayor de la Ciudad por abajo

26 CarLos LUQUE COLOMBRES

de la Ciudad; 49%) Vicario Francisco Pérez de Herrera (8); 5%) Juan López de Herrera (9); calle; 6%) Tristán de Tejeda, distinta de la antes descripta (10); 7%) Sargento Mayor Juan Pérez Moreno; 8%) Capitán Hernán Mejía Miraval; 9%) Juan Mejía Miraval (11); 10%) Nuflo de Aguilar (12); calle; 119) Baltasar Gallegos; 12%) Don Miguel Jerónimo

del Fuerte hacia la acequia de Señora Santa Olalla, que es de las primeras, que alinda con chácara del Hospital” (A. H. P., Prot., Escr. 1*, leg. 3, f. 210).

(8) El 29 de mayo de 1581, Elvira Carava - Chumbe, esposa de Pedro Coro, indio del Perú, vende esta chacra a Juan Bautista Noble: “...cae en la acequia de Santa Eulalia de la otra parte del río, que es la primera que hay en la dicha acequia de riego, que linda con chácara de la dicha Ciudad, que es la que se le señaló para propios de ella, la cual cae a la parte de arriba, y por la parte de abajo con chácara de Pedro de Olmedo” (Ibid., leg. 2, f. 87); y el 26 de octubre de 1586, en los inventarios de Juan Bautista Noble, figura entre sus bienes esta chacra “el río abajo desta Ciudad junto a chácara de Pedro de Olmedo” (1bid., Exp., leg. 3, exp. 7).

(9) El 25 de julio de 1577, el escribano Juan Pérez pretende vender a Antón Berrú esta propiedad en el ancón grande de la acequia de Santa Olalla que ha por linderos por una parte, calle en medio y chácara de Alonso Martínez y por la otra con chácara del padre Francisco Pérez de Herrera, difunto, la

cual hube y compré a Juan López de Herrera”; pero la escritura no se firmó (Ibid., Prot., Escr. 1?, leg. 1, f. 20 v.).

Ya vimos, en la nota anterior, que para el 29 de mayo de 1581, esta chacra pertenecía a Pedro de Olmedo, quien, efectivamente, en su testamento del 16 de octubre de 1613, menciona entre sus bienes “una chácara por bajo del pucará, de la otra banda del río, un cuarto de legua de esta Ciudad poco más o menos” (Ibid., leg. 29, exp. 3). El 28 de noviembre de ese año de 1613 se practica el inventario del patrimonio de Olmedo, donde se describe

esa chacra como “un pedazo de tierra el río abajo media legua poco más o menos desta Ciudad” (Ibid.).

En cuanto a la frase “por bajo del pucará” alude, claro está, a su pro- ximidad al Fuerte, y nos indica que todavía en 1613 se lo solía denominar con ese vocablo quechua. (Véase el Capítulo V).

(10) El 25 de junio de 1575, Tejeda la vende a Alonso Martínez, y se la describe “por bajo del fuerte, que ha por linderos por la una parte con chácara de Juan López de Herrera, y Juan de Burgos (1bid., Prot., Escr. 1?, leg. 1, f. 19 y.).

(11) El 8 de mayo de 1577 Pedro Díez de Cortés vende a Juan de Ludueña “una chácara de riego en el ancón e acequia de Señora Santa Olalla, la que hubo y compró de Juan Mejía, residente que fue en esta dicha Ciudad, linde por una parte con chácara de Pedro de Deza (yerno de Hernán Mejía Miraval) y por otra con chácara de Nuflo de Aguilar” (1bid., leg. 1, f. 61).

(12) El 16 de agosto de 1577, don Lorenzo Suárez de Figueroa dona a Juana de

Aguilar “una chácara que yo he y tengo y compré de la almoneda de Nuflo de Aguilar, difunto, como parecerá por el remate, que está en el ancón e

UnBicACiÓN DeL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 27

de Cabrera (13); 13%) Miguel de Mojica; 149) Tomás de Irobi (14); 159) Alonso García de Salas (15); calle; 16%) Juan de Molina Navarre- te (16); 179%) Vicario General Martín de Vergara; 18%) Blas de Peral- ta (17); 199) Juan de Figueroa; 20%) Alonso de Contreras; calle; 219)

acequia de la Señora Santa Olalla, libre de censo e hipoteca, que ha por lin- deros por la una parte con chácara de Pedro Díez de Cortés y agora es de Juan de Ludueña, y por la otra parte, calle en medio y chácara de Baltasar Gallegos (Ibid., leg. 1, f. 63).

(13) El 27 de marzo de 1591, don Pedro Luis de Cabrera dota a su hermana doña Elena de Cabrera al casarla con Andrés Mejía, y le da “una chácara de riego

en la acequia de Santa Olalla que es la de don Miguel Jerónimo de Cabrera” (Ibid., leg. 6, f. 28 v.).

(14) Pero el 3 de enero de 1579 pertenecía a Antón Serafín de Niza, quien ese día vende a Francisco Pérez de Aragón “una chácara en la acequia de Santa Olalla, linde por una parte con chácara de Alonso García de Salas y de la otra Miguel de Mojica” (Ibid., leg. 1, f 139); y el 25 de agosto de 1580, Pérez de Aragón y su mujer la vendieron a Juan López de Reyna: “Una chácara que yo he y tengo de riego que hube de Antón Serafín de Niza co- mo parecerá por una carta de venta que de ella me tiene hecha, que tenemos e poseemos libre de censo... media legua desta dicha Ciudad en la acequia de la Señora Santa Eulalia que ha y tiene por linderos con chácara de Miguel de Mojica y con chácara de Francisco Blázquez...” (Ibid., leg. 2, £ 47). A su vez, López de Reyna la vendió a Pedro de Candía el 6 de setiembre de 1585, señalando como linderos “por la una parte con chácara de Miguel de Mojica y por la otra con chácara de Alonso García de Salas que agora posee Fran- cisco Blázquez” (Ibid., leg. 3, f. 117).

(15) El 4 de enero de 1580, García de Salas vende a Francisco Blázquez “una chácara... en la acequia de Santa Eulalia, la cual linda con chácara de Francisco Pérez de Aragón que fue de Tomás de Irobi y por parte de abajo con chácara de Gaspar Rodríguez Rolón que fue de Juan de Molina, calle en medio...” (Ibid., leg. 2, f. 1).

(16) El 2 de diciembre de 1579, Molina Navarrete vende a Gaspar Rodríguez Rolón “una chácara... en la acequia de la Señora Santa Eulalia... que tiene por linderos de la parte de arriba con chácara de Alonso García de Salas y por la parte de abajo con chácara de Blas de Peralta... la cual venta dijo que se entienda que son dos mil pies de largo de la acequia por bajo y de ancho seiscientos pies...” (1bid., leg. 1, f 129 v.); y el 12 de mayo de 1581, Ro- dríguez Rolón la vendió a Francisco Romero: “Una chácara de riego que yo he y tengo en la acequia llamada de la Señora Santa Eulalia que es de la otra parte del río de esta Ciudad, la cual hube y compré de Juan de Molina Navarrete... y tiene por linderos por la parte de arriba de Francisco Blázquez y por la parte de abajo Blas de Peralta” (Ibid., leg. 2, f. 81).

(17) Blas de Peralta, dueño de esta chacra, había adquirido también la anterior del Vicario General Martín de Vergara, pues el 17 de abril de 1576 donó a

28 Cartos Luque COLOMBRES

Nicolao de Dios (18); 22%) Lorenzo Martín Monforte (19); 23%) Melchor Ramírez (20); 24%) Pedro Moreno; 25%) Pedro Diez de Cortés; calle; 269) Pedro de Deza (21); 27%) Alonso Gómez de la Cámara; 289) Fran- cisco de Hoyos; 29%) Alonso Martínez (22); 30%) Gaspar Rodríguez

su hijo natural Juan de Peralta dos chacras que poseía “por bajo del Fuerte” colindantes con chacras de Juan de Molina Navarrete y Juan de Figueroa (Ibid., leg. 1, f. 50).

(18) El 19 de marzo de 1575, Nicolao de Dios vendió esta chacra a Alonso Martínez, y éste a Tristán de Tejeda el 25 de junio de ese año: “...en el ancón que está por bajo del Fuerte de esta Ciudad que ha por linderos por la una parte con chácara de Alonso de Contreras, vecino de la ciudad de Santiago del Estero, y por la otra parte Lorenzo Martín Monforte, vecino de esta Ciudad” (Ibid., leg. 1, f. 19).

(19) El 29 de setiembre de 1579, Lorenzo Martín Monforte vende a Diego de Loria Carrasco “una chácara de riego... en el ancón grande por do pasa la acequia de la Señora Santa Eulalia... la cual ha por linderos por la una parte con

chácara de Tristán de Tejeda y por la otra parte con chácara de Melchor Ramirez” (1bid., leg. 1, f. 136).

(20) El 18 de enero de 1580, Melchor Ramírez vende a Juan de Soria “una chá- cara que tengo y poseo libre de censo... este río abajo de San Juan desotra parte del río que ha y tiene por linderos por la una parte con chácara de Lorenzo Martín Monforte y por abajo como va el dicho río con chácara de Pedro Moreno, la cual está una legua de esta Ciudad poco más o menos...” (Ibid., leg. 2, f. 3); y el 20 de enero de 1584, Soria la vendió a Diego de Loria Carrasco: “Una chácara este río abajo en la acequia de Señora Santa Olalla, la cual compré de Melchor Ramírez... que tiene por linderos por la parte de arriba con chácara de Lorenzo Martín Monforte y por la parte de abajo con chácara de Pedro Moreno” (Ibid., leg. 3, f. 12).

(21) El 4 de agosto de 1577, Juan de Ludueña e Isabel de Rosales donan a Ana de Rosales una chacra “en el ancón grande por bajo deste Fuerte en el ancón de la acequia de la Señora Santa Olalla que ha por linderos por una parte con chácara de Pedro Díez de Cortés y por la otra parte con chácara de Alonso Gómez de la Cámara” (Ibid., leg. 1, f. 62); y el 12 de mayo de 1584, Ana de Rosales y su marido Antonio Ronsón, la vendieron a Pedro de Candía, expresando que “nos fue dada por Juan de Ludueña... en casamiento, que la dicha chácara fue de Pedro de Deza, este río abajo en el acequia de Se- ñora Santa Eulalia, que ha y tiene por linderos por la parte de arriba con chácara de Pedro Díez de Cortés y por la parte de abajo con chácara de Alonso Gómez de la Cámara” (leg. 3, f. 29).

(22) El 16 de marzo de 1575, Martínez vende a María Francesa “una chácara que yo he y tengo en esta dicha Ciudad que ha por linderos por la una parte con chácara de Francisco de Hoyos e por la otra parte con chácara de Gaspar Rodríguez Rolón” (Ibid., leg. 1, f 18). Véase la nota siguiente.

Ubicación DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 29

Rolón (23); calle; 319) Jorge de Colmenares (24); 32%) Don Baltasar Maldonado; 33?) Pablo de Mansilla(25); 349) Juan López de Reyna(26) ; y 359) Agustín Pérez (27),

(23) Gaspar Rodríguez Rolón vende a Isabel Francesa, el 19 de marzo de 1575, “una chácara que yo he y tengo en esta dicha Ciudad que ha por linderos por la una parte con chácara de Alonso Martínez y por la otra parte con chácara de Jorge de Colmenares” (Ibid., leg. 1, f. 18 v.). Tanto Isabel Fran- cesa, como su hermana María, citada en la nota anterior, eran menores de edad a la sazón e hijas naturales de Nicolao de Dios. quien, en su testamento del 2 de julio de 1579 declara “que tengo dos chácaras una legua poco más o menos desta Ciudad el río abajo de la otra parte del río en la acequia de la Señora Santa Eulalia, que tienen por linderos por la parte de arriba con chácara de Francisco de Hoyos y por la parte de abajo con chácara de Pedro de Villalba” (Ibid., leg. 5, f. 3).

(24) El 7 de abril de 1580, Pedro de Villalba otorga la carta de dote a favor de su hija doña Lucrecia de Villalba y entre los bienes que le da figura “una chácara a una legua de esta Ciudad poco más o menos el río abajo que com- pré a Juan Gómez de Ocaña y que fue de Jorge de Colmenares, que tiene por linderos chácaras y tierras de Gaspar Rodríguez Rolón y de don Baltasar Maldonado” (Ibid., leg. 2, f. 29).

(25) El 29 de julio de 1589, Juan de Barrientos da en pago de medio solar a Luis de Quiroga y María Francesa, entre otros bienes, “una chácara que está este río abajo, una legua desta Ciudad de la otra parte del río que fue hecha merced a Pablo de Mansilla... que alinda con chácara que fue de don Bal- tasar Maldonado” (Ibid., leg. 4, f. 91). Ver nota siguiente.

(26) El 3 de abril de 1581, Juan López de Reyna transfiere en trueque a Juan de Barrientos, “dos chácaras una legua de esta Ciudad desotra parte del río de esta Ciudad, que la una chácara le fue hecha merced al dicho Juan López de Reyna y la otra a Pablo de Mansilla, vecino que fue de esta Ciudad, la cual dicha chácara hubo del dicho Pablo de Mansilla... y tienen por linderos por la parte de arriba con chácara de don Baltasar Maldonado y por la parte de abajo con chácara de Agustín Pérez, vecino desta dicha Ciudad...” (1bid., leg. 2, f. 74 yv.).

(27) El Libro de Mercedes sólo menciona hasta la chacra número 26, pues ha des- aparecido el folio siguiente donde continuaba la nómina. Las nueve restantes han sido incluídas por nosotros sirviéndonos de las referencias posteriores que he- mos citado en cada caso, interpretadas en función de la analogía que presentan con las primeras. De esta manera hemos completado presuntivamente, el nú- mero total de treinta y cinco chacras que, según certificación del escribano don Luis Izquierdo de Guadalupe, fechada el 11 de enero de 1697, fueron las repartidas por don Jerónimo Luis de Cabrera el 7 de diciembre de 1573 en el “primer ancón por bajo del Fuerte”. (Ibid., Exp., leg. 199, exp. 1, fs. 82 y 83). Por lo demás, consideramos del caso manifestar que para las conclu- siones de este capítulo sólo se han tenido en cuenta los datos relacionados con las mercedes indubitables,

30 Cartos Luque COLOMBRES

Las notas con que informamos al lector acerca de las características de esas chacras, repiten las expresiones “por bajo del Fuerte”, “río de abajo de esta Ciudad”, “en el ancón o acequia de Santa Eulalia”, para designar el “ancón grande” ubicado aguas abajo de aquel donde estuvo el Fuerte y a continuación de la chacra de Tristán de Tejeda.

Tenemos, así, establecida la posición del Fuerte respecto a las tierras repartidas desde el ancón de su emplazamiento, aguas abajo. Pero si la propiedad de Tejeda, que era la más próxima a dicho ancón, aparece localizada en uno de los títulos transcriptos río abajo de esta Ciudad, concluiremos, en consecuencia, que marchando desde el Fuerte en direc- ción del curso de las aguas, nos alejaríamos de ella a medida que avan- záramos a través de las chacras enumeradas. No interesa, por lo tanto, a nuestro fin, continuar la investigación por ese camino.

SABANA ALTA

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BARRANCA DEL RIO

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LAMINA I

Síntesis gráfica del Capítulo II

CaríruLO III

EL FUERTE Y SU POSICIÓN CON RESPECTO AL ASIENTO DEFINITIVO DE LA CIUDAD

(CONTINUACIÓN)

Sumario: La barranca de donde se sacaba la tierra para las tapias del Fuerte. Chacras repartidas desde ella, río arriba. Conclusión.

El documento transcripto en el capítulo anterior, punto de partida de la investigación, fijaba el comienzo del ancón del Fuerte en “la ba- rranca del río a do sacaban tierra para las tapias”.

Si el otro extremo del ancón, la chacra de Tristán de Tejeda, se ha- llaba río abajo, naturalmente debemos situar río arriba de aquélla la barranca aludida.

También es mencionada en el título de merced otorgado por el Fundador a favor de Luis de Cabrera el 30 de diciembre de 1573, al ad- judicarle “un pedazo de tierra que linda por la una parte con tierras de Juan de Ludueña e por la otra con la barranca deste río de donde se sacó la tierra para hacer la tapia del Fuerte, las cuales dichas tierras tienen de frente por la parte hacia el río [en blanco] pies poco más o menos, y por la parte hacia la sabana alta, de largo, tres mil pies dejando por la parte del río cien pies de calle como los demás que están en esta suerte de tierras” (1),

(1) A, H. M, L. do M,, 1. 8,

32 CarLos Luque COLOMBRES

¿Quiénes eran “los demás que están en esta suerte de tierras”? ¿Qué chacras la integraban?

Respondemos categóricamente que la mencionada chacra de Juan de Ludueña era una de las ocho repartidas en el ancón por encima del Fuerte, designado así por oposición al “ancón por bajo del Fuerte”, esto es, al de Santa Eulalia de que nos hemos ocupado en el capítulo II.

El título originario ha desaparecido del Libro de Mercedes; pero se conoce la nómina completa y el orden que guardaban entre sí, por otro título fechado el 30 de diciembre de 1573 y asentado en el folio anterior al de Luis de Cabrera, donde se lee que el Fundador “daba e dió a Ber- nabé Mejía e a Pedro González Tapia e al Secretario Francisco de Torres e a Francisco Sánchez e a Juan Gómez de Ocaña e a Antonio Rodríguez e a Pedro de Ludueña e a Juan de Ludueña, las demasías de tierras que cada uno tiene en las tiras que en el real nombre les hizo merced en siete días del mes de diciembre del dicho año de mil e quinientos e seten- ta y tres, en el ancón que está por cima del Fuerte, bajo el estanque e tierras de don Gonzalo Martel de Cabrera, demás de los dos mil pies de largo que a cada uno tiene señalado, dejando cada uno cien pies de calle entre los dichos pedazos de tierra e el dicho río” (2).

Tales referencias y las que proporcionan escrituras públicas corre- lativas, suplen el documento perdido y permiten reconstruir el orden en que se escalonaban río arriba las chacras repartidas en el ancón por en- cima del Fuerte, desde la barranca de donde se sacaba la tierra para las tapias, hasta el estanque y tierras de don Gonzalo Martel (3):

—_—_—

(2) Ibid., £ 7 y.

(3) Que todas estas chacras corrían río arriba del Fuerte, consta expresamente en el auto por el cual Suárez de Figueroa señaló para propios y ejidos de la Ciudad el 6 de diciembre de 1576, “todas las demasías de chácaras y tierras y sobras y otros pedazos de tierras que hay desde la chácara y linde de Ber- nabé Mejía y don Gonzalo Martel de Cabrera, que es en el ancón que está por encima del Fuerte por el río arriba hasta (otra) chácara y tierras de Bernabé Mejía que es la postrera chácara que está dada por la parte del dicho Fuerte este dicho río arriba, las cuales dichas sobras y tierras han de tener veinte mil pies la tierra dentro hacia la sabana alta” (A. H. M., L. de

M., í. 4).

UbrcACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN CÓRDOBA 33

19) Luis de Cabrera (4); 29) Juan de Ludueña (5); 39) Pedro de Ludueña (6); 49) Antonio Rodríguez (7); 59) Juan Gómez de Ocaña;

—_—_——.

(4) Luis de Cabrera no debe ser confundido con don Pedro Luis de Cabrera, hijo del Fundador. Aparte de que la coincidencia de nombres es parcial, sólo el segundo tenía el título o dictado de don con que invariablemente firmaba y se lo llamaba, de acuerdo a la costumbre de esa época, rigurosamente obser- vada en el siglo XVI. Por otra parte, consta que don Pedro Luis, nacido por 1566, era un niño de ocho años para 1574, en que Luis de Cabrera ya actuaba como testigo en escrituras públicas (Archivo Municipal de Córdoba, Tomo l, Córdoba, 1880, pág. 153). Este último debió de ser el Luis de Cabrera que participó en la fundación de Salta y a quien Lerma favoreció con tierras e indios en encomienda (Ariio Cornejo Y MicuEL A. VercARA, Mercedes de tierras y solares, Salta, 1938, pág. 191; RoserTO LeviLLieR, Nueva Crónica de la conquista del Tucumán, Tomo IM, Buenos Aires, 1931, pág. 316; y Archivo de Santiago del Estero, legajo suelto, Título de encomienda fechado el 8 de abril de 1583, cuya copia nos facilitó generosamente el doctor Luis G.

Martínez Villada).

Nos hemos detenido en esta nota, porque monseñor Cabrera confunde a ambos sujetos y sitúa la chacra de Luis de Cabrera río arriba de la Ciudad por el hecho de que algunos descendientes de don Pedro Luis fueron dueños de tierras en esa dirección, lo cual vendría en apoyo de su tesis sobre la ubicación del Fuerte (Córdoba de la Nueva Andalucía, nota 16, pág. 91).

(5) El 2 de julio de 1580, Juan de Ludueña dona a su sobrina Juana de Arroyo, hija de su hermano Juan Duárez de Ludueña, “una chácara que yo he y tengo... este río abajo de San Juan (actuaba en el asiento definitivo de la Ciudad) que tiene por linderos por la una parte y por la otra con chácaras de Pedro de Ludueña, ya difunto, y por la otra con chácara de Luis de Ca- brera... que tiene la dicha chácara cuatrocientos pies de cabezadas y dos mil pies de largo hacia el río” (A. H. P., Prot., Escr. 1, leg. 2, f. 40).

(6) El 11 de diciembre de 1579 otorga testamento Juan Duárez de Ludueña, hijo legítimo y heredero de Pedro de Ludueña, fallecido, y declara entre sus bienes “una chácara que está este río abajo, abajo del Fuerte, linderos con chácara de Antonio Rodríguez y por abajo con chácara de Juan de Ludueña, mi her-

mano” (Ibid., leg, 1, f 131).

(7) El 3 de octubre de 1590, al inventariarse los bienes dejados por Francisco Rodríguez, hijo legítimo y heredero de Antonio Rodríguez, fallecido, se inclu- ye “la parte que ha de haber de una chácara que está adelante de la de Jerónimo de Bustamante, de la otra parte del río de esta Ciudad” (Ibid., leg. 5, £ 82 v.). Esta chacra de Bustamante era la que había pertenecido origina- riamente a Francisco Sánchez (véase la nota siguiente).

34 CarLos Luque COLOMBRES

6%) Francisco Sánchez (8); 79%) Francisco de Torres (9); 8%) Pedro González de Tapia (10); y 99) Bernabé Mejía (11).

Todas ellas formaban una faja de dos mil pies de ancho, pero no podemos precisar exactamente la longitud que sumaban las nueve chacras sobre el río, ya que sólo conocemos que la de Juan de Ludueña medía cuatrocientos pies y la de Francisco de Torres cuatrocientos cincuenta. Sin embargo, es dable atribuir a las restantes una extensión análoga; de donde resultaría que entre el ancón del Fuerte y el de don Gonzalo Martel habría habido una distancia de mil a mil doscientos metros, que fijamos aproximada y provisionalmente.

El 18 de enero de 1593, fecha de su testamento, Jerónimo de Busta- mante era dueño de tres de esas chacras situadas “de la otra parte del

_—

(8) El 29 de enero de 1575, Francisco Sánchez vende a Juan de Mitre “una chá- cara que yo he y tengo en esta dicha Ciudad que ha por linderos por la una parte chácara de Francisco de Torres y por la otra parte con chácara de Juan Gómez” (Ibid., leg. 1, f. 14); y el 12 de febrero de 1588, Constanza de Lugo, viuda de Mitre, y su segundo marido Miguel de Ardiles, en nombre de los hijos menores de aquél, vendieron a Jerónimo de Bustamante “una chácara de la otra parte del río y cae por bajo del Fuerte, alinde por una parte con chácara de Francisco de Torres y por la otra con chácara de Juan Gómez, difunto” (Ibid., leg. 4, f. 2).

(9) El 19 de octubre de 1579, Francisco de Torres arrienda a Juan de Espinosa Negrete “una chácara que el dicho Francisco de Torres tiene en término y jurisdicción de esta Ciudad, que está por cima del Fuerte que se hizo cuando el Señor Gobernador don Jerónimo Luis de Cabrera vino a poblar esta dicha Ciudad, y por bajo del estanque y tierras de don Gonzalo Martel de Cabrera, vecino de esta dicha Ciudad, que la dicha chácara que así vos arriendo tiene de cabezadas cuatrocientos cincuenta pies y de largo dos mil pies, como más claro parece por el Libro de las mercedes a que me remito, que tiene por linderos de la parte de arriba con chácara de Pedro González de Tapia, y por parte de abajo, con chácara de Francisco Sánchez” (Ibid., leg. 1, f. 112). Más tarde fue adquirida por Jerónimo de Bustamante, como se verá en el texto.

(10) El 10 de mayo de 1578, Miguel de Mojica, alcalde ordinario, y Bernabé Mejía, juez de bienes de difuntos, venden a Jerónimo de Bustamante “una chácara que tenía en esta dicha Ciudad Pedro González de Tapia, difunto... la cual está sobre este Fuerte e ha por linderos por la una parte con chácara de Ber- nabé Mejía e por la otra parte con chácara de Francisco de Torres” (Ibid., leg. 1, £ 73).

(11) El 6 de noviembre de 1588 otorga Bernabé Mejía su testamento y declara entre sus bienes “una chácara por bajo de esta Ciudad, donde tengo dos mil cepas puestas, conforme al título de merced, linde con chácara de Jerónimo de Bustamante, vecino de esta Ciudad” (Ibid., leg. 5, f. 45).

UbicAcióN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 35

río: la una que era de Pedro González de Tapia, que la hube de la al- moneda, y la otra de Francisco de Torres y la otra que fue de Juan de Mitre [y antes de Francisco Sánchez] (12), que la hube de Miguel de Ardiles y su mujer Constanza de Lugo” (13).

Al fallecimiento de Bustamante, heredaron las chacras su mujer doña Jerónima de Abreu y su único hijo legítimo Pedro Arballo de Busta- mante (14); y el 30 de junio de 1595, doña Jerónima, con motivo del casamiento de doña Juana de Bustamante, hija natural de su marido, con Pantaleón Márquez Correa, le dio en dote “una chácara que solía ser de Juan de Mitre, difunto, que es en la acequia desotra parte del río, que linda con chácara que fue de Francisco de Torres y con otra de Juan Gómez de Ocaña” (15). Pero el 14 de setiembre de 1605, los nom- brados esposos Márquez Correa traspasaron nuevamente a Pedro Arballo y a su madre la chacra del dote “que es de la otra banda del río en frente de esta Ciudad camino del Fuerte, que tiene por linderos por la una parte chácara del dicho Pedro Arballo, que fue primero de Francisco de Torres, y por otra, chácara que fue de Manuel Rodriguez y Juana de Arroyo, su mujer, que al presente es del dicho Pedro Arballo de Busta- mante” (16),

La forma de designar este último lindero, muestra que Arballo había adquirido las dos chacras que originariamente pertenecieron a Juan y Pedro de Ludueña, colindantes entre y fusionadas desde el 21 de se- tiembre de 1590 en poder de Juana de Arroyo, hija de Juan Duárez de Ludueña, al ser incorporadas en su carta dotal con motivo de su casa- miento con Manuel Rodríguez, donde se las sitúa “por bajo de la chá- cara de riego de Jerónimo de Bustamante y de Luis de Cabrera” (17).

—_————.

(12) Véase la nota 8 de este capitulo.

(13) A. H. P., Exp., Escr. 1*, leg. 18, exp. 4.

(14) Ibid.

(15) Ibid,, Prot., Escr. 1*, leg. 9. f. 1.075.

(16) Ibid., leg. 18, f. 446 y.

(17) Ibid,, leg. 3, f. 168. No desechamos, sin embargo, la posibilidad de que la chacra aludida como colindante fuera la primitiva de Juan Gómez de Ocaña, de quien la habrían adquirido Manuel Rodríguez y su mujer. De todos modos, a cierto es que Arballo de Bustamante había acrecentado su dominio en esas chacras.

36 CarLos Luque COLOMBRES

Ya veremos que Pedro Arballo y su madre vinieron a ser propieta- rios de las nueve chacras que se extendían entre el Fuerte y el estanque de don Gonzalo Martel, y de ellas quedó el hijo como dueño exclusivo a raíz de la donación que doña Jerónima hizo a su favor de todos sus

bienes el 28 de junio de 1613, al ingresar al monasterio de Santa Catalina de Sena (18).

Falleció Pedro Arballo de Bustamante bajo disposición testamentaria del 18 de noviembre de 1634 (19). No se encuentra en el Archivo His- tórico el juicio sucesorio. aunque el de su mujer doña Sabina de Soria, la partición de cuyo patrimonio se efectuó el 11 de diciembre de 1648.

En el expediente respectivo consta que los herederos dispusieron se mantuvieran indivisos algunos inmuebles, por entonces, figurando entre ellos esta suerte de tierras “de la otra banda de este río” (20). Pero al practicarse años más tarde la postergada partición, fue adjudicada a su hijo el bachiller José de Bustamante, quien el 28 de abril de 1673 así lo expresa en la escritura de donación otorgada a favor de su sobrina doña Micaela de Oscaris Viamonte y Navarra, esposa del capitán Fernando Amado, de una suerte de tierras que le pertenecía por herencia de su difunto padre Pedro Arballo de Bustamante, que “caen la otra banda de este rio de Córdoba y son desde el Fuerte que corre y está por debajo desta dicha Ciudad, hasta el rincón de don Gonzalo Martel, el cual dicho

sitio y paraje le tuvo poblado el dicho su padre y tuvo en él un tejar y ganado vacuno” (21),

Así pasaron al capitán Fernando Amado y su mujer, las nueve cha- cras repartidas un siglo atrás a Luis de Cabrera, Juan y Pedro de Lu- dueña, Antonio Rodríguez, Juan Gómez de Ocaña, Francisco Sánchez, Francisco de Torres, Pedro González de Tapia y Bernabé Mejía, que, según resulta de correlacionar las diferentes expresiones documentales que hemos subrayado, se extendían:

(18) Ibid., leg. 24, f. 143. (19) Ibid., leg. 49, f. 244. (20) Ibid., Exp., Escr. 19, leg. 90, exp. 6.

(21) Documento publicado por monseñor Pablo Cabrera en Córdoba de la Nueva Andalucía, pág. 151.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 37

a) Entre el ancón del Fuerte y el estanque de don Gonzalo Martel de Cabrera;

b) río arriba del Fuerte y río abajo del asiento definitivo de la Ciudad;

c) sobre el camino costanero que unía el Fuerte con el asiento ur- bano definitivo; y

d) a la misma margen del Fuerte y a la otra banda del asiento de la Ciudad, próximas al cual quedaban las chacras últimas de Mejía, Ta- pia y Torres.

En conclusión: el Fuerte estuvo emplazado aguas abajo del asiento actual de la Ciudad, en la otra banda del río, a un kilómetro o más del estanque de don Gonzalo Martel.

Por lo tanto, debemos descartar las tesis que ubican el sitio de la fundación de Córdoba, río arriba de la Ciudad.

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LAMINA Il Síntesis gráfica del Capítulo HI

CarítuLO IV

EL ESTANQUE DE Don GoNzAaLo MARTEL DE CABRERA

Sumario: Importancia de su localización como punto de

referencia. El antiguo curso del río y las tierras de Martel de Cabrera. Mercedes concedidas río arriba. Conclusión.

La conclusión a que arribamos en el capítulo precedente, coloca en primer plano la determinación del lugar donde habría estado ubicado el ancón de tierras dado en merced a don Gonzalo Martel de Cabrera, cuyo estanque se señala como límite de las chacras repartidas desde el Fuerte, río arriba.

De las nueve, la que colindaba con dicho estanque era la chacra de Bernabé Mejía, que en 1588 se la sitúa “por bajo de esta Ciudad” (1), al par que la de Francisco Sánchez es situada en 1605 “de la otra banda del río en frente de esta Ciudad”, al ser transferida por los esposos Már- quez Correa a Pedro Arballo de Bustamante, según vimos. Podríamos deducir, en consecuencia, que las tierras de Martel tenían una ubicación análoga; pero es necesario establecerla con alguna exactitud, con relación al asiento urbano definitivo, que se extendía: por el Norte, hasta las calles hoy llamadas Santa Rosa y Lima; por el Este, hasta las actuales Santiago del Estero y Paraná; por el Sur, hasta las avenidas Junín y San Juan; y por el Oeste, hasta las calles Bolívar y Jujuy.

(1) Nota 11 del capítulo 1.

40 CaArLos Luque COLOMBRES

Un hecho que debemos tener especialmente en cuenta, es la variante experimentada por el curso del río desde los tiempos de la fundación en adelante, circunstancia que consideramos fundamentalísima, para la co- rrecta interpretación de ciertos documentos que se refieren a las tierras distribuídas en las inmediaciones del sitio fijado para asiento de la ciudad.

El resultado de nuestras investigaciones permite aseverar que en los últimos decenios del siglo XV1 y en los primeros del XVII, el río no sólo pasaba próximo a la ronda septentrional (calles Santa Rosa y Lima), sino que durante las grandes crecientes se producían avenidas que inun- daban la traza urbana.

Al indicarse, en efecto, los linderos de los solares limítrofes con dicha ronda, en escrituras e inventarios de esa época, se menciona inva- riablemente el río (2); y que tales referencias no significaban simple- mente proximidad relativa, es incuestionable, porque algunos de esos so- lares eran perjudicados por las aguas. Así, en 1613, después de tasarse en mil pesos la casa del capitán Pantaleón Márquez Correa, situada en la acera Norte de la actual calle Colón, entre General Paz y Rivera In- darte, se agrega: “...no se aprecian en más, porque aunque podían valer en buena consideración alguna cosilla más, tienen gran riesgo por el río que linda con ella” (3); y en las operaciones de inventario y partición de los bienes dejados por el capitán Diego de las Casas, en 1643, no se tasó un solar que se hallaba en la intersección de las calles Colón y Su- cre, “porque se ha hecho barranca con las avenidas y no tiene precio”(4).

Los perjuicios causados por las crecientes habían preocupado al Cabildo desde años atrás. Ya en la sesión del 1% de agosto de 1598, el procurador general de la Ciudad decía “que el río que pasa junto a ella, con las avenidas y corrientes, va haciendo mucho daño y llegándose a los edificios, de manera que en breve tiempo podría venir a ser causa

(2) A. H. P., Prot., Escr. 1*, leg. 19, f. 177; leg. 14, f. 147 v.; leg. 14, f. 211; leg. 14, f. 244; leg. 15, f. 5; leg. 10, f. 20; leg. 28, f. 121; leg. 17, f. 329; leg. 28, f. 254; etc.

(3) Ibid., Exp., Escr. 19, leg. 78, exp. 1.

(4) Ibid., leg. 84, exp. 5, f. 21.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 41

de que esta Ciudad se despoblase y fuese necesario buscar nuevo sitio para la población”. Proponía, en consecuencia, “que todos los vecinos y moradores de esta Ciudad acudan con la brevedad necesaria a remedio tan urgente como es para que el río no haga tanto daño, haciendo algu- nos reparos o dando madre a este río por otra parte de manera que se desvie de esta Ciudad, pues se puede hacer antes que vengan las aguas y las corrientes...” (5).

Los cabildantes resolvieron estudiar el caso y proveer lo más con- veniente; pero si se arbitró una solución y cuál fue ella, no lo hemos podido averiguar. En el mejor de los casos, no debió de haber sido muy duradera, ya que trece años más tarde, el 21 de enero de 1611, el Ca- bildo consideraba otra propuesta del alcalde ordinario de primer voto, que el acta respectiva traslada en los siguientes términos: “Como es notorio y se ve presente, las aguas de algunos días a esta parte han sido tan grandes y recias que el río de esta Ciudad ha venido con tan gran fuerza de avenida de agua que, habiendo el riesgo si continuara algún tiempo más el agua, de llevar y arruinar parte de esta Ciudad y que conviene y es necesario que esto se remedie antes que el daño sea de tal manera que no pueda ser remediado, dando orden que se eche el río por una madre antigua e ancón que está de la otra banda arrimado a la loma de la otra banda y hacia la cruz del camino de Santiago, que de presente no costará mucha dificultad... Y estando presente el capitán Pedro García Redondo, dijo que el ancón por donde se ha de echar el río es de doña María de Caray [su mujer] y que no contradice el echar- se porque ve ser necesario, pero que no lo ha de recibir sin que se le satisfaga pagándole el valor de las tierras que son suyas por donde se ha de sacar...”. Puesta a votación, la moción fue aprobada y se acordó que la obra se comenzara desde el 1% de febrero siguiente (6).

O la obra no se ejecutó por entonces o no se obtuvieron los resul- tados esperados, según lo hemos adelantado al transcribir aquellos docu- mentos de 1613 y 1643. El río siguió corriendo por el mismo cauce y las tierras de doña María de Garay no vinieron a quedar situadas a su

(5) Archivo Municipal de Córdoba, Tomo III. Córdoba, 1882, pág. 89. (6) Ibid., Tomo V, Córdoba, 1884 pág. 187.

42 CARLOS Luque COLOMBRES

margen meridional, como hubiera ocurrido al ser desviado su curso, sino sobre la margen del Norte: así lo expresa ella en sus testamentos del 27 de octubre de 1620, 19 de noviembre de 1623, 16 de febrero de 1637 y 5 de diciembre de 1639, donde declara entre sus bienes “un ancón en el rio de esta Ciudad de la otra banda, frontero de ella, con un herido de molino” (7).

Sólo muchos años más tarde, en la segunda mitad de ese siglo, se habría conseguido desviar las aguas, pues en las descripciones de solares limítrofes con las calles Santa Rosa y Lima se dice que lindaban “por la parte del Norte con la barranca que hace la madre del río antiguo” (1684) (8), “con la barranca y madre antigua del rio” (9) (1686), etc. Sin embargo, por este cauce correría todavía algún corto caudal, porque con mayor frecuencia se emplean las expresiones: “con el río chiquito” (1683, 1694, 1700) (10), “con el río que llaman chiquito” (1700) (11), “con el riachuelo” (1671, 1674, 1692, 1700) (12), diminutivos que señalan la coexistencia de un brazo mayor, esto es, del río propiamente dicho.

Y bien; el ancón aludido de doña María de Garay, no era otro que el de don Gonzalo Martel de Cabrera, su primer marido, hijo del Fun. dador. He aquí las pruebas:

a) Doña Luisa Martel de los Ríos, viuda de don Jerónimo Luis de Cabrera, y madre de don Gonzalo Martel, casó en segundas nupcias con Juan Rodríguez de Villafuerte, quien el 20 de febrero de 1581 celebra un convenio con su entenado, a la sazón mayor de catorce años y menor de veinticinco, acerca del molino que a su costa y de doña Luisa “había empezado a hacer en frente de la Ciudad, en tierras de don Gonzalo Martel” (13).

—_—_—_—

(7) A. H. P., Prot., Escr. 1?, leg. 36, f. 499; leg. 39, f. 281; leg. 49, Í. 49; y leg. 50, f. 244.

(8) Ibid., leg. 79, f. 358,

(9) Ibid., Exp., Escr. 2?, leg. 6, tomo II, exp. 10.

(10) /bid., leg. 5, exp. 9; Ibid., Prot., Escr. 1?, leg. 88 s/f. (30 de diciembre de 1694) ; leg. 94 s/f. (26 de agosto de 1700).

(11) /bid., leg. 94, s/f. (6 de abril de 1700)

(12) Ibid., leg. 71, f. 326; leg. 73, f. 141; leg. 85, f. 34; leg. 88, f. 229.

(13) Copia existente entre los papeles de monscñor Pablo Cabrera que se conservan

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 43

b) El 13 de julio de 1583, Martel de Cabrera se presenta ante el Cabildo y dice: “Que por el ancón que tengo de merced frontero de esta Ciudad de la otra parte del río, han hecho camino la gente que entra a esta Ciudad, de que recibo notorio daño en mis sementeras de trigo, y para que yo pueda darles pasaje cómodo, tengo necesidad de que Vuestra Merced me haga merced de la calle que cae al río... y en recompensa de la dicha calle estoy presto de dar pasaje bastante a los caminantes por las dichas mis tierras...” (14).

Entre todas las chacras y el río, debía quedar expedita una calle costanera de cien pies de ancho (15). El terreno correspondiente era el que don Gonzalo pedía se le concediera en cambio y la solicitud fue tratada en la sesión del 2 de marzo del año siguiente, día en que los ca- bildantes “fueron todos juntos a ver la calle... e dijeron que le hacían e hicieron merced de un pedazo de la dicha calle para el molino que tiene entre manos hacer...”. Acto seguido se extendió el título respec- tivo, traspasándosele “un pedazo de calle frontero de esta Ciudad, desde un carcabo viejo hasta el desaguadero que ahora al presente está hecho del dicho río al molino, que asimismo se le hace merced” (16).

Todas estas referencias topográficas permiten localizar con absoluta certidumbre las tierras de don Gonzalo Martel de Cabrera, al Norte de la ciudad y separadas de ella únicamente por el río que pasaba inmediato a la ronda.

Pero hay más, aún. El extenso auto que encabeza el Libro de mer- cedes, fechado el 7 de diciembre de 1573, por el cual el Fundador repartió las chacras y donde debió figurar el título de la que nos ocupa, concluye con un párrafo cuya leyenda reza: “Ancón que está por cima de ancón del sitio de la Ciudad e por cima de do ha de ser la toma de la acequia de la Ciudad”. Allí se incluye la merced concedida a Pedro Moreno “de

en el Instituto de Estudios Americanistas.

Sobre la biografía, filiación y genealogía de don Gonzalo Martel de Ca: brera, véase la monografía del doctor Luis G. Martívez VinLada, Los Cabrera, Córdoba, 1938.

(14) Archivo Municipal de Córdoba, Tomo I, pág. 462. (15) A. H. M., L. de M., f. 6. (16) Archivo Municipal de Córdoba, Tomo I, pág. 479.

44 CarLos Luque CoLomBRES

un pedazo de tierras alinde con tierras de don Gonzalo Martel de Cabrera,

"que son las del estanque, que tiene de frente el río arriba frontero de la Ciudad el río en medio, dos mil pies, y de largo hacia la sabana alta dos mil pies” (17). De manera que la chacra de Moreno, limítrofe con la de Martel, compartía con ésta el terreno que se extendía al Norte del asiento de la ciudad, y las cuatro cuadras que tenía de frente colindaban río de por medio con otras tantas de las diez que medía la traza urbana por ese lado.

Consta, además, que la chacra de Moreno limitaba río arriba con la repartida en ese mismo acto a Miguel de Mojica, con dos mil pies sobre el río; pero no se dice que estuviera frente a la Ciudad, como en el caso anterior (18).

Seguía a la de Mojica, siempre “corriendo río arriba”, la merced concedida el 30 de ese mes y año a favor de Tomás de Irobi, también de dos mil pies sobre el río y diez mil pies de largo (19), cuya ubicación conocemos por una escritura posterior fechada el 16 de enero de 1583, según la cual Juan Bautista Noble y su mujer venden a Pedro de Soria el Mozo, “una chácara que fue de Tomás de Irobi, de la otra parte del río, en frente de las cuadras de riego de la Ciudad, linde con chácara de Miguel Mojica y por la otra con chácara de Juan de Chaves” (20),

Se explica que las aludidas cuadras de riego no se mencionaran en los títulos originarios de Mojica y de Irobi, porque aquéllas uo fueron señaladas por el Fundador hasta el 12 de marzo de 1574, “en las tierras que están por bajo de donde ha de venir la acequia principal de la Ciudad, que comienzan a correr las dichas cuadras e huertas de alinde con los solares postreros de la Ciudad por la parte del río arriba...” (21). Eran quince hileras o suertes paralelas, situadas al Poniente de la traza urbana, distribuídas de Sur a Norte, separadas entre por calles de cuarenta pies de ancho, cada una de las cuales constaba de cinco man-

(17) A. H. M., L. de M.,, £ $ y.

(18) Ibid.

(19) Ibid., £. 7 y.

(20) A. H. P., Prot. Escr. 1?, leg. 2, f. 133, (21) A. H. M., L. de M., f. 12.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 45

zanas de cuatrocientos cuarenta pies. El espacio total destinado al efecto se extendía hacia Alto Alberdi y se hallaba comprendido, más o menos, entre las actuales calles Jujuy-Bolívar (ronda Oeste) y Ocaña (22).

Localizada, así, la chacra de Tomás de Irobi, que estaba separada de la de Pedro Moreno por los dos mil pies que medía la de Miguel de Mojica; y localizada también, la de Moreno, que tenía la misma exten- sión y colindaba con las tierras de don Gonzalo Martel de Cabrera, que- da comprobado con nuevos argumentos que estas últimas compartían con las de Moreno la banda Norte del río frente al asiento de la ciudad; es decir que las de Martel ocupaban la parte oriental del rincón formado por el río, tal como corría entonces, y la madre antigua mencionada en el acta capitular de 1611, que atendiendo a las referencias topográficas en ésta contenidas, no puede ser otra que aquella por donde corre actual- mente (23).

Rectificamos, en consecuencia, la afirmación del síndico del monas- terio de Santa Catalina de Sena (1788), y por lo tanto, las tesis basadas en ella, que situaban el Fuerte precisamente en esta rinconada, a la altura de la calle Maipú, error cuya explicación formularemos en el capitulo VI (2),

(22) El gobernador Juan Ramírez de Velasco, por auto del 26 de noviembre de 1589, introdujo modificaciones en este repartimiento efectuado por el Fun. dador, que se redujeron a lo siguiente: mandó abrir una calle de treinta y cinco pies desde la ciudad; juntó en una sola cada dos hileras de cuadras, que de esa manera vinieron a quedar separadas entre por siete calles úni- camente, cuya latitud redujo a treinta pies; y dispuso se destinasen dos cua- dras de las aún no repartidas, a fin de que se hiciera una alameda de sauces para recreo de los vecinos (Archivo Municipal de Córdoba. Tomo II, Córdoba, 1882, pág. 144). Días más tarde, el 5 de diciembre. distribuyó entre viejos y nuevos pobladores el terreno que después de medido había quedado libre entre las cuadras y el río; redujo de doscientos a cincuenta pies el ancho de la ronda occidental de la Ciudad. adjudicándose para mismo los ciento cincuenta pies de diferencia desde el monte al río. y añadió dos nuevas suer- tes o hileras a las existentes (1bid., pág. 148).

(23) Expresaba, en efecto, el acta del 21 de enero de 1611, que esa madre antigua se hallaba arrimada “a la loma de la otra banda y hacia la cruz del camino de Santiago”, esto es, hacia el Norte; y el río corre en la actualidad, arrima: do, precisamente, a la loma del Norte donde comienza el barrio o pueblo de Alta Córdoba.

(24) Rectificamos, asimismo, la reconstrucción gráfica que el padre Pedro Grenón diseña en la página 213 de El Libro de Mercedes, donde no sólo sitúa el Fuer-

16 CArLos Luque COLOMBRES

En cuanto a la situación del estanque, se infiere de lo demostrado. Por servir de límite a la serie de chacras repartidas desde el Fuerte río arriba, se hallaba necesariamente en el costado Este de las tierras de Martel de Cabrera. ¿Le habría servido de lecho el último tramo de esa madre antigua que al juntarse con la corriente del río recibiría parte de su caudal durante las crecientes? Valga la pregunta como mera hipóte- sis, pues carecemos de pruebas para asentar una respuesta categórica. Pero lo que no cabe dudar es que el estanque de don Gonzalo Martel estuvo próximo al ángulo Noreste de la traza urbana (esquina de calles Lima y Santiago del Estero), según resulta de conjugar los elementos de juicio proporcionados por los documentos que hemos analizado.

Desde allí, río abajo, se escalonaban las nueve chacras que lo sepa- raban del ancón del Fuerte.

SABANA ALTA

DON GON-

JUAN | TOMAS|MIGUEL [PEDRO |ZALO MAR- DE DE ÍTEL DE

IROBI [MOJICA | MORENO/CABRERA

TANQUE

1 les

ASIENTO

CUADRAS DE RIEGO ||DEFINITIVO DE LA CIUDAD

LAMINA HI Síntesis gráfica del Capítulo IV.

te en esta rinconada, sino que a la gran extensión ocupada por ella la de- nomina “La Isla de la Merced”.

Es cierto que esta isla estuvo situada al Norte de la traza urbana; pero también lo es, que apenas comprendía “una fanegada de sembradura de maiz, poco más o menos”, medida agraria equivalente a sesenta áreas. quinientos noventa y seis miliáreas, según el marco de Castilla. Su superficie pues no alcanzaba a una hectárea (A. H. M., L. de M., f. 35).

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CarítuLO V

EL PucArÁ

Sumario: La tesis tradicional: el Fuerte estuvo en el Pucará actual. Demostración de su inexactitud. Hipótesis para explicar el origen de ese toponímico.

Demostrado el error en que reposan las dos primeras de las tres respuestas que se han dado al interrogante que nos ocupa, réstanos con- siderar en particular la tercera y última, que sitúa el Fuerte en el Pucará actual.

Esta tesis es la más arraigada en la tradición y creencia general, por la sugestión que ofrece el toponímico con su significación indígena de fortaleza, fortín o campo atrincherado; lo cual, sumado al hecho de que con ese vocablo se designara ya en tiempos antiguos el conocido paraje ubicado al Sureste de la Ciudad, a la margen meridional del río Primero, frente al ángulo que forma al torcer su curso hacia el Noreste, debió de servir de fundamento a la opinión recogida por el padre Lo- zano y repetida por los historiadores que siguen al cronista jesuita, má- xime cuando varios documentos prueban que el propio Fundador empleó a veces la palabra pucará para nombrar el Fuerte, sinonimia que también hallamos en otros testimonios de la primera época (1).

Tal deducción, sin embargo, se asienta en la filología, pero no se ajusta a la realidad histórica: al porque el asiento definitivo de la Ciudad y el Fuerte, estaban situados sobre distintas márgenes del rio;

(1) Al promediar este capítulo analizaremos la aludida documentación.

50 CarLos Luque COLOMBRES

en cambio, el paraje denominado Pucará se encuentra en la misma ban- da que aquella traza urbana; b) porque el ancón del Fuerte fue adju- dicado en 1575 a don Lorenzo Suárez de Figueroa, mientras que el paraje del Pucará perteneció a don Jerónimo Luis de Cabrera y a sus herederos; c) porque los propietarios de tierras limítrofes con el ancón del Fuerte eran distintos a los dueños de chacras colindantes con el paraje del Pucará; y d) porque en ninguno de los títulos y escrituras del tiempo de la Fundación en que se menciona el lugar conocido más tarde como el Pucará, se hace referencia a fuerte alguno.

La demostración de una sola de estas afirmaciones, sería suficiente para convencernos de que el Fuerte no estuvo en el Pucará actual; no obstante lo cual, vamos a probar la exactitud de todas ellas, con el objeto de otorgar validez definitiva y absoluta a nuestra respuesta, aun a riesgo de caer en redundancia.

A) Que la ciudad definitiva y el Fuerte se hallaban situados sobre opuestas márgenes del río, es una circunstancia que consta no sólo en el auto del Fundador fechado el 11 de marzo de 1574 —por el que dis- puso el traslado del rollo “al sitio e lugar do está señalada la plaza de la dicha Ciudad... que será un cuarto de legua de este primer asiento e fuerte de la otra parte del río que llamamos Quisquisacate”— sino también en los documentos que transcribimos al desarrollar los capítulos 11 y II.

En cuanto al segundo término de la aseveración, juzgamos innece- sario detenernos a explicar que el paraje del Pucará y la Ciudad defi- nitiva están a una misma banda, posición que, dada la topografía del terreno, no pudo ser diferente en la época de la fundación, a pesar de cualquier variante sufrida por el curso de las aguas.

B) Que el ancón donde estaba el Fuerte fue adjudicado en 1575 “de punta a punta” a don Lorenzo Suárez de Figueroa, ya ha sido pro- bado con transcripción del párrafo pertinente del título de merced, en el capítulo 11; y sólo nos falta demostrar que, en cambio, el paraje hoy llamado Pucará perteneció a don Jerónimo Luis de Cabrera desde 1573.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 51

El ilustre autor de Córdoba de la Nueva Andalucía, lo prueba pun- tualmente con abundante acopio de datos, como lo haremos por nuestra parte sobre la base de constancias documentales (2).

No se conserva en el Libro de mercedes el auto por el que el Funda- dor se adjudicara ese terreno; pero el hecho se desprende de diversos testimonios coetáneos, y de esta manera ha sido posible localizarlo e identificarlo con el Pucará actual. Veámoslo:

El 4 de mayo de 1579, el Cabildo solicitó del gobernador Gonzalo de Abreu “que confirmase un pedazo de tierra que está por bajo de esta Ciudad, que era de don Jerónimo Luis de Cabrera, que a pedimento de este Cabildo don Lorenzo Suárez de Figueroa hizo merced a esta dicha Ciudad para baldíos de ella... como parecerá en el Cabildo pasado que se hizo a once del mes de abril de mil e quinientos e setenta y ocho años”. Abreu dictó el auto confirmatorio el mismo día e “hizo merced a esta dicha Ciudad de todo lo altozano que está sobre esta Ciudad por encima de la acequia hacia el monte, desde la barranca alta bermeja a do bate el río que es en la chácara de don Jerónimo Luis de Cabrera, hasta el remate de la cañada que entra en la dicha Ciudad, con diez mil pies geométricos hacia el río de Navidad, para ejidos e baldíos e propios de esta dicha Ciudad” (3).

Tenemos así fijados los límites de esta fracción, que situamos, en consecuencia, al Sur de la Ciudad, desde la cañada hasta el rio; de donde se deduce que esa barranca bermeja, comprendida en la chacra de Cabrera, se encontraba hacia el Sureste de la traza urbana.

Por ese auto no sólo se incorporó a la zona de ejidos una parte de las tierras que fueron de don Jerónimo Luis, sino también las que a Bartolomé Jaimes le habían sido repartidas el 30 de diciembre de 1573 “sobre las cuadras e solares de esta dicha Ciudad, linde con tierras del dicho Señor Gobernador”, con “ochocientos pies de frente y cabezada por

(2) Pág. 94 y sigts. (3) Archivo Municipal de Córdoba, Tomo I, pág. 29.

52 CarLos Luque COLOMBRES

la parte de los dichos solares e cuadras” y seis mil de largo hacia el río de Navidad (4); documento que ratifica la aseveración anterior de que la propiedad del Fundador estaba al Sureste de la Ciudad.

Citaremos, finalmente, una escritura otorgada el 20 de enero de 1581 por Juan Rodriguez de Villafuerte y Juan de las Casas, donde se hace referencia al “ancón que era de don Jerónimo Luis de Cabrera que está cuarto de media legua el río abajo de esta Ciudad” (5), párrafo que al confirmar lo probado precedentemente, deja establecido en forma palmaria que el paraje llamado el Pucará corresponde a las tierras, cha- cra o ancón que el Fundador se reservara para sí, y que nada tiene que ver con el ancón del Fuerte que Suárez de Figueroa se adjudicara en 1575.

C) Que los propietarios de tierras limítrofes con el ancón del Fuerte eran distintos a los dueños de chacras colindantes con el de Cabrera, es también un hecho fácilmente demostrable.

En el capítulo 11 vimos que el ancón del Fuerte comenzaba “desde la barranca a do sacaban tierra para las tapias” y terminaba “río abajo en la chácara de Tristán de Tejeda”; además, hemos reconstruído el orden de las chacras repartidas hacia uno y otro lado. Nos limitaremos ahora, por lo tanto, a probar que las distribuídas a ambos lados del ancón del Fundador eran muy distintas.

Dijimos que este ancón colindaba por un costado con una chacra de Bartolomé Jaimes, cuyos ochocientos pies de frente se extendían sobre los solares meridionales de la traza urbana. Agregaremos que su límite opuesto era el ancón donde, para 1573, tenían sus chacras Jerónimo Va- llejo, Diego de Cáceres y Blas de Rosales, “linde por fronteras del dicho

—_—

(4) A. H. M., L. de M., £ 6 v. Bartolomé Jaimes, el mismo día 4 de mayo de 1579, “hizo dejación de la acción que tiene al dicho pedazo de tierra”, a favor de la Ciudad, por lo que recibiría en compensación “dos solares donde él señalare” (Archivo Municipal de Córdoba, Tomo 1, pág. 296).

Esa merced de Jaimes colindaba por el Oeste con la de Juan Mejía Mira- val, “del tamaño de frente e largo que el susodicho” (A. H. M., L. de M., £ 6 v.). (5) A. H. P., Prot., Escr. 1?, leg. 2, f. 56.

Ubicación DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 53

Señor Gobernador, por parte de arriba, e por parte de abajo con ancón que es del capitán don Lorenzo Suárez de Figueroa”, según se lee en un título expedido el 31 de diciembre de ese año (6).

Ese ancón que seguía al del Fundador río abajo, es designado en escrituras del siglo XVI con las denominaciones de “segundo ancón” o “ancón de Blas de Rosales”, y por él corrió la acequia de Nuestra Señora de la Concepción, llamada también la “segunda acequia” (7).

En cambio, el ancón que seguía al del Fuerte, era designado en la misma época, dijimos, como “ancón grande” y “ancón o acequia de Santa Eulalia” (8).

Vallejo, Cáceres y Rosales no fueron únicos propietarios de esa franja costanera y otras constancias documentales permiten recomponer en el orden que a continuación enumeramos, las mercedes concedidas posteriormente en el ancón de Rosales: 1%) Jerónimo García de la Jara, colindante con el ancón de Cabrera (9); 2%) Pedro Serrano (10); 39) Gaspar Rodríguez (11); 49) Jerónimo Vallejo (12); 59) Diego de Cá-

(6) A. H. M., L. de M, £ 8

(7) Ver las notas 9 y siguientes, de este capítulo.

(8) Véase capítulo IL

(9) El título de esta merced fue suscripto por el teniente de gobernador Suárez de Figueroa el 28 de setiembre de 1576: “... de las demasías de tierras que hay y se hallare en el ancón e tierras que señaló don Jerónimo Luis de Ca- brera, gobernador que fue de estas provincias, para sí, después de medidas dichas tierras del dicho don Jerónimo, da las demasías al dicho Jerónimo Car- cía de la Jara hasta la chacra de Pedro Serrano que está en el ancón de Rosales e frente al río, con el largor hacia la tierra dentro y monte que señaló don Jerónimo de Cabrera para sí, con más las islas que el dicho río dejare o tuviere...” (A. H. M., L. de M., f. 37).

García de la Jara conservó este dominio hasta un tiempo antes del 10 de setiembre de 1588, fecha de recibo del dote otorgado por Juan de Barrientos a favor de su suegro Alonso de Carrión. donde menciona entre los bienes en- tregados por éste, “dos chácaras de riego en el ancón de Blas de Rosales. que las hubo de Jerónimo García de la Jara ambas dos chácaras” (A. H. P., Prot, Escr, 1%, leg. 4, f. 41).

(10) Citado en el título de merced de García de la Jara. Posiblemente pasó a poder de Adrián Enríquez, antes de 1577. y luego a García de la Jara, antes de 1579, según se deduce de lo que se dirá en la nota siguiente.

(11) El 19 de encro de 1577, Francisco Sánchez vende a Diego de Castañeda “una chácara que yo he y tengo en esta dicha Ciudad, que hube y compré de Gaspar Rodríguez, la cual ha por linderos por la una parte con chácara de Adrián Enríquez y por la otra parte con chácara de Jerónimo Vallejo” (Ibid., leg. 1,

54 CarLos Luque COLOMBRES

ceres (13); 69) Rodrigo Fernández (14); 79) Blas de Rosales (15); y 89)

f. 56). Su ubicación consta en la escritura de venta otorgada por Castañeda el 27 de mayo de 1579, a favor de Blas de Peralta, donde se la describe: “Una chácara de riego que yo he y tengo en los términos de esta dicha Ciudad en la acequia e ancón que llaman de Blas de Rosales... la cual dicha chá- cara tiene por linderos de la parte de arriba con Jerónimo García de la Jara y por la parte de abajo con Jerónimo de Bustamante (1bid., leg. 1, f. 93).

(12) Dada en merced por el Fundador a Vallejo, según vimos. El 16 de marzo de 1576, éste la vendió a Luis de Abreu, describiéndola: “una chácara... en el término de esta Ciudad por bajo de ella en el ancón de la segunda acequia, que la dicha chácara ha por linderos de la una parte con chácara de Gaspar de Rodríguez y por la otra con chácara de Diego de Cáceres, difunto, e por la parte de abajo pasa el río de esta Ciudad...” (Ibid., leg. 1, f. 33).

Esta propiedad pasó luego a doña Jerónima de Abreu, esposa de Jerónimo de Bustamante, la cual en un testamento otorgado el 22 de julio de 1579, de- clara: “Iten mando al dicho Jerónimo de Bustamante, mi marido, media chá- cara que es de riego y está en el ancón de Blas de Rosales, que tiene de cabezada cuatrocientos pies, que yo hube de mi hermano Luis de Abreu, para que la tenga y posea todos los días de su vida...” (Ibid., leg. 1, f. 103).

Doña Jerónima no murió sino muchos años más tarde, de manera que continuó con Bustamante en posesión de la chacra. Al fallecimiento de éste, se adjudicó a ella en la partición de bienes “la mitad de media chácara del ancón de Blas de Rosales”, y la otra mitad a su único hijo legítimo Pedro Arballo de Bustamante (1bid., Exp., Escr. 1*?., leg. 18, exp. 4). Ambos la die- ron a doña Juana de Bustamante, hija natural del nombrado Jerónimo, en cambio de otra que le habían mandado cuando casó con Pantaleón Márquez Correa. La escritura de trueque está fechada el 20 de julio de 1605 y allí consta que le traspasaban “media chácara que la dicha doña Jerónima y el dicho Pedro Arballo de Bustamante tienen en término y jurisdicción de esta dicha Ciudad en el ancón de Rosales” (1bid., Prot., Escr. 1*, leg. 18, f. 446 v.).

Viuda de Márquez Correa, doña Juana casó en segundas nupcias con Gar- cía Vera Mujica; y, acompañada de éste, hace declaración de los bienes que- dados a la muerte de aquél, con fecha 20 de julio de 1615, donde la única chacra que menciona es la “que tenemos el río abajo de esta Ciudad que linda con tierras de Nuestra Señora de la Merced, con todos los ganados y pertre- chos...” (Ibid., leg. 28, f. 252 v.); y un nuevo dato añade el recibo de dote otorgado por Vera Mujica el 13 de mayo del año siguiente: “Una chácara de tierras media legua de esta Ciudad...” (Ibid., leg. 30, f.105).

Así las cosas, en febrero de 1675, Francisco de Vera Mujica, hijo de los anteriores, promueve una sumaria información y pide se deslinde una chacra a media legua poco más o menos de la ciudad, río abajo, que su madre había recibido en dote cuando casó con Pantaleón Márquez Correa y que había sido adjudicada al peticionante a la muerte de sus padres. Los testigos declararon afirmativamente y manifestaron que colindaba por la parte de aba- jo con “chacarilla de la Merced” (Ibid., Exp., Escr. 1?, leg. 199, exp. 1).

En su testamento del 14 de noviembre de 1681, Vera Mujica menciona como única chacra, ésta a “media legua desta dicha Ciudad, llamada Las Higueras, de esta parte del río, que heredé de dichos mis padres” 1. E. A,,

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 55

o .

documento N9 3462); pero en la tasación practicada el 26 de octubre de 1690, se la sitúa a una mayor distancia: “Unas tierras y chacra una legua

poco más o menos de esta' Ciudad río abajo, donde están unas higueras que

(13)

en dicho su testamento declara por sus bienes, heredada de sus padres...” Fue adjudicada a su hija natural Petronila de Vera (A. H. P., Exp., Escr. 19, leg. 169, exp. 3, f. 36 v. y 101 v.).

Fue dada en merced a Cáceres en 1573 por el Fundador, como se dijo en el texto. Á su muerte, ocurrida en 1574, la heredaron su mujer Ana de Rosales y su hijo Cristóbal de Cáceres (nombre de confirmación, pues el de bautismo era Diego); y, por escritura labrada el 10 de octubre de 1611, la donaron al convento de Nuestra Señora de la Merced: “...una chácara que fue de Diego de Cáceres, a media legua de esta dicha Ciudad el río abajo en el segundo ancón, que por la parte de arriba linda con tierra y chácara de Luis de Abreu y por la otra con chácara de Antón Berrú”. Tomó posesión el padre comendador fray Pedro de Villavicencio el 17 de octubre siguiente, “estando en el sitio y tierra que llaman el segundo ancón, el río abajo de esta Ciudad que será como tres cuartos de legua o media legua de la dicha Ciudad... que como un tiro de piedra del dicho ancón están en una barranca de él unas casas que dicen son de doña Mariana Chavero...” (1bid., leg. 199, exp. 1).

Interesa a nuestros fines, avanzar con la correlación de títulos de esta chacra hasta tiempos más cercanos, y referir que el 1% de diciembre de 1764, el padre comendador fray Juan Miguel Palacios, de la orden mercedaria, otorgó escritura de venta “de las tierras que pretende comprar Pedro de Almada que tiene este Convento como cosa de tres cuartos de legua de ella [la ciudad] en el segundo ancón, que hubo de doña Ana de Rosales y don Cristóbal de Cáceres... que por la parte de arriba lindan con tierras que fueron de don Luis de Abrego y hoy parece que posee don José de Ariza, y por la de abajo lindan con tierras de los herederos de Pedro de Almada que fueron de Antón Berrú...” (Ibid. leg. 498, exp. 2).

Los herederos de Almada vendieron el 22 de noviembre de 1794 a don José Asensio Ortiz un pedazo de terreno comprado a los mercedarios “río abajo de esta Ciudad, desde el segundo ancón para abajo hacia el Naciente, a lindar con tierras de dicho Ortiz. al Poniente con tierras de don Luis de Abrego que hoy posee don José de Ariza, al Norte hasta topar con el río, y al Sur el fondo que le corresponde...” (1bid., leg. 498, exp. 2).

Si no supiéramos, por lo que ya se ha demostrado en este capítulo, que las chacras que venimos estudiando se extendían a la margen Sur del rio, desde el Pucará actual aguas abajo, es decir, hacia el pueblo San Vicente, lo sabríamos ahora con la mención que los títulos últimamente citados hacen del límite occidental de la propiedad de los Almada. Es un hecho notorio, en efecto, que la parte Este de las tierras de don José de Ariza —el Bajo de Áriza— corresponde al pueblo San Vicente; y, por otra parte, consta el ti- tulo de dominio de Ariza sobre ese inmueble: la escritura de venta otorgada a su favor el 18 de enero de 1579 por don Pedro de Urtubey, de “una chacra que tengo en distancia de media legua más o menos de esta dicha Ciudad que se compone de media legua más o menos de Oriente a Poniente y otro tanto de Norte a Sur, y se halla de esta banda del riv abajo de esta dicha

56

CarLOs Luque COLOMBRES

Ciudad, y se entiende las dichas tierras de esta venta pasando la barranca que llaman del Pucará y caídas para el bajo que hace hasta la subida de una lomita que está arriba de la población, y por lo que hace al ancho que es de Norte a Sur, principian dichas tierras desde el referido río tirando al Sur la citada media legua, más o menos, con todo lo que bajo de ellas se halla edificado y poblado...” (Ibid., Prot., Escr. 1%, leg. 142, f. 2). Y la mensura que en 1791 se practicó a requerimiento de Ariza, fijó como punto de partida el “ancón del Pucará” (1bid., Exp., Esc. 1?, leg. 498, exp. 2).

(14) No se halla el título de la merced de esta chacra a favor de Rodrigo Fernán-

dez; pero el nombre del beneficiario figura en documentos posteriores, como se verá a continuación:

El capitán Antón Berrú, en su testamento del 11 de setiembre de 1578, declara entre sus bienes “una chácara de riego de dos mil pies de frente y otros dos mil de largo”; y renglones más adelante expresa: “lten mando a mi hijo natural Antón Berrú la mitad de la chácara de regadío del medio para arriba, ques (sic) que le ha de caber la casa, alinde de la viuda hija de Blas de Rosales (Ana de Rosales)...” (1bid., Prot., Escr. 1*., leg. 3, f. 218). Al practicarse las operaciones de Inventario, figuran ambas mitades como “dos suertes de chácaras que están en el ancón que llaman de Blas de Rosales que solían ser de riego, alinde con chácara de Nicolao de Dios...” (1bid., Exp., Escr. 1*?, leg. 2, exp. 5). Las dos fracciones recayeron en el nombrado hijo natural, según surge de la escritura otorgada el 26 de diciembre de 1582 a favor de éste, por el albacea Pedro de Villalba, quien le hizo donación de “una chácara de riego, la cual hubo el dicho capitán Antón Berrú de Rodrigo Fernández, la mitad de lo que quedó, para que se junte toda en uno,... que alinda con chácara de Diego de Cáceres, por la parte de arriba, y por la parte de abajo con chácara que fue de Blas de Rosales” (Ibid., Prot. Escr. 1?, leg. 2, f. 136).

Por una sumaria información incoada el 17 de agosto de 1612, consta que Antón Berrú el Mozo, llamado también “el Montañés” por ser mestizo, vendió luego la chacra a Antonio Suárez Mejía. Uno de los testigos, Juan de Barrientos, declaró, en efecto, que Suárez Mejía había comprado a Antón Berrú, el Montañés, hijo de Antón Berrú, ya difunto, la “media chácara que había heredado de su padre, río abajo por la parte baja del ancón y que oyó después cómo dicho Antón Berrú había vendido la otra media chácara al mis- mo Suárez Mejía”. En consecuencia, se resolvió poner en posesión del in- mueble a doña Mariana Chavero, viuda a la sazón de Suárez Mejía (Ibid.,

Exp., Escr. 1?, leg. 199, exp. 1).

(15) Merced concedida por don Jerónimo Luis de Cabrera en 1573, como se refirió

en el texto. Fue dividida en fracciones, según se desprende de los documentos siguientes:

a) El 20 de mayo de 1575, Francisco Sánchez vende a María Francesa y a Isabel Francesa, hijas menores del capitán Nicolao de Dios, “una chácara que yo he y tengo e hube del almoneda de Blas de Rosales, difunto, la cual ha por linderos por la una parte con chácara de Rodrigo Fernández, y por la otra parte con chácara del dicho Francisco Sánchez, que tiene ochocientos y cincuenta pies la dicha chácara que así os vendo, con el largor que tiene en la merced de el dicho Blas de Rosales...” (1bid., Prot., Escr. 1?., leg. 1,

£ 16 y.).

UnicAcióN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 57

Don Lorenzo Suárez de Figueroa (16). Luego seguía, otro ancón, pertene- ciente también a Suárez de Figueroa (17).

A raíz de ventas y sucesiones, esta nómina se había ya modificado

parcialmente para el 19 de marzo de 1577, fecha en que se extiende a favor de don Baltasar Maldonado, título de merced, hacia el monte y sabana alta, de “todas las cabezadas de las chácaras que tienen en el

(16)

b) El 2 de julio de 1575, Francisco Sánchez vende a Juan de Soria “una chácara que yo he y tengo en esta dicha Ciudad en el ancón que está por bajo del ancón del Gobernador don Jerónimo de Cabrera, difunto; tiene por cabezada por el río abajo seiscientos pies y de largo todo lo que tiene la merced de dicha chácara que tiene Blas de Rosales, difunto, de quien hube la dicha chácara, que ha por linderos por la una parte con chácara de Ni- colao de Dios y por otra parte con chácara que yo tengo” (Ibid., leg. 1, £ 20).

Merced concedida por don Jerónimo Luis de Cabrera el 31 de diciembre de 1573, “de un pedazo de tierras que están el río abajo, linde con tierras de Blas de Rosales e del dicho capitán don Lorenzo Suárez de Figueroa, las cuales tierras ternán una fanega de sembradura poco más o menos” (A. H. M, L. de M., f. 10). Más tarde las donó a Mateo de Rosales, quien el 20 de marzo de 1592 vende a Catalina Pérez, viuda de Andrés Pajón “una chácara que tengo este río abajo de San Juan que está por bajo de las chácaras que dice del ancón de Blas de Rosales e junto al ancón del general dom Lorenzo Suárez de Figueroa, conforme a la donación que de dichas tierras me hizo el dicho General” (A. H. P., Prot., Escr. 1?, leg. 7, f. 277).

(17) No nos ha llegado el título originario de esta merced; pero se alude concre-

tamente a ella no sólo en aquel auto del 31 de diciembre de 1573, citado en el texto, y en los instrumentos transcriptos en la nota anterior, sino también, como punto de referencia, en la merced otorgada por el Fundador el 7 de diciembre de ese año de 1573 a favor de Diego Hernández. “de otro pedazo de tierras en un ancón por bajo del ancón del dicho don Lorenzo Suárez de Figueroa” el río abajo (A. H. M., L. de M., f. 3).

Citaremos, además, la carta dotal extendida por Suárez de Figueroa en San Lorenzo el Real, el 26 de octubre de 15% con motivo del casamiento de su hija doña Catalina, donde incluye, entre otras tierras situadas a tres, cuatro, seis, diez y catorce leguas, “una chácara que ansimesmo tengo una legua de la dicha Ciudad de Córdoba, el río abajo, que me cupo por suerte y caballe- ría al tiempo de la fundación de la dicha Ciudad, que alinda con el ancón de Nicolao de Dios” (A. H. P., Exp., Escr. 2%, leg. 9. exp. 5). Designa con ese nombre al ancón vecino, por el hecho de que Nicolao de Dios fue propietario de una de sus últimas chacras, según hemos visto, a raíz de la venta efec- tuada por Francisco Sánchez, sucesor de Rosales, a favor de María e Isabel Francesa, hijas menores del susodicho, quien en su testamento del 2 de julio de 1579, declara tener una chacra “en la acequia de Nuestra Señora de la Conccbición en el ancón que llaman de Blas de Rosales” (1bid., Prot., Escr. 1. loz 5, Y),

58 CarLos Luque COLOMBRES

ancón de Blas de Rosales, Jerónimo García de la Jara y Diego de Cá- ceres y Ána de Rosales y doña Juana de Abrego y el capitán Antón Berrú y Nicolao de Dios” (18),

Y con esta cita cerramos el parágrafo destinado a probar que los linderos del ancón de don Jerónimo Luis de Cabrera —esto es del pa- raje hoy llamado Pucará— eran totalmente diferentes de los linderos del ancón del Fuerte.

D) Que en ninguno de los títulos y escrituras en que se mencionan la chacra del Fundador y las con ella limítrofes se alude al Fuerte como punto de referencia, ha quedado asimismo demostrado en las notas con que ilustramos el párrafo anterior, donde se han transcripto las expre- siones textuales que describen y localizan dichos inmuebles. Muy elo- cuente es el contraste que se advierte entre esos términos y los usados al individualizar las chacras del ancón de Santa Eulalia. Así, verbigra- cia, cuando el 25 de junio de 1575 Alonso Martínez vende a Tristán de Tejeda su propiedad en el ancón que acabamos de nombrar, la sitúa “en el ancón que está por bajo del Fuerte” (19); en cambio, una semana más tarde, el 2 de julio, al vender Francisco Sánchez su chacra en el ancón de Rosales a Juan de Soria, la ubica “en el ancón que está por bajo del ancón del Gobernador don Jerónimo de Cabrera, difunto” (20).

Por estas cuatro vías se concluye, categóricamente, que el Fuerte no estuvo en el lugar hoy llamado el Pucará.

Pero ¿por qué este paraje fue bautizado con ese nombre? ¿Cuál es el origen y la razón de esta denominación con que es conocido desde tiempos antiguos?

Monseñor Cabrera responde a nuestro interrogante, al afirmar que en la barranca bermeja que se alzaba en ese terreno “estuvo emplazado el fuerte indio de Quisquisacate” (21). Señala, así, la coexistencia de dos entidades homónimas: el pucará de los españoles y el pucará in- digena.

—_—_—

(18) A. H. M., L. de M., f. 40,

(19) A. H. P., Prot., Escr, 12, leg. 1, f. 19,

(20) Ibid., leg. 1, f 20.

(21) Córdoba de la Nueva Andalucía, págs. 69-71.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 59

Respetamos la autorizada lección del eminente investigador; sin embargo, debemos exponer nuestras dudas acerca de la validez de esa interpretación.

No hemos encontrado, ni Monseñor Cabrera cita, documento alguno que aluda a los dos baluartes; pero si bien el silencio de los papeles pudo suplirse con una hipótesis tan lógica, hallamos que ésta, aunque no contradicha, tampoco aparece confirmada a través de la literatura ins- trumental de la época.

En efecto; las contadas ocasiones en que figura la palabra pucará en manuscritos de esos primeros años, fue empleada para nombrar úni- camente el Fuerte construído por los españoles: a él se refería el Fun- dador al conceder el 12 de marzo de 1574 las mercedes de tierra a Pedro de Caravajal y a Antonio Rodríguez, a legua y media el río arriba “de la parte de este Pucará” y “desta parte del Pucará”, respectivamente (22), y no sólo porque el Gobernador actuaba desde el Fuerte, sino porque así se expresa en la escritura de venta que de esas tierras otorgara a favor de Juan Bautista Noble, Diego de Caravajal, sucesor de su primo Pedro en el dominio (23), el 18 de noviembre de 1575, donde se las ubica “legua y media deste Fuerte” (24). Otro tanto ocurre con el nom- bramiento de Teniente de Gobernador extendido por Abreu a Suárez de Figueroa, que es fechado el 15 de marzo de 1574 “junto al Fuerte y Pucará de la ciudad de Córdoba” (25). Y cuando Pedro de Olmedo, al testar el 16 de octubre de 1613, enumera entre sus bienes “una chácara por bajo del Pucará” (26), también se refería al mismo baluarte, como que esa chacra quedaba “de la otra banda del río” —agrega el testa-

(22) A. H. M,, L. de M., £. 11.

(23) El 5 de noviembre de 1575, en efecto, Pedro de Caravajal. estante. había hecho “donación, cesión y traspasamiento perfecta no revocable que es dicha entre vivos, a vos Diego de Caravajal, mi primo, que está presente. de todo aquello que pareciere tener en esta dicha Ciudad, ansí bienes raíces como muebles, chácaras o solares y cuadras y estancias...” (A. H. P., Prot.. Escr. 1%. leg. 1, €, 20),

(24) Ibid., leg. 1, f. 2.

(25) Archivo Municipal de Cúrdoba, Tomo 1. pág. 143.

(26) A. H. P., Prot, Escr. 1%, leg. 24 f. 290.

60 Cantos Luque COLOMBRES

mento— y en el ancón grande o acequia de Santa Eulalia, que se ha- llaba aguas abajo del fuerte español, según se vio en el capítulo II. Las únicas veces, pues, que se menciona el vocablo quechua en documentos de la primera época, citados por el propio Monseñor Cabre- ra, es para designar el asiento de los conquistadores. De haber existido otro pucará en las inmediaciones, el de los es- pañoles habría sido nombrado con algún adjetivo que lo distinguiera

para evitar confusiones. Pero hay más, aún. Si el Pucará actual hubiera servido de empla-

zamiento a un fuerte indígena ¿no se lo mencionaría como punto de referencia en lugar de “barranca bermeja do bate el rio”, “chácara del Fundador” o de cualesquiera de las otras formas corrientes en esos pri- meros años para señalar el rumbo y la distancia de las chacras inme- diatas o próximas?

En consecuencia, podemos aseverar que no es probable que el Pu- cará actual deba su nombre a la circunstancia supuesta por el autor de Córdoba de la Nueva Andalucia.

Si a comienzos del siglo XVII todavía no se lo llamaba de esa manera, habrá que buscar la causa en épocas posteriores. No nos ha sido posible llegar a precisar el momento en que aproximadamente co- menzó la vigencia del nombre Pucará aplicado a este paraje. Un acta del Cabildo, fechada el 8 de febrero de 1675, el documento más antiguo que hemos encontrado relacionado con el punto que procuramos diluci- dar, da a entender que desde algún tiempo atrás el lugar era así deno- minado: prohibíase sacar piedras del río “desde dos cuadras arriba de la toma de la acequia desta dicha Ciudad hasta el término de pasado el término de la Ciudad, río abajo, llamado el pucará”(27). Pensaríamos que los cabildantes pudieron haber querido referirse al sitio donde estuvo el fuerte español si no supiéramos que los ejidos de la Ciudad termina- ban, efectivamente, “en la barranca bermeja a do vate el río que es en la chácara de don Jerónimo Luis de Cabrera”, o sea en el Pucará actual, conforme al auto del gobernador Abreu de Figueroa del 4 de mayo de

1579.

(27) A. H. M., A. C., Libro 12, f. 76.

Ubicación DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 61

Debemos, por lo tanto, fijar en el siglo XVII el origen del topo- nímico con que fue designado no sólo el lugar de marras, sino también el río Primero en toda su longitud, según consta en mapas y textos geo- gráficos de la centuria siguiente.

Si pudiera probarse que el río comenzó a ser llamado “Pucará” antes que el paraje, podría inferirse que aquél tomó ese nombre del fuerte hispánico para transferirlo luego a las barrancas que descendían hacia su ribera meridional, formando la “bajada del Pucará”. Pero, aparte de que habría que extremar los argumentos para una deducción tal, no hemos hallado sobre esa denominación del río, ninguna referen- cia anterior a 1722, fecha de un mapa reproducido por el P. Guillermo Furlong Cardiff en su Cartografía jesuítica del Río de la Plata (28).

Asimismo, si pudiéramos demostrar que en el siglo XVII se hubiera dispuesto levantar allí algún fortín o mangrullo para defensa de la ciu- dad inmediata, se explicaría la designación del paraje con su sinónimo indígena, ya adoptado por los colonizadores desde la fundación. Pero los viejos papeles no nos dan noticia alguna, ni ha quedado memoria o huella que base a la suposición.

Sólo caben, en consecuencia, interpretaciones hipotéticas que sa- tisfagan tan legítima curiosidad aunque sea de modo provisional, hasta que un testimonio fehaciente nos la respuesta definitiva.

El erudito padre Grenón, en su Diccionario documentado de nuestra terminología, donde junto a cada palabra transcribe el párrafo en que la ha encontrado con una determinada acepción, al ocuparse del vocablo “Pucará” se limita a reproducir un pasaje tomado de la Relación histó- rica del viaje a la América Meridional, escrita por Jorge Juan y Antonio

(28) Buenos Aires, 1936, Tomo 1, pág. 44, y Tomo IT, N* IX. Idéntica nomencla- So repiten los mapas de 1728, 1732, 1756, 1772 y 1789. que figuran en dicha obra.

Peoro MuriLo VeLarDs, autor de Ceografía Histórica, sitúa la ciudad de Córdoba “sobre el Río de Pucará” (Libro IX. Madrid. 1752, pág. 329; y ANTONIO ÁLcEDO, en el artículo “Pucará” de su Diccionario Geográfico Histórico de las Indias Occidentales o América, enseña: “Un río de la Pro- vincia y Gobierno del Tucumán que nace en las montañas de la Ciudad de Córdoba, pasa por delante de ella corriendo al E, y entra en el Salado”; al par que le atribuye también ese nombre a un pueblo “de la Provincia y Go- bierno del Tucumán en el mismo Reyno, y del distrito de la Ciudad de Cór-

62 CarLos Luque COLOMBRES

Ulloa en 1748; y esta cita nos marca un rumbo que creemos puede con- ducirnos a la formulación de otra hipótesis (29). La hallamos en el Libro V, destinado a relatar el viaje desde Guayaquil a Quito: “El día 18 a las 6 de la mañana —expresan— marcó el thermómetro en Cruz de Cañas 1010; y empezando no desigual camino a el del día anterior, llegamos al sitio que en lengua del país llaman Pucará, y es el fin de la cuesta. Su nombre corresponde en Castellano a Puerta o Paso estrecho de la montaña, acaso alusivo al genuino significado de Pucará, que es el de fortaleza o lugar fortificado, por lo que el tal paso lo está a ex-

pensas de su sola situación y estrechura (30).

La lógica suposición de los célebres geógrafos y viajeros puede trasladarse a nuestro caso. El Pucará cordobés ¿no presentaba —como presenta— análogas características topográficas de puerta o paso estre- cho fácilmente defendible, a la manera de una fortaleza natural? Situado a la salida de la Ciudad, era tránsito obligado para seguir no sólo el camino a Buenos Aires, sino también a los pueblos del Sur de esta Provincia, como que ya en el escrito inicial del juicio sucesorio de doña Ana Díaz Caballero, fechado el 11 de agosto de 1681, se lee que ésta falleció “en el alto del Pucará”, mientras venía de su estancia de

doba, situado a orilla del Río Primero” (Tomo IV, Madrid, 1788, pág. 301). Posiblemente Alcedo recogió este último dato, del mapa de América Meridio- nal de don Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1776), donde el río figura con el nombre de “Primero” y atribuye el de “Pucará” a un poblado que ubica a unas ocho leguas al Este de la Ciudad, sobre la margen Norte de aquel. Creemos que se trata de un error de información; por lo menos no consta que para esa fecha y en el lugar que el mapa indica, haya existido población alguna con tal nombre.

Citaremos, finalmente, el Informe del Obispo Moscoso al Rey, redactado por el Deán Funes en 1801, donde después de hablar de la fundación de Córdoba se agrega: “Habitaban en ese asiento los indios comechingones a la ribera de un río que hoy se llama Pucará” (BIBLIOTECA DE LA REVISTA DE BUENOS Ames, Tomo único, Memorias y Noticias para servir a la historia antigua de la República Argentina, Buenos Aires, 1865, pág. 27).

(29) Peoro CRENÓN. op. cit., pág. 163, (30) Madrid, 1748, Tomo l, parágrafo 511, pág. 292,

Unicación DeL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN CÓRDOBA 63

Pampallacta en el río Tercero (31). Es muy posible, por lo tanto, que los cordobeses del siglo XVII comenzaran a denominar con ese término el estratégico paraje que custodiaba naluralmente la entrada de la po- blación. El fuerte o pucará de la otra banda del río, abandonado des- pués de 1577, habría puesto en sus labios la familiar voz quechua para nombrar con ella la antigua posesión de don Jerónimo Luis de Cabrera, donde se levantaba “la barranca bermeja do bate el río”.

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(31) A, H. P., Exp. Escr. 1*, leg. 153, exp. 8.

CarítuLO VI

UBICACIÓN DEL FUERTE

Sumario: Conclusiones anteriores. El antiguo curso del río y brazos en que se bifurcaba. Comprobación geológica, cartográfica e instrumental. La merced de

Pedro de Villalba y la chacra de Amado. Mensura de 1788. Pleito entre el monasterio de Santa Catalina de Sena y don Javier de la Torre. Ubicación del ancón del Fuerte: nuestra tesis.

Han quedado rebatidas con pruebas terminantes, las tres tesis en que agrupáramos las distintas opiniones vertidas sobre la ubicación del Fuerte. Debemos proseguir la investigación desde el punto en que la suspendimos al asentar las conclusiones del capítulo 1V, según las cuales aquél estuvo emplazado aguas abajo del asiento definitivo de la Ciudad, a la otra margen del río y a una distancia que, provisional y aproxima- damente, fijamos en un kilómetro o poco más del estanque de don Gon- zalo Martel de Cabrera, que se hallaba situado en las inmediaciones de la esquina formada por las actuales calles Santiago del Estero y Lima. Es decir que el histórico baluarte habría estado hacia el pueblo General Paz.

Si atendiendo a la configuración actual del curso del río en esa zona pretendiéramos localizar el ancón respectivo sobre la base de aque- llas conclusiones, correríamos el riesgo de dar al problema una solución errónea y contraria a la realidad histórico-geográfica. De ahí que nos hayamos impuesto como tarea previa, la determinación del cauce fluvial sobre el cual fueron repartidas originariamente las nueve chacras entre el Fuerte y el estanque de Martel.

66 CarLos Luque COLOMBRES

Comprobaciones que en seguida analizaremos, demuestran que, des- pués de pasar inmediato a la calle Santa Rosa - Lima en dirección Oeste- Este, el río se bifurcaba en dos brazos: uno de ellos, es el actual, que desciende hacia el Sureste y al llegar a la altura del Pucará tuerce su curso hacia el Noreste; el otro, ya desaparecido, formado por las ave- nidas, continuaba la dirección Oeste-Este, atravesando lo que hoy es el pueblo General Paz, hasta juntarse nuevamente con el brazo anterior. Ambos cauces rodeaban, pues, una especie de isla (1).

Para reconstruir esa madre antigua ahora inexistente, nos hemos servido de estudios geológicos, de constancias cartográficas y de docu- mentos, que relacionaremos a continuación. .

Citaremos en primer lugar, el interesante trabajo publicado por el doctor Juan Olsacher en Anales de la Sociedad Científica Argentina, en 1934, con el título La aerofotografía como medio auxiliar de la ciencia, donde el autor diseña el viejo curso del río a su paso por la Ciudad, valiéndose del plano confeccionado en 1927 para la Municipalidad.

Después de consideraciones generales acerca de las curvas o mean- dros que forman los ríos en las llanuras, expresa: “Del examen prolijo del plano aerofotográfico de Córdoba he podido descubrir la existencia de varios de tales meandros o cauces antiguos del Río 1% y que en el terreno ya no pueden advertirse, pues está cubierto de vegetación, culti- vos o construcciones”; y para ilustrar las conclusiones obtenidas, acom- paña el gráfico que reproducimos (lámina V) (2).

Podría pensarse, y con razón, que el carácter geológico de ese des- cubrimiento no nos permitiría afirmar que el brazo así reconstruido hu- biera existido todavía en la época de la fundación; pero es el caso que aún figura demarcado en el plano del municipio levantado por el in- geniero Albano M. de Laberge, impreso en París en 1860. Su punto de

(1) El punto de confluencia sería el aludido por el Fundador en el auto de repar- timiento de chacras del 7 de diciembre de 1573, al prohibir se sacaran acequias del río desde la toma de San Cristóbal “hasta la junta de los dos brazos e ríos que hacen el río caudal de esta Ciudad” (A. H. M., L. de M., f. 6).

(2) Tomo CXVIIL Buenos Aires, 1934, pág. 76.

LAMINA V

Reproducción del gráfico ejecutado por el doctor Juan Olsacher, publicado en la

página 80 de Anales de la Sociedad Científica Argentina, tomo CXVIU, Buenos

Aires, 1934, con la siguiente leyenda: “El cauce del Río 1% a la altura de la

ciudad de Córdoba. Grisado, curso actual. Negro, cauces abandonados y descubier- tos aerofotográficamente”.

Por nuestra parte hemos añadido el rectángulo con líneas de puntos, correspon- dientes al sitio de la traza urbana definitiva, y la flecha, que señala el brazo desa: parecido del río, aludido en el Capítulo VL

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68 CarLos Luque COLOMBRES

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origen se señala claramente entre las calles Lima y Catamarca (lámina V) (8).

Por otra parte, documentos administrativos, notariales y judiciales de los siglos XVI y XVII, referentes a los terrenos ocupados por el pueblo General Paz, hacen mención del río y de la isla formada por él al mismo tiempo que relacionan circunstancias ya destacadas por noso- tros en capítulos anteriores. Helos aquí:

El 12 de abril de 1575, el teniente de gobernador Suárez de Figue- roa señaló a Pedro de Villalba “un pedazo de tierras que el río de esta Ciudad hace isla que es en el camino que va desde el Fuerte al asiento de la Ciudad y acaba en la frontera de la barranca bermeja a do bate el río, y de la otra una madre de rio que de avenidas entra por ella y

la cerca...” (4).

Por herencia recayó esta merced en una de las nietas del beneficia- rio, doña Engracia de Frías y Villalba, quien el 25 de marzo de 1672 vendió al capitán Fernando Amado ese pedazo de tierras “que está en

(3) Este plano fue reproducido en llustración Histórica Argentina, Buenos Aires, 1908, de donde lo tomó, a su vez, el padre Pedro Grenón, para publicarlo en el Cuaderno N% 2 impreso por la Municipalidad de Córdoba con motivo del IV Congreso Histórico Municipal Interamericano reunido en Buenos Aires en 1949. El nombrado sacerdote nos facilitó generosamente el ejemplar de la HNustración a fin de que obtuviéramos la fotografía que insertamos en estas páginas.

Planos posteriores al de Laberge, tales los de Eduardo Saint Remy Urban (1870), Miguel Potel Junot (1878), Departamento Topográfico (1883) y Gui-

llermo Bodenbender (1890), ya no señalan ese brazo; pero en cambio de- ..

marcan en el mismo lugar el recorrido de la acequia recién construída para entonces, que regaba hasta hace poco tiempo, el sector Sur del pueblo Gene- ral Paz, con su boca-toma situada a la altura del Mercado de Abasto. Después de correr hacia el Sur en forma subterránea y paralela al río, por la calle

Ovidio Lagos, el caudal emergía a flor de tierra precisamente a la altura de

la calle Lima, para torcer su curso hacia el Este, siguiendo la misma direc- ción que la fijada al viejo brazo en los gráficos de Olsacher y Laberge. Ello nos lleva a inferir que, para esa sección de la acequia, se habría aprovechado

el desnivel propio del cauce desaparecido, circunstancia que nítidamente apa-

rece de manifiesto en el plano de Potel Junot, donde el último tramo de Ja misma, varias cuadras antes de desembocar nuevamente en el río, en el llu- mado “bajo de los perros”, es diseñado a la manera de un cauce natural, (4) Transcripto por monseñor Cabrera en Córdoba de la Nueva Andalucía, páy. 149. Asimismo tuvimos oportunidad de leer un traslado de fines del siglo XVII,

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UnicAcióN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA . 69

el camino que se viene desde el Fuerte a esta Ciudad y comienza a correr desde el estanque que fue de don Gonzalo Martel y acaba en la frontera de la barranca bermeja donde bate el río, que linda por una parte con

el río que baja de esta Ciudad, y de la otra parte con otra madre de río

antiguo que de avenidas solía correr por ella cuando dicho río corría arrimándose a esta Ciudad, con que viene a hacer a modo de una isla el dicho pedazo de tierras” (5).

En el lapso de un siglo transcurrido entre el título de merced y la escritura de venta, se había producido aquella variante a que aludimos en el capítulo IV: el río, que anteriormente corría próximo a la ronda Norte de la Ciudad, se había alejado de ella. En consecuencia, la madre formada por sus avenidas, que atravesaba el pueblo General Paz, ya no recibía sus aguas.

Otros pormenores de interés proporciona la petición formulada por el capitán Amado a las autoridades para que se le diera posesión del te-

reno adquirido: “...Por escritura que ante V.M. presento con ésta —decía—

consta habérseme vendido un pedazo de tierras que el río de esta Ciudad hace isla, la que está como venimos del Fuerte a esta Ciudad a mano

izquierda, que comienza desde el estanque que fue de don Gonzalo Mar-

tel y acaba en la frontera de la barranca bermeja, que por la una parte el río y por la otra una madre antigua del río la cerca y hacía isla. Por cuanto no hay al presente quien diga a dónde fue el dicho estanque y conviene a mi derecho tomar posesión de dicha isla por la justicia real, pido se me desde adonde se reconoce que fue la entrada de la madre del río que señala la dicha escritura, que es desde la barranca que está poco menos de una cuadra por encima del camino real que va desde esta Ciudad a Guanusacate, y siguiendo la dicha madre del rio antigua

hasta por bajo de unos sauces, a la barranca que asimismo señala la dicha escritura” (6).

aulorizado por el escribano don Luis Irquierdo de Guadalupe, en el archivo del doctor Manuel Augusto Ferrer.

(5) Ibid., pág. 150; y A. H. P., Prot. Escr. 1%, leg. 72, s/f.

(6) Do acuerdo a ese pedido, el alcalde ordinario le dio la posesión el 25 de mayo siguiente, “puesto en frento de la barranca bermeja. río en medio, y en los

..

70 CarLos Luque COLOMBRES

El que en 1672 no hubiera quién dijese dónde estuvo el estanque de Martel, se explica por el tiempo transcurrido y la transformación operada en el terreno por la modificación del curso de las aguas; pero lo cierto es que se lo localizó aproximadamente al fijarse como punto de referencia la entrada de la madre antigua del río, denunciada por esa barranca situada a poco menos de una cuadra del camino que iba desde la Ciudad a Jesús María, cuyo recorrido no ha variado esencialmente desde entonces hasta ahora (7).

Subrayaremos, por último, expresiones contenidas en los tres párra- fos documentales transcriptos, referentes a la situación de la isla, la cual se hallaba: a) “en el camino que va desde el Fuerte al asiento de la Ciudad”, según el título de 1575; b) “en el camino que se viene desde el Fuerte a esta Ciudad”, según la escritura de 1672; y c) “como veni- mos del Fuerte a esta Ciudad, a mano izquierda”, según especifica el capitán Amado al solicitar posesión, esto es, al Sur del camino.

Pero en el capítulo 111 vimos que los títulos de las nueve chacras cuya propiedad recayó en el bachiller José de Bustamante, señalaban idénticos puntos de referencia, pues también se hallaban camino del Fuerte, entre éste y el estanque de don Gonzalo Martel de Cabrera, y se escalonaban sobre el río, aguas abajo de la Ciudad. De donde se con- cluye que dicho río separaba la isla de las nueve chacras y que no era otro que aquella madre antigua aludida en los documentos transcriptos

y demarcada en el plano de 1860.

Es decir que el ancón del Fuerte se hallaba al extremo del camino que partiendo de las inmediaciones del ángulo Noreste de la traza ur- bana, seguía hacia el naciente por la margen Norte del cauce desapa-

recido.

lindes que cercan dicho paraje, por la parte del río abajo una isleta que hace de cauces, y por la parte de arriba, hasta la madre del río antigua de esta dicha Ciudad, por donde se divide por la parte que hoy corre...” (Ibid., pág. 150).

(7) El camino a Jesús María o Guanusacate, a su salida de la ciudad, pasaba, como ahora, por la actual calle Esquiú. Así nos informó el ingeniero Ernesto Piotti, antiguo e ilustrado vecino del pueblo General Paz, y ex Jefe del De-

partamento Topográfico de la Provincia.

,

UbIcACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA T

Ese camino que unía el Fuerte con el asiento definitivo de la Ciudad, debió de ser el costanero formado por los cien pies de calle existentes entre cada una de las chacras y el río o madre antigua.

A su costado Norte se extendía la suerte de tierras de Bustamante, integrada por aquellas nueve chacras; y a su costado Sur, la isla de Villalba o bajo de la chacra, como se la llama en un documento que transcribiremos. ds

- Ambas propiedades llegaron a constituir una sola entidad territorial y jurídica, cuando el dominio de ellas pasó al capitán Fernando Amado y a su esposa doña Micaela de Oscaris, en 1672 y 1673, respectivamente, conforme hemos visto (8). Y el conjunto de tierras así reunido, conocido con el nombre de chacra de Amado, estuvo en poder de esta familia hasta el año 1690, en que doña Micaela lo traspasó al monasterio de Santa Catalina de Sena. e

Sábese, en efecto, que la nombrada señora había sido abandonada por su esposo con deudas pendientes y sin recursos para afrontarlas. Entre ellas figuraba un censo de quinientos pesos de capital y veinticinco de tributo, impuesto sobre las casas de su morada, a favor del citado monasterio, cuyo procurador inició la demanda pertinente el 26 de enero de ese año. La deudora propuso un arreglo, ya “que el dicho mi marido me ha dejado destituída de mucha parte de mis bienes dotales y sin dejar con qué pagar los dichos corridos y alcance que se hace, y tan solamente dejó una chacra poblada con casa, corral y cercos de sementera y un horno en ella de quemar teja y algunas maderas con que podré yo satis- facer así el principal como el dicho alcance...” (9).

Aceptada la propuesta por el procurador, previas las diligencias su- marias y la correspondiente autorización judicial, se labró la siguiente escritura con fecha 20 de abril:

“Yo la dicha señora Micaela de Oscaris Viamonte y Navarra otorgo y Conozco a favor del monasterio de Monjas de Señora Santa Catalina

(8) Ya dijimos en el capítulo III. que el bachiller José de Bustamante, dueño de las nueve chacras originarias, las donó a la mujer de Amado en fecha 28 de abril de 1673,

(9) A. H. P., Exp, Escr. 1%, leg. 171, exp. 6; TI. E, A., documento N9% 3441.

72 CarLos Luque COLOMBRES

de Sena, que le vendo, doy, cedo, renuncio y traspaso la dicha chácara poblada, con todos los derechos y acciones que a ella tengo y me per- tenecen en virtud de título de merced, compra y donación que hemos poseído con el dicho capitán Fernando Amado por tiempo de veinte años, por la donación general que me hizo el bachiller don José de Bustamante, deán de la Santa Iglesia Catedral de este Obispado, y por compra que hizo dicho Fernando Amado a doña Engracia de Frías, del bajo de la Chacra, y por merced que obtuvo de las demasías de tierras de ella por la parte del Norte hacia la sabana; todo ello se lo doy, cedo y renuncio al dicho Monasterio, con lo edificado y plantado en ella, que lindará con tierras del sargento Salvador Suárez y con el río de esta Ciudad...” (10).

Casi un siglo después, en diciembre de 1788, el síndico del Monas- terio, don Miguel de Learte, solicitaría del Teniente de Gobernador In- tendente la mensura de esas tierras, expresando: “...Como por los do- cumentos en testimonio que en debida forma presento y juro, consta de la propiedad de la chácara que fue de Amado haber recaído en mi Mo- nasterio, y aunque éste ha gozado sin interrupción de la posesión de ella hasta el presente, que en arrendamiento la tiene el pardo Juan Pa- blo, no obstante, para obviar dudas y confusiones en lo sucesivo, con- viene a mi parte se mensure rectamente de la frente de este río desde el fuerte viejo a el ancón que señala la donación hecha a doña Micaela de Oscaris, mujer de Fernando Ámado (ancón de don Gonzalo Martel), con las dos leguas de sabanas desde dicha línea (11), e inclusión de toda la rinconada que forma la vuelta del río como lo explica la escritura de cesión (el bajo de la chacra), amojonado su cuadro; y citando por la parte de abajo a los que poseen las tierras que fueron de don Gonzalo Martel y por la de arriba en quien hubiere recaído el fuerte viejo que el río le arruinó por estar sito en la rinconada que forma el río frente

(10) Ibid. Véase también Córdoba de la Nueva Andalucía, pág. 151.

(11) Estas “dos leguas de sabanas” vinieron a acrecentar la propiedad de Amado, “por merced que obtuvo de las demasías de tierras de ella por la parte del Norte...”, conforme lo expresa la citada doña Micaela en la escritura del 20 de abril de 169; pero no hemos encontrado en el Archivo el título respec- tivo, que posiblemente nos hubiera suministrado pormenores de interés.

UbicAciÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA PUNDACIÓN DE CÓRDOBA 73

de la capilla del Pilar Sud-Norte, o de estar realengo se entienda la mensura de este paraje, y fecho sin contradicción se me posesión en forma...” (12),

Las expresiones de este documento, al señalar el sitio donde estuvo emplazado el Fuerte, precisamente en el lugar donde estuvo el ancón de don Gonzalo Martel y viceversa, son totalmente opuestas a la realidad histórica probada en los capítulos anteriores de esta monografía; pero se trata de un error fácilmente explicable.

En efecto: tanto el ancón de don Gonzalo Martel como el Fuerte, venían repitiéndose como límites externos de esta propiedad desde el siglo XVI. Mientras existieron sus huellas o el recuerdo de las mismas, ambos puntos de referencia serían perfectamente individualizables; mas después de doscientos años, su localización ya no era posible, pues sus vestigios habían desaparecido del terreno y de la memoria de los cor- dobeses. En lo que respecta al primero, vimos que en 1672 “no había al presente quien diga dónde fue el dicho estanque”; y en lo que se refiere al Fuerte, no se conocía a ciencia cierta dónde estuvo situado, como que algunos lo ubicaban en el Pucará (Lozano, Guevara, Funes) y Otros, un cuarto de legua más arriba de la Ciudad (Relación histórica del Cabildo). ¿Qué puede extrañar —por consiguiente— que el síndico del Monasterio cometiera el equívoco de invertir la ubicación de ambos lugares extremos?

Por otra parte, ese error no alteraba el derecho de las monjas a las tierras ni modificaba la real configuración, límites y extensión atribuidos durante más de cien años de posesión.

La propiedad comenzaba en esa rinconada (ancón y estanque de Martel), que para la época de la mensura presentaba las características actuales —como puede verse en un plano de 1809, publicado por el padre Grenón en El Libro de Ejidos, Córdoba, 1931. pág. 8l—. aunque muy distintas, por cierto, de las que ofrecía en tiempos de la fundación de la Ciudad, cuando el río corría arrimado a los solares del Norte; de ahí que el agrimensor don Agustín Llanes, de acuerdo a las indicaciones

(12) Transcripto por Monseñor Cabrera en op. cit, pág. 152.

74 CarLos Luque COLOMBRES

del síndico, pasó “al sitio que corresponde Norte-Sur a la calle de la frente de la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar y puesto en su derecera de la otra banda de este rio” —es decir cruzándolo a la altura de la calle Maipú— dio principio a su tarea “siguiendo aguas abajo por el alto del terreno rectamente”, hasta llegar al declive “que forman las barrancas que caen al bajo del otro lado de la bajada de piedras que corresponde río por medio frente con la chácara de don José Ariza” —hoy Pueblo San Vicente—, hasta donde se midieron cincuenta y siete cordeladas de cincuenta varas castellanas cada una, que hacían un total de dos mil doscientos noventa y ocho metros, más o menos, esto es, cerca de media legua.

La bajada de piedras —que todavía es conocida con este nombre— fue fijada por el agrimensor como punto terminal de la mensura, y lí- mite oriental de las tierras del Monasterio; pero a ello se opuso don Javier de la Torre “contradiciendo su consecución, por decir pertenecerle este terreno, manifestando unos papeles que al parecer le dan derecho, sin señalar por este lado linderos ni constancias”. Apartóse Llanes a fin de que las partes llegaran a un acuerdo; y luego “se tiró a descubrir la bajada de piedras del camino carril que va a lo del finado don Justo Guerrero, y puestos arriba de dicha bajada, en la cumbre, pidió don Javier cinco cuerdas y caminó como quien viene para esta Ciudad, y el síndico hizo oposición, hallándose por convenio de que las aguas para el Oeste fuesen del Monasterio y las caídas al Leste de las cumbres, fuesen de don Javier, con lo que altercaron mucho tiempo, y siendo medio día se suspendió para seguirla a la tarde, citando nuevamente a don Javier como lo hice”. Agrega el agrimensor que volvió a la hora fijada con el síndico “y no pareciendo dicho don Javier, me pidió mi: diese por el camino, desde el río y paso de la Ciudad hasta dicha bajada de piedras y se midieron cincuenta y cuatro cuerdas y unas varas, y siguiendo a enterar las sesenta de la media legua, se extendió hasta el plan del bajo, en cuyo estado me pidió el síndico lo pusiese por dili- gencia las practicadas, protestando deducir su derecho en vista de ojos

UnicAcióN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 75

por lo que ministran sus papeles o como mejor hubiere lugar en de- recho...” (13),

El pleito entre ambas partes duró muchos años. A él se alude en el inventario de los bienes quedados al fallecimiento de don Javier de la Torre, practicado el 28 de enero de 1803, donde se incluye “Una suerte de tierras situadas como a media legua de esta Ciudad río abajo de la otra banda, las que fueron adquiridas por compra real según es- critura, y constan de una legua poco más o menos, y lindan al Oriente con las de los herederos de don Diego Saldaña y por las demás partes con las de los herederos de Juan y Adrián Pajón y demás circunvecinos, y se hallan en litigio por un rumbo con el monasterio de Santa Catali- na...” (14). El expediente respectivo no se conserva en el Archivo; pero hemos encontrado la escritura de transacción celebrada el 27 de octubre de 1826 entre don Francisco Luján y doña Rosa Castaño, viuda de don José Gregorio de Ibarbalz, sucesores en los derechos de de la Torre y del Monasterio, respectivamente. Expresan que están dispuestos “a des- lindar las tierras de nuestra propiedad sitas a la parte del Naciente de este río”, ya “que por el tenor de las escrituras y títulos presentados y mediciones anteriores no resultaba nada que aclarase sus dudas”. Pero los diferentes puntos referenciales de las bases establecidas, no añaden ningún pormenor a los ya expresados (15).

Sin embargo, los datos recogidos a través de los documentos cuyas partes pertinentes hemos transcripto, son suficientes para extraer como conclusión que la bajada de piedras se halla próxima al ancón en que estuvo el Fuerte, donde terminaban río abajo las nueve chacras —origen

(13) Ibid., págs. 152-153.

(14) A. H. P., Exp., Escr. 4%, leg. 21, exp. 1.

(15) L. E. A., documento n% 4568. Don José Gregorio de Ibarbalz había adquirido del monasterio de Santa Catalina, el 22 de febrero de 1809, en trueque por una casa en la Ciudad, “todo el derecho que tenga al terreno que ha poseido de tiempo inmemorial, situado en la otra banda de este Río Primero, a la parte Naciente, en el que ha mantenido y mantiene este Monasterio dos hornos de quemar ladrillos con un pozo cada uno...” (A. H. P., Prot., Escr. 3*, leg. 16, f. 13). El 11 de marzo siguiente, Ibarbalz vendió a don Luis Antonio Vicyra “unas cuatro cuadras de tierra en cuadro... en la otra banda de este río hacia el Naciente y su principal lindero será la loma que remata en el río, que tienc su frente dicha loma al Sur, de cuyo pie río arriba son las

76 CarLos Luque COLOMBRES

del título de Bustamante y de Amado, antecesores del Monasterio y de Ibarbalz— repartidas desde el ancón y estanque de don Gonzalo Martel de Cabrera (16).

Esta conclusión, por lo demás, coincide o se correlaciona con la que hemos dejado probada en este mismo capítulo, según la cual el an- cón del Fuerte estaba al extremo del camino que partiendo del ángulo Noreste de la traza urbana, seguía hacia el Naciente por la margen Norte de la madre antigua del río, ya desaparecida.

Para determinar el lugar donde debe fijarse ese punto extremo, es decir el comienzo del ancón, no es necesario apelar a prueba documen- tal alguna, porque la topografía lo señala con absoluta certeza.

Al finalizar la cuadra de la calle 24 de Setiembre y paralelas, co- rrespondiente a la numeración 1800, el terreno asciende bruscamente y forma una especie de meseta de gran extensión bordeada por el río que, al pasar próximo a las barrancas de su contorno, traza un ángulo recto configurando el ancón de marras. El plano geológico de Boden- bender, permitirá al lector comprobarlo gráficamente (lámina VII).

La barranca meridional correspondiente a la sección más elevada de la meseta, cae verticalmente hacia el río, a manera de muralla infran- queable; y en su declive noreste, encontramos la bajada de piedras men- cionada anteriormente como punto de referencia en la mensura de 1788.

Naturalmente, la chacra de Luis de Cabrera, la primera de las nueve repartidas aguas arriba, debió de estar en terreno bajo y a nivel del río, a fin de que pudiera ser regada; pero como limitaba con la barranca de donde se sacaba tierra para las tapias del Fuerte, y es lógico

cuatro cuadras de frente, que lindan río de por medio con tierras de don José Ariza y línea recta cuadrando a los demás vientos, las cuatro cuadras de fondo, que todas lindan con tierras de mi pertenencia...” (1bid., Escr. 4%, leg. 8, f. 270). Y el 20 de agosto de 1840, el concurso de acreedores de don José Gregorio de Ibarbalz y doña Rosa Castaño, ya fallecidos, vendieron a don Juan Roqué “un terreno situado en la otra handa de este río que tiene la extensión como doce cuadras o más Oeste a Este y dos leguas de Sud a Norte, conocido por el de los Molinos de Ibarbalz, el cual confina por el Este con derechos de don Francisco Luján, por el Norte con los de Caroya y por el Poniente con terrenos del finado Burgoa, y por el Sud con las márgenes del río...” (Ibid., Escr. 4?, leg. de 1840, f, 66).

(16) Recordemos que “el ancón de tierra donde está el Fuerte de esta dicha Ciudad

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78 CarLos Luque CoLOMBRES

suponer que éste no se hallaría distante de aquélla, podemos deducir que el real de los españoles estuvo ubicado al Suroeste del ancón, en el actual Barrio Yapeyú, más o menos en la intersección de las avenidas Patria y 24 de Setiembre, próximas a la cual se hallan las barrancas

del río. Sp : 34 7 ' A pEEO o as DAS A se dl eS PAE 4 Cenerol Poz ES> Le j A pa A Ab APR AE : pe, dE Ea " A LAMINA IX

Vista aerofotográfica de la ciudad de Córdoba y sus alrededores.

Aparece señalada con un cuadrado la plaza San Martín y, con un círculo el sitio donde aproximadamente estuvo el Fuerte.

(Reproducción parcial del plano que se custodia en la Oficina de Catastro de la Municipalidad, cuya placa nos fue facilitada gentilmente por el Señor Intendente don José B. Posada).

de Córdoba, el cual dicho ancón estaba señalado para la dicha Ciudad”, fue adjudicado para mismo por el teniente de gobernador Suárez de Figueroa el 9 de febrero de 1575. Agregaremos ahora que cuatro años más tarde, el 24 de marzo de 1579, Suárez de Figueroa, obrando en su calidad de propie- tario, hizo donación a la Ciudad “para propios o para lo que ella quisiere, el ancón donde estaba el Fuerte desta dicha Ciudad salvo cuatro cuadras donde él las tomare y señalare” (A. H. M., L. de M., f. 51). Cuál fue el destino posterior de estos terrenos, no lo hemos podido averiguar, Á nuestro modo de ver, lo que se disputaba entre el Monasterio y don Javier de la Torre, era la propiedad de este ancón, que ambos se atribuían sin poder demostrarlo con título alguno.

CarítuLO VII

CONCLUSIÓN

SuMaRI0: Confirmación de nuestra tesis: los indios de Juan de Mitre y localización de sus tierras. Motivos que tuvo el Fundador para emplazar el Fuerte, asiento provisional de la Ciudad. Traslado al asiento definitivo.

Hemos llegado a determinar, después de un fatigoso pero indispen- sable análisis histórico-topográfico, cuál fue la ubicación del ancón don- de el Fundador construyó el Fuerte y clavó el rollo de la Ciudad.

No habría sido necesario extremar dicho estudio, si no hubiéramos tenido que probar, paralelamente, el error de las tesis sustentadas hasta ahora; como que habríamos podido, tal vez, arribar a la misma con- clusión, valiéndonos en forma exclusiva de sólo dos documentos; pero nos pareció prudente reservar su presentación para este último capítulo, porque presuponen el conocimiento de algunas circunstancias. De manera que a esta altura de la investigación, los ofrecemos únicamente para ra- tificar y confirmar lo ya demostrado.

Los aludidos documentos, que se correlacionan entre sí, son: el tí- tulo de encomienda dado por don Jerónimo Luis de Cabrera a favor de Juan de Mitre y el testimonio de algunos de los indios de esa encomienda.

El primero de ellos comienza con el párrafo que a continuación transcribimos textualmente: “En la ciudad de Córdoba en veinte y un días del mes de noviembre de mil quinientos y setenta y tres años, el dicho Señor Gobernador don Jerónimo Luis de Cabrera dijo que en nombre de Su Majestad encomendaba y encomendó en Juan de Mitre en los términos y jurisdicción de esta dicha Ciudad, los pueblos, caciques

80 CarLos Luque COLOMBRES

e indios siguientes / el pueblo de Chilisnacacat con el cacique Chilisna- charava y el pueblo Cantaracacat con el cacique Cantaracharava con los indios a ellos sujetos que caen estos pueblos frontero deste fuerte el río de San Joan en medio, con tanto que estos pueblos los pueble el dicho Juan de Mitre tres leguas o cuatro de esta Ciudad donde tengan buenas tierras para sus sementeras a donde el dicho Señor Gobernador le se- ñalare...” (1).

Retengamos la expresión en bastardilla, que nos señala la vecindad del Fuerte con los pueblos de Mitre, y con el auxilio del segundo docu- mento citado establezcamos la ubicación real de tales pueblos.

La aludida declaración testimonial, incorporada en cierto litigio tra- mitado en 1581, localiza las tierras que habitaron los indios de Mitre antes de ser trasladados por su encomendero, “en el ancón donde tiene sus vacas don Gonzalo Martel de Cabrera”; y uno de los deponentes —Charava Chayal— agrega “que el pueblo y tierras de los indios de la encomienda de Mitre son en el ancón donde tiene el corral don Lorenzo Suárez de Figueroa y don Gonzalo Martel de Cabrera y más en la chá- cara de Jerónimo García, las cuales se llaman Quisquitipa” (2).

Con esos elementos de juicio, sólo nos restaría señalar la ubicación de las propiedades mencionadas, para lo cual nos valdremos de piezas ya citadas en el capítulo V.

Así, el corral de vacas de don Gonzalo Martel figura expresamente en la escritura de sociedad celebrada el 20 de enero de 1581 entre él y su padrastro Juan Rodríguez de Villafuerte, donde se lo sitúa “en el ancón que era de don Jerónimo Luis de Cabrera, que está un cuarto

(1) A. H. P., Exp., Escr. 1?, leg. 6, exp. 5. Dos meses más tarde, Mitre ya había cumplido con la condición impuesta, como consta en el título de confirmación expedido por Cabrera el 30 de enero de 1574, donde se lee: “...que estaban poblados en este río de San Juan e se ausentaron de su asiento e se poblaron tres o cuatro leguas desta Ciudad poco más o menos, este dicho río arriba de San Juan” (Transcripto en Córdoba de la Nueva Andalucía, pág. 121). Y el 24 de diciembre siguiente, el teniente de gobernador Suárez de Figueroa daba en merced a esos indios “las tierras donde al presente están... en compensación de las tierras que los españoles les habían tomado para la fundación de Córdoba” (A. H. M., L. de M., f. 29; véase también la obra citada, pág. 64).

(2) A. H. P., Exp., Escr. 1?, leg. 111, exp. 7.

UBICACIÓN DEL FUERTE Y SITIO DE LA FUNDACIÓN DE CÓRDOBA 8l

de media legua el río abajo de esta Ciudad, donde tiene corral de ga- nado vacuno que hizo e pobló doña Luisa Martel de los Ríos, mujer del dicho Juan Rodríguez de Villafuerte” (3). Quedaba, en consecuencia, ese

corral, en las inmediaciones del paraje hoy llamado del Pucará, incluído en la chacra del Fundador.

Sabemos, asimismo, que la chacra de Jerónimo García de la Jara colindaba con la anterior, el río abajo (4). Y también nos es conocida la situación del ancón que sobre esa banda, poseía don Lorenzo Suárez de Figueroa, que en 1594 se lo ubicaba “a una legua de la Ciudad, río abajo”, es decir al terminar el pueblo San Vicente (5).

Y ahora nos preguntamos: ¿en qué lugar debió estar emplazado el Fuerte de modo que pudiera expresarse que frontero de él, río en medio, se hallaban los indios encomendados a Mitre, cuyas tierras

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(3) Esta escritura, que en el capítulo V fue citada fragmentariamente, comenzaba así: “Sepan cuantos esta carta vieren, como yo/en esta ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía a veinte días del mes de enero de mil e quinientos e ochenta e un años, en presencia de escribano público e del Cabildo de esta Ciudad y de los testigos aquí contenidos / Juan Rodríguez de Villafuerte, de la una parte, y don Gonzalo Martel de Cabrera, mayor de catorce años y menor de veinte y cinco, vecino de esta dicha Ciudad, en presencia de Juan de las Casas, vecino de esta dicha Ciudad, curador nombrado por la justicia mayor de ella, a pedimento del dicho don Gonzalo Martel de Cabrera para que asista al hacer esta compañía, e dijeron que son convenidos e concertados de formar e formaron compañía de esta manera /el dicho Juan Rodríguez de Villafuerte puso en el ancón que era de don Jerónimo Luis de Cabrera que está cuarto de media legua el río abajo de esta Ciudad donde tiene corral de ganado vacuno que hizo e pobló doña Luisa Martel de los Rios, mujer del dicho Juan Rodríguez de Villafuerte, en que habrá como trescien- tas cabezas de ganado suyas y del dicho don Gonzalo, chicas e grandes, que son la parte que el dicho Juan Rodríguez, tres las que la dicha doña Luisa compró de Juan de Molina y las que don Gonzalo Martel de Cabrera ha habido y comprado del capitán Nicolao de Dios y de Juan de Burgos y de Alonso García de Salas y de Juan López de Reyna y de Melchor Ramirez...” (A. H. P., Prot., Escr. 1*, leg. 2, f. 56).

14) Véase capítulo V, nota 9.

(5) Véase capítulo V, nota 17. Monseñor Cabrera, comentando la declaración tes- timonial de los indios de Mitre, en función a la ubicación de los corrales y chacras por ellos aludidos, expresa: “Estos antecedentes casi nos hacen palpar con la mano los pedazos de suelo en que otrora habitaron los indios de la referida encomienda de Mitre” (Córdoba de la Nueva Andalucia, pág. 63, nota 44).

82

CarLos Luque COLOMBRES

—Quisquitipa— se extendían aproximadamente desde el Pucará actual hasta más allá del pueblo San Vicente?

El único ancón cuyas características topográficas de altitud y situa- ción permitían considerar fronteros del mismo tanto el corral de don Gonzalo Martel como el de Suárez de Figueroa, es el formado por el arco que describe el río entre el pueblo General Paz y la Bajada de Piedras, desde cuya eminencia se domina toda la zona circunvecina.

Sólo allí pudo hallarse el Fuerte, según la lógica de los documentos que acabamos de correlacionar, y allí lo estuvo efectivamente, según la conclusión del capítulo anterior (*).

Y bien. Si el Fundador no nos hubiera dejado escritos los motivos que lo decidieron a elegir este altiplano para asiento del real [«que ha convenido por ser más seguro para que este campo de Su Majestad estu- viese en este fuerte que está hecho» (6)], los deduciríamos como lógico co- rolario de sus propias características.

El lugar ofrecía, en efecto, ventajas estratégicas que no presentaba ningún otro de la zona, sobre la margen norte del río, esto es, a la misma banda del camino de Santiago que acababa de recorrer. Desde la promi- nente meseta se dominaba el valle circundante poblado por los aborígenes y sus barrancas la tornaban inaccesible por algunos de sus lados.

Pero si era el sitio más indicado para establecer un fuerte, no lo era para fundar una ciudad. Su altura sobre el nivel del río entorpecía su fácil riego, inconveniente al que se sumaban otros derivados de la misma topografía, tales como la molestia de los vientos y dificultades de transporte.

De ahí que la ceremonia realizada el 6 de julio de 1573, al clavar en este ancón, “cabe el Fuerte”, el rollo e picota como acto solemne de fundación, sólo tuviera un sentido formal y jurídico, pues el propósito

(*) El Ingeniero Aníbal Montes publicó en el diario La Voz del Interior, del 14 de febrero de 1951, una colaboración bajo el título Ubicación del fuerte de Córdoba. Plácenos consignar que arriba a la misma conclusión nuestra, ex: presando que “el Fuerte debió estar en el alto del Hipódromo General Paz”, con advertencia de que utilizó exclusivamente sólo algunos de los documentos citados por nosotros en este último capítulo.

(6) A. H. M., A. C., Libro 1% f. 24,

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84. CarLos Luque COLOMBRES

de Cabrera no fue establecer en tal paraje la población definitiva, con- forme lo declarara en el decreto que dictara un día antes (7). En con- secuencia, se abstuvo de repartir solares entre los vecinos.

Probablemente ya tendría elegido el lugar donde echaría los cimien- tos de la ciudad, que no tardó en señalar en la otra banda del río, “en parte más sana e más anchurosa e do se puede meter una acequia prin- cipal de agua” (8); y el 28 de agosto siguiente, diseñaba la traza del futuro emplazamiento de Córdoba, donde hoy se levanta (9).

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(7) He aquí el texto de dicho documento, que era desconocido hasta hace poco: “En este real ejército, río de San Juan que los indios llaman de Quisquisa- cate, en cinco días del mes de julio de mil e quinientos e setenta e tres años, el muy ilustre Señor Gobernador don Jerónimo Luis de Cabrera, gobernador, capitán general e justicia mayor destas provincias de Tucumán, Juríes, Dia- guitas, de la Nueva Andalucía e de lo demás desta parte de la cordillera por Su Majestad, etc., en presencia de Francisco de Torres, escribano de Su Majestad e mayor desta Gobernación su secretario, dijo que por cuanto conviene al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad / para el asiento e quietud de cien españoles que trae o más debajo del estandarte real y para que los indios de la comarca no sean vejados ni molestados e se estén en sus casas e asientos sin desparcir a causa del temor que podrían recibir de ver tanta gente españoles en sus pueblos y para que mejor se les pueda requerir con la paz y se procure predicarles el Santo Evangelio e atraerlos a la fe de Nuestro Señor Jesucristo / hacer asiento e poblar una ciudad en este dicho asiento en nombre de Su Majestad, como lo tiene determinado hacer e poblar mañana que se cuentan seis días deste presente mes e deste presente año, en este dicho asiento por no haber hallado otro más cómodo, e podría ser que conviniese mudar a la dicha ciudad a otro sitio mejor e que acertase a caer en mejor comarca, por tanto que declaraba e declaro que la dicha ciudad de Córdoba, que así se ha de llamar, la fundaba e poblaba en el dicho real nombre con condición que pareciéndole a dicho Señor Gober- nador asentarla e mudarla e reedificarla en otra parte lo pueda hacer libre- mente en nombre de Su Majestad, con que la dicha ciudad se llame del propio nombre de Córdoba, e no habiendo otro sitio e lugar más cómodo se quedara siendo necesario. Así lo proveyó e mandó en nombre de Su Majestad y en virtud de sus reales poderes que para ello tiene como Gobernador e capitán general, no embargante que haya de parte de la dicha ciudad que ha de fundarse, de vecinos e moradores e de la mayor parte dellos e de todos y la contradicción o contradicciones alguna e algunas. E lo que dicho es lo firmó de su nombre e pidió a el escribano se lo por testimonio e lo intima de su parte Don Germ? de Cabrera Ante Franc? de Torres, escri- bano de Su Majestad” (CarLos A. Luque CoLombres, Un nuevo documento para la historia de la fundación de Córdoba, en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Año 1, N? 1, Córdoba, 1949, pág. 83).

(8) A. H. M., A. C., Libro 1% f 24

(9) Ibid., £ 117 y.

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Vistas panorámicas tomadas desde el ancón del Fuerte, de las tierras que para la época de la fundación vcupaban los indivs encomendados a Juan de Mitre. Arriba: cascrío del barrio San Vicente; abajo: hacia el fondo se advierten las barrancas del Pucará actual y Parque Sarmiento. (Fotografías obtenidas en 1950).

86 CarLos Luque COLOMBRES

Sin embargo, debió esperar todavía algún tiempo antes de disponer el traslado del rollo, porque aún estaban vigentes las causas que se habían opuesto a la inmediata ocupación de ese terreno, derivadas del hecho de que en él estaban poblados los indios comarcanos. Mientras tanto éstos no fueran llevados a otros puntos por sus encomenderos, de acuerdo a las condiciones estipuladas en los respectivos títulos de mer- ced, los españoles permanecerían en el Fuerte.

Así llegó el 11 de marzo de 1574, fecha en que Cabrera dispuso la mudanza del simbólico tronco (10); pero el inesperado arribo del go- bernador Gonzalo de Abreu de Figueroa y los lamentables sucesos con- siguientes, impidieron la inmediata ejecución del auto. Y a pesar de que dicho traslado se verificó finalmente el 29 de junio de 1575 (11), los vecinos continuaron en el Fuerte dos años más, constreñidos a seguir viviendo dentro de sus pobres murallas, debido a que su número había disminuído considerablemente. Muchos de ellos estaban alejados en cam- pañas de conquista con el Gobernador, y algunos se habían establecido en otras jurisdicciones. Los pocos que quedaban no eran suficientes para poblar la Ciudad y, además, reclamaban una redistribución de solares con exclusión de aquellos ausentes que en la traza de Cabrera figuraban beneficiados con lotes ubicados en las inmediaciones de la plaza (12).

Sólo después del 11 de julio de 1577, fecha en que el teniente de gobernador don Lorenzo Suárez de Figueroa autorizó el nuevo trazado urbano en el sitio señalado por el Fundador, pudo abandonarse el pri- mitivo y provisional reducto (13).

Durante un largo cuatrienio la vida de los colonos había transcurrido dentro del recinto del Fuerte, en la altiplanicie del actual barrio Yapeyú. Allí nació la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía.

(10) Ibid., f 24.

(11) Ibid., £. 25.

(12) Archivo Municipal de Córdoba, Tomo l, págs. 204, 225, 229, 248, 251 et passim. (CarLos A. Luque CoLomBres, Sobre la primera traza de la ciudad de Cór- doba (28 de agosto de 1573), en Revista de la Facultad de Filosofía y Hu- manidades, Año IL, Nos. 1, 2 y 3, Córdoba, 1950, pág. 51).

(13) Archivo Municipal de Córdoba, Tomo I, pág. 279.

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Sobre la primera traza de la Ciudad de Córdoba

(28 de agosto de 1573) *

* Publicado en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Año 1, Nros. 1, 2 y 3, Córdoba, 1950, págs. 51 a 64

Cuando el 6 de julio de 1573 don Jerónimo Luis de Cabrera clavó el rollo e picota en un ancón a la margen izquierda del río, al fundar la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, destinó el terreno circundante para plaza y demarcó dos solares para Iglesia Mayor, donde plantó una cruz de madera (1). Pero estos actos tuvieron un sentido puramente for- mal, pues estaba en su ánimo el próximo traslado de la población a otro sitio más cómodo, según oficialmente lo había declarado en el auto que, con el objeto de otorgar validez permanente a la fundación, dictara el día anterior (2). En consecuencia, no confeccionó traza alguna ni repartió solares entre los vecinos; y el fuerte que construyera en las inmediaciones del rollo sería, por entonces, el habitáculo común de los soldados - colonos (3).

No tardó Cabrera, sin embargo, en hallar lugar conveniente para el emplazamiento definitivo a la otra margen, “en parte más sana y an- churosa”, como que el 28 de agosto siguiente, en efecto, ya diseñaba el trazado de la Ciudad.

Sabido es que este plano fue quitado del libro de Cabildo cuatro años más tarde, y roto por disposición del gobernador Gonzalo de Abreu de Figueroa. Desapareció de este modo el documento auténtico que nos habría mostrado el criterio seguido en la organización de la planta urbana y la nómina completa de los beneficiarios en la distribución de solares. Pero se conserva un traslado de la leyenda explicativa del gráfico, según el cual integraban la planta setenta cuadras en damero —Jdiez a lo largo y siete a lo ancho— separadas entre por calles perpendiculares de

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(1) Archivo Municipal de Córdoba, Córdoba, 1882, t. I, págs. 22 y 23.

(2) Cantos A. Luqus CoLomures, Un nuevo documento para la historia de la fun- dación de Córdoba, en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, año 1, n? 1, Córdoba, 1919, pág. 83.

(3) Cantos A. Luqus CoLomnres, El Fuerte de Córdoba, en Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, año 1, nros. 2 y 3, Córdoba, 1949, pág. 191.

90 CarLos Luque COLOMBRES

cuarenta pies geométricos y limitadas por la ronda. Las manzanas medían cuatrocientos cuarenta pies y cada una comprendía cuatro solares de doscientos veinte pies, que los vecinos deberían edificar y cercar con dos tapias en alto en el plazo de dos años, so pena de ser declarados vacos (4).

Por nuestra parte, hemos logrado recoger algunas noticias aisladas acerca del repartimiento efectuado sobre esa base. Son muy escasas; pero por tratarse de las pocas que han quedado como testimonio de la traza primitiva, juzgamos de interés su publicación. Figuran relacionadas en escrituras de compraventa correspondientes al período 1573-1577, en el Libro de Mercedes y en algún testamento posterior.

Consta en dichos instrumentos, que frente a la plaza mayor se hallaba la cuadra de don Jerónimo Luis de Cabrera, inmediata a otra distribuida entre Jerónimo Vallejo, Damián Osorio, Diego de Cáceres y Jerónimo de Bustamante (5). Quedaban también “en la plaza” el solar de Blas de Rosales (6), y en una esquina de ella la manzana compuesta por los del capitán Antón Berrú, Juan de Burgos, Nuflo de Aguilar y Juan de Vi. llegas, este último, a su vez, en la esquina “que cae en una plazuela del monesterio de Señor San Francisco”(7). Alonso García de Salas, Pedro Serrano y Miguel de Ardiles el Mozo, tenían sus solares “en la segunda cuadra de la plaza” (8); en la tercera, Juan de Mitre y Bernabé Mejía(9) ; asimismo, en la tercera, se hallaba el de Jerónimo de Avila (10). El de Diego Lozano lindaba con el de Santiago Sánchez (11); el de Gaspar Rodríguez Rolón, con el de su hijo Juan y con los de Juan de Soria y María de Bustamante (12); el de Juan Herrero, con los de Diego de los Ríos y Simón de Avila (13); y Blas de Peralta era dueño del solar que

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(4) Archivo Municipal de Córdoba. Actas capitulares (MS), libro I, f% 117 v. (5) Archivo Histórico de Córdoba (Sección Tribunales), Protocolos, escribanía 1*, legajo 1, P 33.

(6) Ibid., Expedientes, leg. 1, exp. 1.

(7) Ibid., Expedientes, leg. 1, exp. 8.

(8) Ibid., Protocolos, leg. 1, f? 5.

(9) Ibid., Protocolos, leg. 1, 19 27,

(10) 1bid., Protocolos, leg. 1, f% 4 y.

(11) Ibid., Protocolos, leg. 1. f0 4, (12) Ibid., Protocolos, leg. 1, 1? 32. (13) Ibid., Protocolos, leg. 1, f% 32,

SOBRE LA PRIMERA TRAZA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA 91

hoy hace cruz con la iglesia de la Merced (14). A este Convento corres- pondió una cuadra colindante con la ronda (15). Por último, consta que fueron favorecidos con solares Francisco Alvarez, Diego Ortiz, Jorge de Colmenares, Pedro de Caravajal y Nicolao de Dios (16).

Varios de estos nombres no volverán a ser mencionados en la his- toria posterior de la Ciudad, y todos ellos suman apenas la cuarta parte de los ciento diez soldados que, según la información de servicios del capitán Tristán de Tejeda, vinieron a la fundación (17).

Cuatro meses después de confeccionada la traza y repartidos los solares, el Gobernador extendía los títulos de las mercedes de tierras de las inmediaciones para quintas y chacras (18), al propio tiempo que el Cabildo tomaba providencias relativas al riego de la Ciudad, tarea cuya forma de realizarla se acordó en la reunión del 26 de febrero de 1574 (19).

Ya para esta fecha, las agrupaciones indígenas establecidas próximas al lugar donde sería emplazada la población habían sido trasladadas a varias leguas, de manera que el campo se encontraba en condiciones de ser ocupado por los españoles.

Sólo restaba cumplir con la formalidad de rigor; y el 11 de marzo Cabrera dispuso que el Cabildo “mudara el rollo e picota que está puesto en la plaza do se le señaló primero el asiento desta dicha Ciudad de Cór- doba, que es cabe este fuerte, al sitio e lugar do está señalada la plaza de la dicha Ciudad, e se está edificando e se ha de edificar, porque allí la

(14) Ibid., Expedientes, leg. 10, exp. 1, P 6.

(15) Documentos históricos compilados por el P. Grenón, t. 19, El Libro de Merce- des, Córdoba, 1930, pág. 24.

(16) Archivo Histórico de Córdoba (Sección Tribunales), Protocolos, escr. 19, leg. 1, f% 21; Expedientes, leg. 1, exp. 8; et passim.

(17) RonerTo LeviLLreR, Nueva crónica de la conquista del Tucumán, t. UL, Varso- via, 1930, pág. 349.

Don Jerónimo Luis de Cabrera, Blas de Rosales, Diego de Cáceres y Juan de Villegas, fallecieron antes de 1577; sin embargo, los tres últimos figurarán en la traza de ese año. En cuanto a los nombres de Pedro Serrano, Jerónimo y Simón de Avila, Diego Lozano, Santiago Sánchez, Juan Herrero, Diego de los Ríos, Diego Ortiz, Pedro de Caravajal y Jorge de Colmenares, serían ex- cluídos por Suárez de Figueroa en dicho repartimiento.

(18) El Libro de las Mercedes cit, pág. 17. (19) Archivo Municipal de Córdoba, t. I, págs. 105 y 121.

92 CarLos Luque COLOMBRES

muda, pone e asienta en el dicho real nombre, por la orden que está seña- lada e hecha la traza por el dicho Señor Gobernador, que será un cuarto de legua deste primer asiento e fuerte, de la otra parte del río que llama- mos de Quisquisacate...”(20),

No obstante, la planta que don Jerónimo dibujara continuaría exis- tiendo sólo en el papel. Tales comienzos o proyectos de edificación quedaron suspendidos, porque el decreto no pudo ejecutarse debido a la inmediata llegada del gobernador Abreu de Figueroa; ni tampoco se re- iniciarían al año siguiente (1575) —cuando el capitán Antón Berrú, su teniente, mudó el rollo “del fuerte de donde al presente está asentado el real” y lo puso “en la plaza pública desta dicha ciudad de Córdoba, donde está señalada e situada para ello”(21) —,ya que una semana después el Ayuntamiento discutiría la legitimidad de este acto, alegándose que Berrú había obrado sin consulta previa y sin hacer traza nueva. Cada uno de los capitulares expuso su opinión, y es de nuestro interés destacar la del regidor Juan de Burgos, quien dijo que “hasta aquí está la ciudad a do estaba y la gente de ella, y que le parece que ahí ha de estar el rollo, donde está la ciudad”(22),

Como resultado de las deliberaciones se resolvió escribir al Gober- nador para que hiciera una nueva traza antes de que se iniciaran los trabajos de edificación, por cuanto los solares centrales figuraban a nombre de personas que estaban fuera y no eran vecinos, “...y conviene que estén todos juntos al redondo de la plaza para acudir a las cosas que sucedieren de la guerra”(23).

En espera de la respuesta de Abreu, los propietarios de solares no se aventuraron, como es natural, a levantar en ellos edificio alguno; y consta que, amén de los franciscanos, sólo Nicolao de Dios y Juan Ba- rragán lo habían llevado a efecto, con advertencia de que la construcción de este último debió de ser una simple ramada inhabitable e inhabitada, si nos guiamos por la declaración de testigos presenciales, quienes tiempo

(20) Ibid., pág. 50.

(21) Archivo Municipal de Córdoba, Actas capitulares (MS), libro 1, 1% 25 (En la edición de 1882 se ha alterado el texto). (22) Ibid., f? 108 y.

(23) Archivo Municipal de Córdoba, t. I, pág. 204.

SOBRE LA PRIMERA TRAZA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA 93

más tarde recordaban únicamente unos horcones hincados y madera junta para el edificio, o que habían visto a Barragán “venir dende el fuerte a esta Ciudad a hacer un galpón en su solar”(24),

Así las cosas, transcurrieron dos años de expectativa, hasta que Abreu ordenó, con fecha 19% de diciembre de 1576, que su teniente en Córdoba, don Lorenzo Suárez de Figueroa, y el Cabildo, quitaran del libro el plano de Cabrera, lo rompieran, para evitar futuros pleitos, y, con la brevedad posible, confeccionaran otro (25). Este auto, que se leyó en la sesión capitular del 22 de enero de 1577, fue ejecutado el 10 de Julio y, al día siguiente, Suárez de Figueroa autorizaba el nuevo trazado de la Ciudad (26).

¿Qué variantes se introdujeron en este plano con relación al ante- rior? Según el texto anexo al mismo, únicamente la reducción del ancho de las calles a treinta y cinco pies en vez de cuarenta. Pero en un litigio del que nos ocuparemos en seguida, consta que además, se mudó la cuadra de la plaza.

Prueba también dicho expediente —y lo confirman otros documen- tos (27) —, que esta segunda traza fue materializada en el mismo lugar

(24) Que los franciscanos habían construído un rancho en su solar de la traza pri- mitiva, consta en la Información jurídica de 1600, transcripta parcialmente por fray ABRAHAM ARCAÑARAZ en Crónica del convento de N. P. San Francisco de Córdoba (Rep. Arg.) (Buenos Aires, 1888, pág. 7); y en lo que respecta a las otras construcciones aludidas, hemos tomado la referencia de un interro- gatorio presentado por Juan Barragán, donde afirma “que ningún vecino desta Ciudad había edificado su solar, salvo el dicho Juan de Villegas (su hijo) y Nicolao de Dios” (Archivo Histórico de Córdoba, Sección Tribunales, Expe- dientes, escr. 1*, leg. 1, exp. 8) (Este expediente, que será citado otras veces en el curso del presente trabajo, ha sido reproducido en sus piezas principales por monseñor PasLo CABRERA, en el apéndice de Córdoba de la Nueva Anda- lucía, Córdoba, 1933, págs. 154-161).

(25) Expresaba el Gobernador, como causa, el “no haber los vecinos... edificado los solares de que les fue hecha merced en la dicha traza dentro de dos años... y por estar hecha la dicha traza con algunos defectos...”, (Archivo Municipal de Córdoba, t. 1, pág. 265).

(26) Ibid., pág. 277.

(27) Véase la citada Información jurídica de 1600, transcripta por fray ABRAHAM AncaÑaraz, donde se asevera que el convento de San Francisco tuvo la misma ubicación antes de la traza de 1577 y después de ella. Además, Blas de Peralta, en su testamento del 16 de abril de 1592 declara “que unas casas en que vivo al presente están en la traza (de 1577) hecha merced a un hijo mío natural

9% CArLos Luque COLOMBRES

señalado por don Jerónimo de Cabrera para la del 28 de agosto de 1573; y de ello se sigue que ambas se habrían superpuesto casi exactamente por razones topográficas, cuales fueron los límites naturales del terreno: las lomas del Sur y el río, que pasaba por el Norte y el Este, muy pró- ximo a las actuales calles Santa Rosa - Lima y Santiago del Estero. Por el Oeste, otro lindero fijo, aunque no natural, cerraba el rectángulo: las cuadras de riego repartidas por Cabrera, que se extendían hacia el Po- niente, desde la calle hoy llamada Bolívar - Jujuy, y que fueron mante- nidas sin alteración por el teniente de Abreu.

No hemos encontrado expresado el motivo de la reducción del ancho de las calles. Posiblemente no se tuvo otra finalidad que borrar las líneas de la traza anterior para impedir cualquier posible reclamo de quienes se consideraran perjudicados con la remoción de sus solares. Tal reduc- ción sólo disminuyó en total diez y quince varas, respectivamente, la latitud y la longitud de la planta urbana trazada por el fundador.

En cuanto a la mudanza de la plaza, se nos representaría como arbi- traria si aceptáramos las expresiones del vecino Juan Barragán al deman- dar la restitución del solar de que había sido despojado por Suárez de Figueroa: “Lo cual Vuestra Merced hizo —sostenía— por su particular interés, por tomar sus dos solares en otra mejor parte y lugar que el dicho don Jerónimo Luis de Cabrera se lo había dado y señalado; e asimismo por dar a sus amigos solares en la plaza, no los teniendo en la traza que el dicho don Jerónimo tenía hecha, y los “quitó y ha quitado a las personas que el dicho don Jerónimo les había dado, y entre ellos me quitó y desposeyó del solar que yo tenía y había heredado del dicho Juan de Villegas, mi hijo, y se lo dió a Melchor Ramírez” (28).

Cabe ahora la pregunta: ¿Cuál de las manzanas actuales fue la designada por el Fundador para plaza?

————

llamado Juan de Peralta, el cual dicho solar, cuando se repartió los solares por el fundador don Jerónimo de Cabrera, me señaló en este mismo lugar un solar se haga merced a mí, y después que la rompió el general don Lorenzo Suárez de Figueroa, parece [aparece, consta] me mudó a a otra parte y dió este solar al dicho mi hijo...” (Archivo Histórico de Córdoba, Sección Tribunales, Expendientes, escr. 1?, leg. 10, exp. 1).

(28) Suárez de Figueroa, al contestar la demanda, expresó: “... que el solar que pide el dicho Juan Barragán, por pertenecer a Juan de Villegas, su hijo di-

SOBRE LA PRIMERA TRAZA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA . 95

Referencias contenidas en el litigio de marras y datos proporcionados por otros documentos correlativos, nos sirven de pauta para responder al minúsculo interrogante; y a fin de que el lector pueda seguir el desa- rrollo del tema, acompañamos un gráfico auxiliar con las indicaciones necesarias al efecto (lámina N? 1).

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LAMINA N?* 1. Gráfico auxiliar.

Afirmaba Barragán, como se ha visto, que el solar repartido por Cabrera a Juan de Villegas fue el que Suárez de Figueroa diera después a Melchor Ramírez; es decir, el letra d de la manzana VII. Agregaba que se hallaba “en la primera cuadra de la plaza”; luego la plaza de

funto, dijo que Su Mag. (sic) le tiene dado y señalado, conforme tenía en la traza hecha por el gobernador don Jerónimo de Cabrera, en una de las primeras cuadras de la plaza, e que si no cae en la misma parte do solía estar, quo fue porque mudó la plaza e calles de como solían estar...” (exp. cit.).

96

CarLos Luque COLOMBRES

1573 estaba en una de las ocho manzanas circundantes, señaladas con los números 11, IV, V, VI, VIII, IX, X y XI. De todas ellas, descartamos la IV, porque corresponde a la ubicación de la plaza de 1577, y también las IX, X y XI, porque en otro pasaje del pleito se asevera que Suárez de Figueroa “mudó la plaza en otra cuadra junto y arrimada a la plaza que don Jerónimo de Cabrera había hecho”. De modo que se mantienen como lugares hipotéticos, las manzanas II, V, VI y VIII Pero al darse los linderos del solar cuestionado y su ubicación relativa en el plano de Cabrera, no se expresa que ese ni que ninguno de los solares de su manzana estuviera en la plaza o frente a la plaza, pormenor que en caso afirmativo habría sido destacado expresamente, no sólo por el privilegio de la ubicación sino porque en la terminología de la época generalmente se indicaba asi —“en la plaza” o “frente a la plaza”— la situación le los solares que colindaban con ella por uno de sus lados, prefiriéndose la frase “esquina de la plaza” para los casos en que limitaban por uno de sus ángulos. Es así cómo al mencionarse los solares linderos del que nos ocupa, situados en la misma manzana, se dice que el del capitán Antón Berrú quedaba “en una esquina de la plaza”.

En consecuencia, la hipótesis se reduce a las manzanas 1ll y V: el lugar señalado para plaza por el Fundador fue la cuadra Oeste de la actual, donde hoy se levantan la Catedral y el Cabildo, o la cuadra Este.

Frente a tal alternativa, nos parece más aceptable la primera pro- posición. En efecto; entre los bienes dejados por Blas de Rosales en 1574, figura “un solar que tiene en la plaza desta Ciudad”(29); y en la traza de 1577, el solar de ese conquistador (letra a de la manzana VI), aparece ubicado calle en medio de la Iglesia Mayor (manzana 1II) (30). Rosales ya había muerto; pero consta que al venderse sus inmuebles en pública almoneda, aquel solar de la plaza fue adquirido el 12 de agosto de 1574 por Damián Osorio (31), que al testar en 1578 dejó por heredera de todo su patrimonio a su hija doña Elvira Osorio (32), casada más

(29) Archivo Histórico de Córdoba (Sección Tribunales), Expedientes, escr. 1* leg. 1, exp. 1, f 6.

(30) Véase la lámina n? 2.

(31) Ibid, Expedientes, escr. 1?, leg. 1, exp. 1, f 49.

(32) Ibid., Expedientes, escr. 1?, leg. 3, exp. 2.

SOBRE LA PRIMERA TRAZA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA 97

tarde con Hernán Suárez Maldonado, quienes en 1597 vendían a Tristán de Tejeda un tercio de solar colindante con las casas del comprador (b) y “calle en medio, por la parte de abajo, con solar de la Iglesia Mayor” (33). Parece no haber duda de que era la primitiva propiedad de Rosales la que se transfería por esa escritura; y de ello se desprende que la Iglesia Mayor de 1577 correspondía a la plaza de 1573 (34).

Hemos dicho, además, en párrafos anteriores, que Cabrera se había asignado a mismo una cuadra “en la plaza”; y pensamos ahora que no fue otra que la adjudicada en 1577 a sus hijos mayores y herederos, don Miguel de Cabrera y don Gonzalo Martel de los Ríos (manzana 11), co- lindante, precisamente, con la Iglesia Mayor. Suárez de Figueroa, respetando la voluntad y memoria del Fundador, y para cuidar, al menos, las formas, no habría cambiado la ubicación material de esos solares (35).

(33) Ibid., Protocolos, escr. 1*, leg. 8, f0 356.

(34) Los historiadores que se han ocupado de este punto, sostienen que en el plano de 1573 la plaza estuvo señalada en la manzana VIII, al Sureste de la actual, o sea al frente del solar repartido a Juan de Villegas. Posiblemente interpre- taron con ese sentido las expresiones contenidas en el expediente incoado por Juan Barragán. A nuestro modo de ver, el error se debió a la frase “en la primera cuadra de la plaza” que Barragán emplea al señalar la ubicación del solar de su hijo Juan de Villegas, frase que no significa que estuviera frente a la plaza, sino, como lo corrobora la terminología de la época, en una de las ocho manzanas inmediatas a ella. Valgan como ejemplos probatorios los si- guientes: al venderse el 11 de noviembre de 1579. el solar que fuera de Juan de las Casas, ubicado en la esquina de las actuales calles 9 de Julio y Rivera Indarte (ver lámina N9 3), se expresa “que es en la primera cuadra de la plaza desta dicha Ciudad, que linda el dicho solar con Lorenzo Martín Mon- forte y Pedro de Ludueña, difuntos, como parece por la data de solares a que me refiero...” (Archivo Histórico de Córdoba, Sección Tribunales, Protocolos, Escr. 1*, leg. 1, f2 125); y cuando Melchor Ramírez transfirió su solar el 19 de febrero de 1590 al capitán Antonio de Alfaro, lo describía: “... un solar que tengo... en la primera cuadra de la plaza desta Ciudad, que tiene por linderos por la una parte con solar de Baltasar Gallegos y con solar que fue de Diego de Castañeda...” (Ibid., leg. 5, f* 124).

Además, si el solar de Villegas hubiera estado frente a la plaza, así se habría dicho al deslindarlo; en cambio, la parte interesada expresa que se hallaba en la esquina “que cae en una plazuela del monasterio del Señor San Francisco” (exp. cit.).

(35) Rectificamos, así, la opinión corriente de que la cuadra que el Fundador se adjudicó para sí, corresponde hoy a la manzana V, comprendida entre las calles Buenos Aires, San Jerónimo, Ituzaingó y Rosario de Santa Fe.

Esta opinión so basa, tenemos entendido, en el hecho de que algunos des-

AINERA UNDAR Ti SAN MARTIN RIVADAVIA

[| Ca CUADRA Di JTROM1, uv) ol CABRERA a | eL Ez o CASEROS | | | ES Era CONVENTO ,

LAMINA N? 2, La Plaza Mayor y manzanas circunvecinas en el plano de Cabrera (1573).

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LAMINA N? 3. La Plaza Mayor y manzanas circunvecinas en el plano de Suárez de Figueroa (1577), base del actual.

100 CarLos Luque COLOMBRES

El criterio de Cabrera habría sido, pues, situar la plaza lo más equi- distantemente posible de los cuatro rumbos, de acuerdo a la costumbre de la época, como puede observarse en los planos de ciudades fundadas en el

cendientes de Cabrera fueron dueños hasta el siglo pasado del solar que hoy ocupa el hotel situado en la acera oriental de la plaza San Martín, sumado a la creencia errónea de que la plaza en el plano de 1573 fue señalada en la manzana VIII, entre las actuales calles Buenos Aires, Entre Ríos, Ituzaingó y San Jerónimo. Pero la siguiente correlación de los títulos de propiedad del terreno aludido, demostrará el error y probará cómo pasó a la expresada fa- milia cien años después de la fundación:

a) Según puede verse en la traza de 1577, fue dado en merced a Pedro Díez de Cortés (Archivo Municipal de Córdoba, t. l, entre págs. 278-279).

b) Lo heredó su viuda, Catalina Díaz, y a la muerte de ésta, su segundo marido Juan de Molina Navarrete, quien lo vendió en 1597 a Adrián Cor- nejo (Archivo Histórico de Córdoba, Sección Tribunales, Protocolos, escr. 1?, leg. 10, f? 51).

c) Adrián Cornejo lo dio en dote a su hija doña Petronila de Aguilar, el 28 de enero de 1613, cuando ésta casó con Antonio Montero de Bonilla (Ibid., leg. 24 s/f.).

d) Montero de Bonilla tenía sus casas sobre la mitad del naciente, y para 1651 se hallaba baldía la otra mitad que lindaba con la plaza, la cual formó parte del dote de su hija doña Catalina de Aguilar casada ese año con Juan López de Chavarría (Ibid., leg. 50, f? 117 y leg. 59, f? 1.098).

e) Heredó la primera mitad doña Agustina de Aguilar, hija legítima de Mon- tero de Bonilla, casada con Jerónimo de Bustamante (1bid., leg. 136, exp. 6) y la segunda mitad recayó en Antonio de Chavarría, hijo legítimo de doña Catalina de Aguilar (Ibid., leg. 149, exp. 1).

f) Viuda de Bustamante, doña Agustina de Aguilar legó por testamento su propiedad a su sobrino, el nombrado Antonio de Chavarría en 1665 (Ibid., leg. 138, exp. 6); de manera que éste vino a ser dueño exclusivo de todo el solar.

g) No hemos encontrado la escritura traslativa de dominio, pero consta que ya en 1674, Chavarría había vendido el inmueble al capitán don Félix Luis de Cabrera —bisnieto del Fundador— quien, el 14 de marzo de 1679 sitúa un censo de treinta y tres pesos y medio de renta a favor del mo- nasterio de Santa Catalina de Sena, “sobre unas casas que tengo en la plaza de esta Ciudad, en un solar entero, que lindan por la parte de Oriente con casas del sargento mayor don Manuel Gutiérrez de Toranzos, y por la parte del Poniente con la dicha plaza desta dicha Ciudad, y por la parte del Norte con un solar del colegio de la Compañía de Jesús, y por la parte del Sur con casas de los herederos de don Juan de Tejeda, calle real en medio, el cual dicho solar con un cuarto viejo lo hube y compré del teniente Antonio de Echavarría, morador desta dicha Ciudad, y tengo edificado en ella un cuarto de casas nuevas de tijeras y llaves y tejado con tejas...” (Ibid., leg. 75, f% 29).

Tal es, en síntesis, la correlación de títulos de esta propiedad donde los descendientes de don Félix Luis de Cabrera tuvieron su casa hasta época más o menos reciente.

SOBRE LA PRIMERA TRAZA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA 101

Tucumán, práctica que sería reglamentada por Felipe 11 en las Ordenanzas sobre descubrimiento nuevo y población, dictadas en el Bosque de Segovia el 13 de julio de ese año 1573 (36).

De la tesis que dejamos esbozada, se infiere que, en 1573, la Iglesia Mayor habría sido proyectada en la manzana Í, o bien en la IV, esta última trocada en plaza por el Teniente de Abreu en 1577. La lógica nos lleva a inclinarnos por el segundo término de la disyuntiva, porque al mudar la Iglesia a la cuadra destinada para plaza, y viceversa, no se lesionaban inte- reses de los vecinos; pero como no siempre la realidad histórica se ajusta a los razonamientos, habría que sumar alguna prueba concreta a fin de que esta deducción se convirtiera en afirmación.

Tales son las consideraciones, interrogantes, rectificaciones y conjeturas que sugiere la reconstrucción del primitivo plano de Córdoba. Con los escasos elementos de juicio que han llegado hasta nosotros, no es posible discurrir con certeza ni dar soluciones terminantes a todos los problemas planteados;

no obstante lo cual, creemos haber encerrado la verdad dentro de un estrecha círculo.

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(36) La ordenanza CXII establecía en su primer párrafo: “La plaza mayor, de don- de se ha de comenzar la población, siendo en costa de mar, se debe hacer al desembarcadero del puerto; y siendo en lugar mediterráneo, en medio de la población” (Luis Torres pbÉ Menboza, Colección de documentos inéditos rela- tivos al descubrimiento, conquista y colonización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía, t. VIII, Madrid, 1867, pág. 522, y t. XVI, Madrid, 1871, pág. 142),

Por obvias razones cronológicas, el Fundador de Córdoba no alcanzó a conocer estas Ordenanzas, contrariamente a lo que manifiesta monseñor Pablo Cabrera, cuyo error se explica porque la edición de las mismas, inserta en el tomo VIII do la citada colección, las da por promulgadas, equivocadamente, el 13 do julio de 1563 (Córdoba de la Nueva Andalucía, nota de la página 60).

IV

El traslado de Córdoba *

* Publicado en Revista de la Facultad de Filosofia y Humanidades, Año IV, Cór- doba, 1952, págs. 73 a 86.

Tenemos demostrado que a los cuatro años de la fundación, las vi- viendas de los pobladores de Córdoba agrupábanse todavía promiscuas y precarias dentro de las murallas barrosas del Fuerte levantado junto al rollo, en el actual barrio Yapeyú. Desde esa eminencia contemplaban la tierra prometida para asiento urbano, media legua hacia el poniente, donde cada cual era dueño de uno o más solares, de acuerdo al repartimiento efectuado por Cabrera el 28 de agosto de 1573(1).

Mientras éste permaneciera en el gobierno, cuidando de cerca y con afán de creador el desarrollo de su obra, las cosas habían marchado nor- malmente sobre los planes por él trazados; y si bien es cierto que no todos los que lo acompañaran en la empresa vinieron dispuestos a radi- carse en la ciudad naciente —como que algunos regresaron al cabo de corto tiempo—, otros, en cambio, ante la proximidad de la mudanza que se consideraba inminente, trajeron a sus mujeres e hijos desde Santiago, Talavera y San Miguel de Tucumán, siguiendo el ejemplo del propio Don Jerónimo Luis, quien después de la expedición al Paraná enviara a Her- nán Mejía Miraval en busca de Doña Luisa Mantel (2).

(1) Véanse nuestras publicaciones anteriores, aparecidas en la Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades: Un nuevo documento para la historia de la funda- ción de Córdoba, Año 1, n? 1, Córdoba, 1919, pág. 83; El Fuerte de Córdoba, Año 1, nros. 2 y 3, Córdoba, 1949, pág. 191; Sobre la primera traza de la ciudad de Córdoba, Año II, nros. 1, 2 y 3. Córdoba, 1950, pág. 51; y La traza definitiva de la ciudad de Córdoba, Año III, nros. 1.2 y 3, Córdoba. 1951, pág. 67. Asimismo, la monografía Ubicación del Fuerte y sitio de la fundación de Córdoba, Córdoba, 1951, cuya conclusión ya insinuamos a manera de hipótesis en una conferencia pronunciada en el Museo Histórico Sobremonte, el día 5 de julio de 1949.

(2) CoLección pe PuLicaciones Históricas DE La BIBLIOTECA DEL CONGRESO AÁR- CENTINO, Gobernación del Tucumán, Probanzas de méritos y servicios de los con- quistadores, tomo II, Madrid, 1920, págs. 32, 95 y 121.

Los protocolos notariales de esa época, dan cuenta, también, de casamientos efectuados por poder: El Y de mayo de 1574 Francisco Sánchez apodera a un vecino de Santiago para que se case en su nombre con Maria (?); el 6 de junio do 1575, Juan Bautista Noble a Hernán López Palomino, para que se case con

106 CarLos Luque COLOMBRES

Pero Gonzalo de Abreu, el sucesor, no sólo tronchó la vida de Ca- brera, sino que entorpeció la ejecución de sus proyectos en el preciso instante en que iba a verificarse el traslado; y hasta puso en peligro la misma fundación al sacar y llevar consigo a un grupo de vecinos, dejando apenas un contingente mínimo para la defensa del real, que posiblemente habría desmantelado por completo de no considerarlo escala o avanzada hacia la alucinante ciudad de los Césares.

A partir de entonces se planteó el angustioso problema de la escasez de pobladores; y el Fuerte, construído para albergar más de un centenar de españoles(3), vio disminuir paulatinamente su población, que en algún momento habria llegado a contar con catorce hombres, según el testimo- nio de Don Alonso de la Cámara, sin que en lo futuro sobrepasara el número de cuarenta, sumando encomenderos y soldados, según afirmaría Abreu en 1579(4).

María de Encinas; el 2 de noviembre de 1576, Juan de Ludueña a su padre Pedro de Ludueña, para que se case con Isabel de Rosales (Archivo Histórico de Córdoba, Sección Judicial, Protocolos, Escribanía 1?, legajo 1, folios 2, 21 vuelto y 37, respectivamente). Asimismo se halla la carta de dote otorgada con motivo de la celebración del matrimonio de Doña Jerónima de Abreu con Jeró- nimo de Bustamante, del 10 de julio de 1574 (leg. 18, exp. 4).

(3) Partiendo de la cantidad de individuos para albergar a los cuales fue levantado, pueden inferirse las dimensiones del Fuerte. El número inicial de sus pobladores aparece mencionado en el auto suscripto por Cabrera el 5 de julio de 1573, donde expresa: “...para asiento e quietud de cien españoles que trae o más”, que la información de servicios de Tristán de Tejeda fija en “ciento diez soldados”.

Por su parte, en la probanza de Suárez de Figueroa, declara Juan Nieto que había salido desde Santiago para la fundación de Córdoba, que “por oca- siones que se ofrecieron” tuvo que regresar a mitad de camino, y que más tarde “se volvió a la dicha población y halló recién poblado el Fuerte y recogidos en él todos los soldados” (Archivo General de Indias, estante 74, caja 4, legajo 33). Coincide este testimonio con el de Ruy Díaz de Guzmán, quien nos dice que Cabrera hizo “un fuerte de adobes con sus cubos y terrados en que recogió toda la gente” (La Argentina, cap. XIX, en Anales de la Biblioteca, tomo IX, Buenos Aires, 1914, pág. 244).

En consecuencia, debió de ocupar la superficie de una manzana, aproxima- damente. Tal fue la extensión del que edificó Juan de Caray al fundar la ciudad de Santa Fe ese mismo año, como lo manifiesta el citado Díaz de Guzmán, con- temporáneo del suceso: “...Y hahiendo tomado la posesión y fechos los requi- sitos della, puso luego por obra un fuerte de tapias del tamaño de una cuadra con sus torreones donde se metió él y su gente” (Op. cit., pág. 242).

(4) Archivo General de Indias, loc. cit., y Archivo Municipal de Córdoba, tomo l, Córdoba, 1882, pág 299.

EL TRASLADO DE CÓRDOBA 107

Las actas de Cabildo relatan con elocuencia el drama de los desam- parados colonos. En la reunión del 12 de febrero de 1575 se prohibe la salida de personas de cualquier calidad, sin licencia de la Justicia, a más de una legua, so pena de multas proporcionadas a la distancia(5). Un mes más tarde, los cabildantes suplican al Gobernador que, encontrán- dose en Santiago muchos vecinos de Córdoba, “no nos haga el agravio de llevarlos a parte ninguna, sino a que sustenten sus vecindades” (6). Y a principios de 1576, con motivo de un pedido de soldados aderezadoz que formulara el teniente Suárez de Figueroa en nombre de Abreu, para descubrir el camino de Cuyo, Tristán de Tejeda, al fundar su voto nega- tivo, manifestaría que “los que quedan son pocos y viejos y enfermos y muchachos y faltos de armas y munición para resistir a los naturales de la tierra si acaso vinieren sobre este Fuerte, lo cual es cierto por estar los naturales tan alborotados como están con gran avilantés, por haber muerto españoles, anaconas y caballos, sin haberse podido castigar por el poco recaudo de gente...”. Hacía pocos días, en efecto, los indios habían llegado hasta las chacras “a matar los anaconas y quemar lo que en ellas tenían los vecinos”(7), y es del caso recordar la audacia de un hermano del cacique Citón, a quien éste mandá penetrara en el Fuerte mismo, como lo hizo, con el propósito de vengarse de Tejeda, que había dado muerte a otro de sus hermanos cuando la conquista de Tohaen(8).

Más expresivos son los conceptos vertidos en la sesión del 13 de octubre de ese año, en que se dijo que “cada día se van los vecinos de esta Ciudad sin licencia a la de Santiago y dejan despoblada esta Ciudad y en tanto riesgo, que las personas que en ella quedan no son bastante para la sustentar por estar como están más de treinta vecinos y enco- menderos de indios de ella, y no quedar en esta Ciudad más que veinte y Cinco vecinos, y casi la mitad viejos, enfermos y desarmados”(9). En consecuencia, se resolvió escribir sendas cartas al Gobernador, a la Real

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(5) Archivo Municipal de Córdoba, t. cit., pág. 182. (6) Ibid., pág. 184.

(7) Ibid., pág. 225.

(8) Información de servicios de Tristán de Tejeda, publicada por RoBerTO LEVILLIER, Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán, Vol. 2, Varsovia, 1930, pág. 350. (9) Archivo Municipal de Córdoba, t. cit., pág. 248.

108 CarLos Luque COLOMBRES

Audiencia de La Plata y al Virrey del Perú. En la primera, fechada ese día, reproducían los cabildantes los mismos términos, aunque rebajando más el número de vecinos: “...y los que están acá son tan pocos que no son veinte y cinco”; agregaban que “a causa de esto no somos parte para poder salir a hacer nuestras chácaras ni guardar los ganados en el campo... y no pudiendo haremos las diligencias que nos convengan y despoblaremos esta Ciudad, porque no nos sirven indios naturales ni ana- conas”(10), En cuanto a las otras cartas, que fueron remitidas por in- termedio del capitán Juan de Garay de paso por Córdoba, fechadas el 17 de octubre, expresaban: “... lo que de presente se ofrece es el dar cuenta de la necesidad y riesgo en que queda este pueblo a causa de sacar el Gobernador y tener consigo parte de los vecinos de él para ir a poblar y conquistar a otras partes, y otros muchos vecinos estarse en Santiago del Estero sin mandarles vengan a sustentar sus vecindades; y nos deja aquí metidos en un fuerte con tanta necesidad y riesgo, que no somos parte para salir a hacer nuestras sementeras ni a conquistar los indios, donde ha tres años y medio que estamos sin podernos poblar en el asiento que tenemos señalado para ciudad; y hémosle suplicado muchas veces nos envie los vecinos de esta Ciudad para ello, y no lo ha proveído, y cada día vamos a menos por esta causa”(11),

A la falta de españoles se sumaba, como se ha visto, la de yanaconas de servicio, que vivían en las chacras y cuyo número debió de ser esca- sísimo desde los primeros años, ya que una providencia suscripta el 12 de junio de 1574 e inserta en el juicio sucesorio de Blas de Rosales, refiere que el ganado de éste se hallaba “sin guarda por haberse ausen- tado desta dicha ciudad un anacona que guardaba el dicho ganado, y porque de presente en esta dicha ciudad no había persona que se hiciese cargo dello”(12). Lo propio cabe señalarse en lo que respecta a esclavos negros. No hay constancias de que en Córdoba los hubiera por entonces en número apreciable, ni figuran incluídos en los prolijos inventarios y

_—_—

(10) Ibid., pág. 249.

(11) /bid., pág. 251.

(12) Archivo Histórico de Córdoba, Sección Judicial, Expedientes, Escribanía 1*, leg. 1, exp. 1.

EL TRASLADO DE CÓRDOBA 109

testamentos de la época; así lo prueban los del citado Rosales (1574), Juan Martín (1578), Juan de Ludueña (1579), Doña Jerónima de Abreu (1579), Antón Berrú (1582), Doña Juana Cortés (1586), Bernabé Mejía

(1589), y las cartas dotales y demás escrituras otorgadas durante los comienzos” (13),

El desamparo y la inseguridad sumió, pues, a los colonos en una postración inhibitoria de toda actividad que fuera más allá de donde podía conducirlos el instinto de conservación en su más elemental grado de expresión. El cultivo de las chacras apenas producía lo indispensable para la subsistencia cuando las plagas de insectos o las invasiones de los naturales no destruían los sembrados. El comercio con las otras ciudades no tenía miras de establecerse, ya que la incomunicación aislaba a la población del trato con mercaderes y menestrales. Llegó a faltar la propia moneda de la tierra —la ropa de algodón—, por lo que las transacciones entre los vecinos exigían la intervención de fiadores para garantizar el pago futuro de los precios estipulados.

Tejeda, al exponer la causa por la cual el título de su encomienda de Soto no figuraba inserto en el registro respectivo, diría años más tarde: “era estando en el Fuerte que hicimos en esta tierra cuando vini-

——

(13) Ibid., passim. El único negro que aparece mencionado, es aquel que fue muerto por los indios de Ongamira, juntamente con Blas de Rosales y Diego de Cáceres, en marzo de 1574 (Información de servicios de Tristán de Tejeda, loc. cit., pág. 350). Por lo demás, la primera escritura relativa a esclavos que se registra en los protocolos notariales del citado Archivo, (27 de abril de 1588), es de fecha muy posterior al traslado de la Ciudad (escr. 1*, leg. 4, f. 10). Entre las ins- trucciones que el Cabildo cordobés dio al procurador Hernán Mejía Miraval con motivo de su viaje a España, fechadas el 6 de diciembre de 1589, figura la de “pedir al Rey Nuestro Señor nos haga merced de algunas licencias de negros para que se repartan a los vecinos y moradores desta Ciudad y significarle el

_ Poco servicio que tenemos de los naturales desta tierra...” (CoLección De Pu- BLICACIONES HISTÓRICAS DE LA BIBLIOTECA DEL CoxcReso ARGENTINO, Goberna- ción del Tucumán, Correspondencia de los Cabildos en el Siglo XVI, Madrid, 1918, pág. 424). Análoga instrucción había llevado a España nueve años atrás, Alonso Gómez de la Cámara: “Pedir que atento a que tenemos el Brasil cerca de aquí, que S. M. nos haga merced a los vecinos de esta Ciudad de darnos li- cencia para que podamos meter negros por tiempo de veinte años sin riesgo ni incurrimiento de pena alguna” (Cabildo del 8 de marzo de 1580, en Archivo Municipal de Córdoba, t. cit., pág. 332).

110 CarLos Luque COLOMBRES

mos a poblar, donde abundábamos más de trabajo y necesidades que de papel, pues llegó tiempo que no se hallaba un pliego por ningún dinero y éste había poco”(14). Y Doña Juana de Abreu, que posaba con su hija como huéspedes de Rosales a principios de 1574, guardaba sus vestidos y objetos de su pertenencia en un arcón del dueño de casa “porque no lo comiesen chiricotes y por no tener caja a do podellos tener, ni en esta Ciudad a do podella comprar”(15).

El desaliento cundió entre los españoles. Expuestos permanentemente a los ataques indígenas, sin armas suficientes y faltos hasta de alimento, sólo confiaban en la ayuda y refuerzos que el Gobernador pudiera pres- tarles desde Santiago. Pero los reclamos eran desoídos. Ni siquiera logra- ron les enviara un sacerdote que administrara los Santos Sacramentos para que “nos confiese, especialmente en este tiempo que agora estamos y la guerra que traemos a la mano” (16).

Conformábanse con este consuelo “que sería remedio de las ánimas”. “Y mire V.S. —agregaban— lo que va en sustentar lo que está ganado, y no descompongamos un santo para componer otro, que hay muchos desabridos en este pueblo y descontentos por lo poco que tienen y el poco remedio que V.S. les da”(17).

La protesta por la carencia de auxilios religiosos terminó con la espontánea venida de Fray Juan de Rivadeneira, quien en julio de 1575 dejó establecido el convento franciscano (18).

Cuando ello ocurrió, el Teniente Berrú, cumpliendo instrucciones de Abreu, acababa de trasladar el rollo al lugar designado por Cabrera para plaza del asiento defintivo de la ciudad (19), razón por la cual los padres se instalaron no en el Fuerte, sino en la cuadra señalada por el Fundador, pues la mudanza de la población se miraba próxima.

(14) Párrafo transcripto por Monseñor PABLO CABRERA, en Córdoba del Tucumán Prehispana y Protohistórica, Córdoba, 1932, pág. 243.

(15) Archivo Histórico de Córdoba, Sec. Jud., Exp., escr. 1?, leg. 1, exp. 1.

(16) Archivo Municipal de Córdoba, t. cit., pág. 184.

(17) Ibid., pág. 186.

(18) Ibid., pág. 200.

(19) Ibid., pág. 51.

EL TRASLADO DE CÓRDOBA 111

Las aludidas instrucciones del Gobernador, en efecto, fechadas el 22 de marzo de ese año, incluían, asimismo, la orden de efectuar un nuevo repartimiento de los solares “en las cuadras de la redonda de la plaza” entre los vecinos presentes, ya que la mayor parte de sus beneficiarios primitivos eran, precisamente, los que se hallaban ausentes (20).